MONSEÑOR LIBARDO RAMÍREZ GÓMEZ* | El Nuevo Siglo
Domingo, 13 de Abril de 2014

Drama inigualado de amor

 

Sobre la palabra “amor”será, ciertamente, sobre lo que más se habrá escrito en toda la literatura humana. “Nadie ama tanto como quien da su vida por una persona amada”, nos dice el Libro Santo (Jn. 15,13), y morir por quien  se ha comportado como enemigo de uno es acto supremo y heroico, agrega el Apóstol (Rom. 5,10). Muy saludable acercarnos al menos una vez al año, en Semana Santa, con admiración y gratitud al Jesús del Calvario, que no solo enuncia ese comprometedor y confortante programa de amor ilímite, sino que lo vive en forma inigualada. Es Él quien muere perdonando a los mismos que lo matan (Lc. 23,34), muere por quienes lo afrentan con los mas graves pecados, (Fil. 2,8). Es este baño saludable que propicia enrutar la existencia por camino seguro, que es parte del gozo de conocer y vivir el Evangelio, de que nos habla el Papa Francisco.

En torno del amor se han escrito las mas tiernas novelas y dramas, como Romeo y Julieta, o Efraín y María, o Lucía y Lorenzo, o todo el inspirado libro del Cantar de los Cantares. En este encantador libro la sabiduría divina quiere mostrar el infinito amor de Dios a través de los más expresivos y sensibles gestos del amor humano bendecidos por Dios cuando son enrutados dentro de los planes divinos. Está bien esa limpia exaltación del amor, esta presentación positiva del amor y del sexo, en debida educación en el amor y para el amor que libraría a nuestra sociedad cristiana de tanto vergonzoso desenfreno. Es algo que debiera pregonarse, orgullosamente, de un amor así vivido entre respetuosos observantes de principios religiosos y morales. Este sí es el mejor antídoto ante esos desbordamientos que lamentablemente se inician entre adolescentes cuando solo se los amaestra en evitar embarazos con baratos anticonceptivos, o mostrándoles como lícito el crimen del recurso al aborto.     

Es que en esos aspectos de un vivido cristianismo, qué precioso contribuir a la humanidad desde los principios y testimonios cristianos, que también entran en ese “aporte firme y esperanzador” del que he hablado en recientes comentarios, con aplicación a la manera de construir la paz. Es que solo rechazando el odio y los hechos violentos contra nuestros semejantes, comenzando por los más indefensos como los niños en el vientre materno, estaremos construyendo una sociedad respetable y sólida, con reinado en ella de la justicia y la paz.

Jesucristo Nuestro Señor habló con tanta claridad a la humanidad de todos los tiempos. Desde su ser microscópico, en lo humano, en el vientre materno, esta enseñando a “hacer la voluntad del Padre celestial” (Hebr. 10,9), y cuando enseña a sus mismos padres terrenos en hacerlo todo “ocupándose en las cosas de su Padre” (Lc. 2,49). Fue Él quien señaló como máximo mandamiento el amor a Dios y al prójimo (Lc. 10,27), quien bendijo y premió con milagro el puro amor de unos recién casados  y la iniciación de una familia digna (Jn. 2,1-12). Mostró, también, llave para entrar al cielo: la misericordia y el amor con los más necesitados (Mt. 25,31-46).

Es Jesucristo quien vivió y realizo, con grandeza, su presencia en medio de la familia humana, en un “drama inigualado de amor”, teniendo, desde su testimonio toda autoridad para proclamar y exigir actitudes de dedicación a los hermanos, y de perdón hasta el heroísmo (Mt.5,44).Repasar ese pregón vivencial del divino Redentor, en una Semana Santa, no desperdiciada en superficiales recreaciones o pecaminosas bacanales.  Qué bien aprovechar estos días en beneficiosas reflexiones que hemos detallado, con gratitud a Quien se ofrece en sacrificio por nosotros, y nos señala pasos impregnados de fe religiosa, con valor infinito y exquisitos sabores de eternidad.

monlibardoramirez@hotmail.com

*Presidente del Tribunal Ecco. Nacional