María Clara Ospina | El Nuevo Siglo
Miércoles, 27 de Abril de 2016

HILANDO FINO

Dos Nobel en Bogotá

 

SVETLANA Aleksievich, Nobel de Literatura (2015), y Jody Williams, Nobel de Paz (1997), se encuentran en la Feria del Libro de Bogotá. Estas mujeres, dedicadas a atacar la violencia en todas sus formas, nos visitan en un momento crucial para Colombia. Hoy el Gobierno está a portas de firmar un acuerdo de paz, criticado por muchos por conceder demasiadas prerrogativas a las Farc, favorecer la impunidad y haberse negociado de espaldas al pueblo.

 

De ahí la importancia de oírlas y leer sus escritos. Sus experiencias, sin duda, pueden contribuir a que la paz que se firme sea real, justa y duradera.

 

Se lee a Aleksievich, con el corazón adolorido, horrorizado. Cada entrevista, cada sentimiento allí descrito, nos desvela. En su libro, La guerra no tiene rostro femenino, oímos a mujeres aborrecer la guerra, los crímenes y la violencia que debieron ejecutar como soldados del frente ruso, durante la II Guerra Mundial. Una visión muy diferente a la de los hombres, sus compañeros de lucha.

 

En Los chicos del zinc, son las madres y esposas de los soldados, cuyos cuerpos regresan en ataúdes de zinc, las que nos hablan. Su dolor no encuentra reparación, ni sentido. La violencia de la guerra es para ellas, como debería ser para todos, un monstruo abominable.

 

Pero quizá el libro que nos deja la mayor huella es Voces de  Chernóbil, en el hablan quienes presenciaron la explosión de uno de los reactores de la planta nuclear. Para la Nobel es especialmente doloroso, pues el accidente nuclear casi acaba con Bielorrusia, el país al que ama. Hoy, 30 años después de la explosión, Bielorrusia está aún, en gran parte, envenenado por la radiación.

 

Por sus palabras comprendemos las consecuencias para la humanidad de tal catástrofe. Entendemos lo que ella llama la nueva violencia que el mundo enfrenta. Una violencia mucho peor que la guerra, donde nadie ni nada sobrevive. Muere el ser humano y todo su entorno, animales domésticos y silvestres, hasta los pájaros, las moscas y los gusanos. Se envenena la tierra, el agua, el aire, todo queda contaminado por generaciones. Entonces comprendemos, que de no limitarse y controlarse el poder nuclear, no solo el de las armas, sino también el “bueno”, el que produce energía, este poder destruirá la tierra. Es indispensable un cambio en el pensamiento humano para su supervivencia.

 

Jody Williams también ataca la violencia y reclama un cambio de actitud y pensamiento. Su misión ha sido lograr prohibir las minas antipersonas. Hoy, la fundación que encabeza agrupa 1.300 organizaciones en 95 países.

 

Aterra saber que hay 100 millones de minas sembradas en 75 países y más de 20 mil personas mutiladas por ellas, en su mayoría civiles. Colocar una mina cuesta menos de 3 dólares, desenterrarla cerca de 800. Pese a estas cifras, William asegura que su limpieza es posible; ya algunos países lo han logrado.

 

Refiriéndose a la paz en Colombia, conceptúa: “La paz no llega solamente porque tengamos una visión de ella. Viene cuando un pueblo decide hacer el trabajo necesario para establecerla”, y continúa: “Es mejor que se demore hasta tener unos acuerdos aceptables a todos los involucrados en las negociaciones, en lugar de firmar algo solamente por firmar”.

 

Ambas Nobel hablan de lograr una paz sostenible, justa, con equidad y sin impunidad. Su seriedad y prudencia es ejemplar. Colombia se enriquece con su visita.