Detrás del antifaz | El Nuevo Siglo
Martes, 2 de Enero de 2024

Tras medio centenar de libros leídos, entre los que hubo un popurrí de ganadores del Nobel de Literatura, del Booker Prize inglés, del National Book Award americano y hasta del Akutagawa japonés, es hora de hablar de ese título en particular que elevó mi experiencia lectora hasta el grado sumo de la satisfacción literaria.

Con menciones especiales a ilustres finalistas como “Las Tempestálidas” de Gueorgui Gospodínov, “The Heat Will Kill You First” de Jeff Goodell y “El Otro Nombre: Septología I” de Jon Fosse, por favor démosle una calurosa bienvenida al libro que se convirtió en mi contundente favorito de 2023: ¡El ganador del Pulitzer de 2001, “Las Asombrosas Aventuras de Kavalier y Clay” del incomprendidamente polifacético Michael Chabon! *Aplausos*

Partimos de un personaje tremendamente entrañable, un chico soñador llamado Joe Kavalier, quien viajando como polizón en la caja donde se oculta el legendario Gólem de Praga, en un intento por mantenerlo a salvo de los saqueadores Nazis, abandona su país dando tumbos por el mundo hasta que aterriza en Nueva York. Allí conocerá a su primo, el inquieto Sam Clay, y juntos darán vida a “El Escapista”, un superhéroe de historietas inspirado en el escurridizo Harry Houdini que fascículo tras fascículo golpeará a Hitler en la cara mientras pelea junto a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Con cada trazo, Kavalier pretende recolectar suficiente dinero para traer a su familia lejos del conflicto que azota a Chequia.

Un brutal manuscrito de más de 700 páginas que se lee con pasmosa familiaridad por los tiempos turbulentos que atravesamos y con el que Chabon no sólo edificó la más sentida carta de amor a la Edad Dorada de los Cómics (con cameo de Stan Lee incluido), sino que nos regaló una obra maestra que se cuela por méritos propios en el panteón quimérico de candidatos a la “Gran Novela Americana” moderna, junto a titanes como Philip Roth, Paul Auster, Jonathan Franzen o David Foster Wallace. Un texto fabuloso que destila los ideales del sueño americano en cada línea y que, con el exquisito acompañamiento de la tradición judía como trasfondo, componente recurrente en las obras de Chabon, abre una ventana para otear una realidad que, de otra forma, nos sería ajena.

De esta manera, a través de dos primos unidos por la guerra que a fuerza de dibujar “¡Pows!”, “¡Bangs!” y “Ka-Booms!” levantan un emporio de tinta y papel, mientras con el corazón dividido ponen su grano de arena hacia la victoria luchando la batalla cultural en los quioscos con su avatar de “El Escapista”, Chabon alimenta el mito gringo del self-made man y nos obliga a reflexionar (muy oportunamente) sobre la insignificancia ante la hecatombe bélica y la reconsideración del valor del dinero cuando con éste no alcanza para comprar la libertad de nuestros seres queridos.

A la larga, detrás del antifaz social que nos ponemos para encarnar al superhéroe de nuestra propia historieta, en la pugna cotidiana por las causas de cada uno, todos somos vulnerables a nuestras kryptonitas personales. Chabon lo sabe y así nos lo recuerda.

fuad.chacon@outlook.com