La Capilla del Humilladero
Hace cuatrocientos setenta y seis años, el 6 de agosto de 1538, se terminó la construcción de la Capilla del Humilladero, una construcción en bareque, localizada en el actual Parque de Santander, iglesia demolida el 20 de abril de 1887, de un plumazo, por orden de la Cámara de Representantes, que alegó su ruina para echarla al suelo. Más tarde y en ello este columnista alguna participación tuvo, fue reconstruida, gracias al empeño del doctor Eduardo Mendoza Varela y otros entusiastas de La Candelaria; se localizó en la Plaza del Chorro de Quevedo y ahí está todavía.
Pero no se trata de hacer historia de la arquitectura de la antigua Bogotá, más bien de evocar otra versión de esa capilla, la vulgar. Se llamaba así a un café visitado asiduamente por aspirantes a ingresar al poder judicial. Estaba en el primer piso del edificio donde funcionaba el Tribunal del Distrito Judicial y el cual, naturalmente, solían los magistrados frecuentar para tomar tinto y atender ahí a su arrodillada clientela
¿Cuál clientela? Pues la de los aspirantes. No existía la carrera judicial; la designación la hacían los tribunales a partir de las recomendaciones que nacían en la Corte y en el Congreso, de manera que había una cadena o cuerda de conexiones que le permitía a cada uno de los Honorables de la Suprema contar con una gran clientela, pues así como los candidatos tenían que intrigar ante los magistrados del Tribunal de Bogotá, igual ocurría en los demás distritos judiciales. Difícil era ingresar a la rama judicial si no se agotaba ese vía crucis. Esa dependencia, entonces, se reflejaba también en los procesos recomendados desde arriba y así funcionó el sistema hasta cuando se implantó la carrera judicial.
El ensayo partió del procurador Carlos Jiménez Gómez y se aplicó a la elección de fiscales, concretamente en 1985. Una democratización interna del Ministerio Publico. El ejemplo cundió y siendo ministro de Justicia Eduardo Suescún Monroy, en ejercicio de facultades extraordinarias, se expidió el Decreto 0052/87, con el cual empezó la demolición de la humillación de la Capilla.
La Constitución del 91 creó el Consejo Superior de la Judicatura en remplazo del Consejo Superior de la Administración de Justicia y es esta corporación la encargada de indicar los candidatos a las plazas de jueces y magistrados, previo un proceso de selección acerca del cual se tejen muchas dudas.
Ahora, con motivo del debate que a la rama judicial se propone, hay quienes insisten en reformar las reglas e innovar otro procedimiento para la escogencia de todos los jueces, incluidos los de las cortes. No será fácil encontrar la solución. La carrera judicial debe asegurarse, pero de ninguna manera se pueden escriturar los cargos, pues si no se hacen evaluaciones periódicas se genera una despótica administración de parte de quienes después de nombrados se echan con las petacas y delegan todo a sus subalternos.