RAFAEL DE BRIGARD, PBRO. | El Nuevo Siglo
Domingo, 13 de Octubre de 2013

Sigan así

 

Que los presidentes de las compañías se ganan 60 millones mensuales en promedio, que el Presidente les aumenta 8 millones el sueldo a los congresistas, que los magistrados se jubilan con 20 o más millones, que los bancos se ganan billones de pesos, que algunos futbolistas se ponen hasta 70 millones de pesos al mes, que los cantantes famosos nacionales se ganan una millonada por cada subida al escenario, etc. Todo esto es el mejor caldo de cultivo para el resentimiento que hay entre amplios sectores de la población colombiana. Y todavía hay quien pregunta que por qué en las marchas hay vandalismo y acciones típicas de odio y dolor social.

Creo que debe existir un pudor económico que se traduzca en respeto y sentido social. No se trata de regodearse en la pobreza y estigmatizar la riqueza. Todos estos anuncios de los millones que se embolsillan unos pocos colombianos producen escozor y muchas preguntas. Lo han dicho de mil maneras los analistas que se supone saben de economía: hay que distribuir mejor.

Acaba de publicarse un informe que afirma que Bogotá es de las ciudades más desiguales del continente. Y no hay que ser genio para darse cuenta de esto. Hay muy pocos con demasiado y muchos con muy poquito. No sé por qué esta situación lo lleva a uno a pensar en aquel estado profundo de injusticia que se vivía en las vísperas de la Revolución Francesa de 1789. Unos estamentos tapados en oro y la gran masa poblacional sin siquiera el pan de cada día. Y entonces todo ardió y las cabezas rodaron sin contemplación.

En algún momento, a las buenas o a las malas, los poderosos y ricos de Colombia tendrán que caer en la cuenta de que hay que cambiar el estado de las cosas radicalmente. Hay mucho dinero y muchos medios que deberían y podrían estar en manos de más colombianos bien sea en efectivo, en instituciones sociales de salud y educación, en atención de la población mayor, en infraestructura de servicios públicos y muchas otras cosas que pide la elemental justicia de cualquier sociedad cristiana, libre, democrática.

Dejemos simplemente constancia de que con acciones como el reciente aumento de sueldo a los congresistas lo que hace el Presidente de la República es picar un toro -la gente del común- que hace rato quiere encender la Plaza de Bolívar. No nos digamos mentiras.