GENERAL (r) LUIS ERNESTO GILIBERT VARGAS | El Nuevo Siglo
Miércoles, 22 de Enero de 2014

Aspecto de la Plaza de Bolívar

 

En  todos los países del mundo existen lugares y rincones emblemáticos. Colombia no es la  excepción,  pues cuenta con  innumerables sitios, exóticos unos, misterioso otros, pintorescos  los que menos,  sin  olvidar los históricos, que deben ser venerados, respetados y  mantenidos, por ser  en nuestro caso, hitos fieles de toda una valentía libertadora. Entre estos lugares tenemos las plazas centrales de varias ciudades del país, mudos testigos de particulares  tradiciones, que todo visitante,  nacional o extranjero, teniendo en cuenta su  importancia histórica quiere conocer, y partiendo  de esa experiencia  construye su  concepto del país, afirmado en el  talante de seguridad y atención que recibe de los pobladores; el mantenimiento, pulcritud, protección,  consideración a las necesidades del invitado, corren bajo la responsabilidad de las autoridades municipales encabezadas por el Alcalde.

Sustentados en estos conceptos  nos parece preocupante lo que hoy sucede con la tradicional Plaza de Bolívar de Bogotá, conocida entre  los antepasados como la plaza mayor. La ciudad capital por estas calendas sufre un debate desgastador, generado por situaciones conocidas  que han  convertido  la Plaza de Bolívar en escenario de protestas y  manifestaciones de toda índole, pregonando respaldo al alcalde Gustavo  Petro  quien  enfrenta un fallo de destitución proferido por el Procurador General de la Nación.  

El responsable del cuidado y conservación de  este escenario, como se viene sosteniendo, es el señor Alcalde Mayor. Sin embargo es él quien invita y promueve los actos llevados a cabo  los últimos días en nuestra admirable plaza. Los que hemos tenido la oportunidad de asistir al lugar podemos dar fe del espectáculo ofrecido por las personas asentadas en el sitio. Quiero invitarlos  a observar la triste situación y el espectáculo brindado por los  individuos establecidos en el perímetro cívico. Permítanme hacer una descripción general con el ánimo de darles una idea de la problemática; En la Plaza de Bolívar se encuentran instaladas una serie de carpas ocupadas por seguidores de la protesta, no tengo la capacidad para aproximar el número de asistentes por ser gentes itinerantes, es decir se turnan para tener permanente presencia,  pero si les puedo asegurar que allí cocinan y se alimentan,  actividades  preocupantes, vistas desde el punto sanitario. Entenderán mis respetables lectores que el aspecto de la emblemática zona es deprimente.

A lo anterior debemos agregar, para aumentar los males, la presencia de  habitantes de la calle que -por lógica- se suman al movimiento aportando, además, la posibilidad de ofrecer sustancias alucinógenas o estupefacientes. Ante semejante espectáculo sólo me falta sumar la agresividad, a flor de piel, exhibida por los asistentes. ¡Imagínense lo deprimente del espectáculo!. Me resta implorar al señor Alcalde que direccione sus protestas sin invadir los escenarios de forma permanente.