JUAN ÁLVARO CASTELLANOS | El Nuevo Siglo
Jueves, 11 de Septiembre de 2014

Televisión obsesiva

 

No hay escasez de temas ni preferencia de audiencia por las historias del  narcotráfico, sino afán de productores, por hacer espectacularidad barata con lo violento, para no romperse la cabeza, recurriendo a la creatividad, con contenidos diferentes, a la guerra de las drogas y su oscuro mundo social.  Encontraron algo fácil de contar y realizar, con menos inversión, bajo el supuesto principio, repetido hace varios años, “eso es lo que vende,” como sostienen realizadores de los dos canales particulares.   

Los expertos en mercadeo argumentarán que en los índices de sintonía se refleja el gusto de los televidentes. Y no se equivocan, esa masa de audiencia, se ha pasado a la televisión internacional a través de cable y satélite, emitidos por empresas ampliamente conocidas y con suscriptores en crecimiento.

En consecuencia a los dos particulares, cada vez más, se les aleja el auditorio. Los perdedores son los ciudadanos que no tienen acceso a ofertas de prestigio, y aún así, el más modesto cableoperador baja señales del exterior con toda clase de programación.

Hacen mucha falta en la televisión colombiana, los pioneros de empresa privada como RTI y Punch, que con esfuerzo, hicieron dramatizados creativos y con propiedad en el contenido de historias. No dejaron de lado, humor, periodismo crítico y  grandes series que, en buena hora, repite algunos días el canal Señal Colombia -en celebración de  60 años, de la televisión Nacional-. Ahora despertó sintonía con el ciclismo de  colombianos en Europa.  

Cuánto más series del narcotráfico y sus novias sean llevadas a la pantalla por los particulares, más ofenden a los televidentes. Es como si  dijeran -  diviértanse con crimen y dolor-. En contraste abundan contenidos, como para  ser llevados al público, con relatos reales, humorísticos  y hasta de fantasmas, como el de un hombre que murió hace varios años en una casona de un barrio en el norte de Bogotá, y todavía llama a un restaurante para pedir pollo, papa y gaseosa. Al domicilio, nunca le abren la puerta. Nadie vive en la casa. Sin embargo, probaron que no es broma telefónica.  

Otro guion sería, sobre un ejecutivo que en reciente asamblea empresarial en Cartagena, recibió el saludo de un amigo, fallecido hace 20 años, exalcalde en un municipio de Cundinamarca. Intercambiaron  saludo y reconocimiento de sus nombres. En medio del asombro del empresario, el fantasma se despidió y desapareció. Así hay otros temas para llevar a escena.

Si invierten y abren un concurso nacional, darían vuelco a los  dramatizados, en lugar de hacer televisión obsesiva, por el mundo ´traqueto´ que les apasiona.