Familias, hijos y castigos físicos | El Nuevo Siglo
Martes, 11 de Junio de 2024

Erradicar los patrones de corrección violenta al interior de los núcleos familiares es, sin duda alguna, uno de los objetivos más difíciles de cumplir por cualquier sociedad en el planeta. Tras muchas generaciones en las que este tipo de castigos físicos fue admitido como un método efectivo para mantener la disciplina, obediencia y buen proceder de los menores de edad en los hogares, ya en la mayoría de los países no se aceptan estas conductas por parte de los padres, adultos responsables y cuidadores.

En Colombia, por ejemplo, desde hace varios años entró en vigencia la llamada ley “anti chancleta” (2089 de 2021) por medio de la cual se prohíbe el uso del castigo físico, los tratos crueles, humillantes o degradantes y cualquier tipo de violencia como método de corrección contra niñas, niños y adolescentes.

La implementación de esta norma, que incluso fue ajustada durante su trámite de revisión constitucional, ha sido muy compleja. Por un lado, porque no se puede negar que hay patrones socioculturales que por muchas décadas y generaciones han considerado aceptable los castigos físicos a los hijos, ya sea mediante una palmada, cinturón o la famosa chancleta.

Sin embargo, pese al agravamiento de castigos penales a quienes incurren en este tipo de agresiones, se ha registrado un aumento de los delitos de violencia intrafamiliar, siendo los menores de edad las víctimas en la mayoría de los casos. A ello debe sumarse que la judicialización de esta clase de infracciones tiene muchos vacíos y pleitos a bordo. Incluso, no pocos expertos consideran que lo más importante no debe ser el actuar de las autoridades después de la agresión, sino la capacidad para intervenir de manera preventiva y eficaz para proteger los derechos de los niños y adolescentes antes de que sean lesionados.

En medio de ese debate, hay informes internacionales que llaman a la reflexión. Por ejemplo, ayer la Unicef indicó que mundialmente seis de cada diez niños menores de cinco años sufren regularmente agresiones psicológicas o castigos físicos en casa. De estos casi 400 millones de menores de cinco años, 330 millones son agredidos por medios físicos.

De acuerdo con la agencia de la ONU, aunque cada vez son más los países que prohíben el castigo físico de los niños en el hogar, casi medio billón de menores de cinco años sigue sin contar con una protección jurídica adecuada. A ello se suma que algo más de una de cada cuatro madres y cuidadores primarios manifestaron que el castigo físico es necesario para criar a los niños. Como se ve, el cambio de los patrones socioculturales está a medio camino todavía.