VÍCTOR CORCOBA HERRERO* | El Nuevo Siglo
Lunes, 2 de Junio de 2014

EN EL RECUERDO

Gabriel García Márquez

A  veces pienso que sólo nos crecemos mediante el recuerdo. Personalmente, suelo acudir con frecuencia al místico perfume del paraíso del alma a saborear lo vivido, quizás para adentrarme con nuevo empuje en lo que me queda por vivir. Lo fundamental es renacerse cada día. Lo decía muy claro, este clarividente escritor, de nombre Gabriel García Márquez: "los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez".

En este sentido, el iluminado García Márquez fue un personaje de hondura, que describió la naturaleza corrupta como pocos, el contexto de los hechos violentos, los rasgos culturales de la especie, hasta inventarse la aldea de Macondo condicionada a diversas circunstancias como resultado del lenguaje ó del mismo nudo de la soledad que impregna la totalidad de su obra, que nos vuelve irreconocibles y solitarios. Considero que sus palabras tienen especial significado hoy para los ciudadanos de todo el mundo. Por eso, aplaudo, que Naciones Unidas le rinda tributo (5 de junio) a un hombre de pensamiento claro, que no sólo supo hablar hondo, también descifró los tiempos venideros, sabiendo injertar literariamente la emoción del cambio.

Debido a lo mucho que nos une, pero también hay mucho que nos separa, tiene que fortalecerse y revivirse el hermanamiento cada día, aunque sólo sea para conocerse mejor y así poder respetarnos más. Sin duda, la perdurable obra de García Márquez nos insta a profundizar en las múltiples situaciones a través del mágico diálogo de la palabra, para reencontrarnos con la misteriosa existencia en sus afanes y desvelos, con personajes sacados de la vida misma o imaginarios, pero siempre dispuestos a dejarnos interpelar, porque para él lo fundamental de una novela es "que mueva al lector por su contenido político y social, y al mismo tiempo por su poder para penetrar en la realidad y exponer su otra cara".

Indudablemente, la imaginación que jamás puede ser aprisionada, como el ensueño de nuestros interiores que todos llevamos consigo, es lo que nos permite caminar. García Márquez pensaba en una "nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la Tierra". Realmente, pienso, que tenemos que obligarnos para poder abrazar ese horizonte utópico, donde el ambiente armónico perdure para todos, como también va a permanecer el deletreo de historias como las del novelista, homenajeado asimismo en la 73 edición de la Feria del libro de Madrid, de la mejor manera que se puede hacer, leyendo sus Cien años de soledad (8 de junio), una ficción de una familia a lo largo de varias generaciones en el pueblo ficticio de Macondo.

García Márquezse ha ido de este cauce visible, pero el recuerdo lo ha inmortalizado. Sus historias son tan actuales, que llegan a confundirse con las mejores crónicas escritas recientemente, cautivadas con la claridad de un privilegiado poeta fascinado por la palabra. Ha sido un expedicionario de la veracidad, con él la literatura trazó mundos posibles, rutas apasionantes, yo mismo lo descubrí como un sueño y lo digerí como un referente.

Para Gabo (déjenme llamarle como lo hacen sus amigos, aunque yo fuese sólo un lector anónimo)  hay una cuestión de honor intelectual para sobrellevar el ayer: "La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado". Efectivamente, en el prólogo de ese remoto literario está el futuro que nos espera. Releerlo siempre es saludable, sobre todo para otro mañana que tiene mucho que ver con el deseo del autor de Cien años de soledad, capaz de proyectar lúcidamente un mundo diverso, bajo la sombra de un realismo mágico.

corcoba@telefonica.net

*Escritor