GUILLERMO LEÓN ESCOBAR | El Nuevo Siglo
Martes, 11 de Marzo de 2014

Diplomados, doctores y profesores

 

Dicen  de una campesina colombiana que habiendo visitado la ciudad regresó con la firme decisión de inscribir en el registro civil a su hijo de pocas semanas de nacido. En efecto lo registró con el nombre de “Doctor” que le había parecido sonoro y bastante común.

Por eso mismo no se entiende que se diga que en  Colombia faltan los doctores y que la gente entienda si se sabe que este es un país de doctores. Aquí se toman los títulos por asalto y basta una corbata y zapatos lustrados para que se endilgue a cualquier individuo -varón o fémina- el título de doctor o de doctora.

Y así se cumple la fantochada de los “doctores” que viajan a hacer el magíster y el doctorado y regresan por lo común  apenas como  “candidatos a doctor” denominación que tiene una vigencia máxima de cinco años. Y no se diga de aquellos que van a una universidad norteamericana y regresan “graduados” seis meses después sin haber realizado absolutamente nada.

Aquí se “doctora” a cualquiera aun yendo contra la lógica que afirma que los títulos básicos son aquellos de abogado, ingeniero, contador, filósofo, médico, teólogo o licenciado para el educador.

De esa manera nos resulta que los ministros son todos doctores y los presidentes lo son también. Qué pasaría si se aplicara el rigor de ciertas sociedades que no soportan la más ligera falsedad en los títulos universitarios. Todavía recuerdo cuando se obligaba a los pocos doctores que regresaban a validar doctorados en un país que por entonces no los tenía.

Pero hay algo más y es que con excepción de  los “diplomados” de algunas universidades muy serias  la mayoría de esos programas así denominados han sido un invento para “financiar” a unas universidades que requieren de mayores recursos para otros programas esos sí serios. Entonces las hojas de vida se llenan de diplomados más diplomados y la calidad académica de quienes con esos títulos se adornan.

De igual manera se permitió el desprestigio del título de “Maestro” reservado para aquellos que han asumido la tarea de enseñar como misión y no como tarea. Y ahora se ha tomado el título de “profesor” por asalto, olvidando que llegar a serlo -en los países con verdadera vida universitaria o en instituciones como la Universidad Nacional de Colombia- es tarea por demás difícil que corona la actividad docente y científica. Pero entre nosotros existen quienes no satisfechos por tomar por asalto el título de “Doctor” viajaron al exterior y se dieron cuenta del prestigio del título de “Profesor” y lo incorporaron a sus tarjetas de visita. (No digamos nada porque el entrenador, el director técnico del equipo de fútbol ya es “profesor“).

Vergüenza ajena la de aquel que comenzaba a dar clases y cuando llegó un profesor de altos quilates de Francia le entregó su tarjeta de “profesor Universitario” de veintiún años  y pedía su favor para viajar a realizar su magíster en el país de los galos. ¡Nada qué hacer!

guilloescobar@yahoo.com