MARÍA ANDREA NIETO ROMERO | El Nuevo Siglo
Lunes, 12 de Mayo de 2014

Tarea Difícil 
Imaginar la paz

En  realidad tratar de imaginar una sociedad en paz que durante 50 años ha vivido en guerra es ejercicio retador.
Esa reflexión es la tarea que el presidente-candidato Juan Manuel Santos nos está invitando a realizar como eje fundamental de su reelección.
La tarea no es fácil, porque en los corazones de los colombianos hay una trinchera de odio, resentimiento y prevención. Y es natural que estos sean los sentimientos, en la medida en que no ha habido un solo día de paz en los últimos 50 años.
La paz es un estado colectivo de tranquilidad que se construye a través del equilibrio emocional que aporta cada individuo a la sociedad. Pero cuando el colectivo vibra a través del odio, la consecuencia lógica es la guerra. Contrario ocurre cuando la sociedad en conjunto busca una alternativa y se compromete con la paz. Ya sucedió una vez, en 1998 cuando el expresidente Andrés Pastrana fue elegido con la esperanza de negociar un acuerdo cuyo final todos conocemos. La situación de 2014 difiere de la del pasado y tal vez la decisión de elegir el camino de la paz en este momento sea mucho más racional que la emocional de ese entonces, entre otras razones porque hemos madurado como sociedad a punta de dolor y muerte.
Dejar el conflicto armado significarán más de 15 billones de pesos en cada cuatrienio, dinero que en lugar de ser malgastado en fusiles y municiones, se puede invertir en colegios, hospitales y carreteras. Pero la ignorancia nos gana. Como no sabemos qué es vivir en paz, nos da miedo arriesgarnos y preferimos quedarnos en lo que conocemos, lo que nos es familiar, o sea la guerra. Y por absurdo que parezca preferimos tambores de muerte al riesgo del perdón.
Sabemos cómo matarnos y odiarnos, pero no tenemos la más remota idea de cómo convivir en la diferencia y tolerarnos. Y es obvio que la tarea se dificulta mucho más cuando en todo este panorama de transición hay gritos ensordecedores que inoculan miedo y violencia. Al final, apoyar el proceso y construcción de paz será una responsabilidad no tanto para nosotros los adultos, sino para los niños de un país que aún no tienen en su vocabulario la palabra "guerrilla". Palabra que no debería existir más que como referencia de un mal recuerdo de nuestra historia. ¿Se lo imaginan?