Fuerzas Especiales, los marines colombianos

Las imágenes de hombres armados hasta los dientes que emergen sorpresiva y cautelosamente de las aguas han sido vistas por millones de personas alrededor del planeta a través de la multiplicidad de películas hechas sobre los famosos marines estadounidenses.

Sin embargo, ajenos cual más a esa ficción propia de los filmes, en Colombia esas imágenes de hombres que en el agua, las costas oceánicas o las riberas de ríos lo arriesgan todo por cumplir su misión se repiten día tras día, pero no como una puesta en escena, sino en la vida real.

Hoy por hoy las Fuerzas Especiales de la Infantería de Marina de la Armada Nacional están consideradas como uno de los cuerpos de asalto, rescate y combate más eficientes del continente. Son múltiples las operaciones en los ámbitos marítimo y marítimo-terrestre e incluso de asalto aéreo que han realizado con éxito para neutralizar o abatir guerrilleros, narcotraficantes, paramilitares, jefes de Bacrim y delincuentes de distinto tipo.

Según el comandante del Comando de Fuerzas Especiales Navales, coronel  Jhon Martin Beltrán, cada operación utiliza tácticas, técnicas y procedimientos diferentes con el poder y habilidad que adquiere cada uno de los comandos tras el exigente entrenamiento que recibe en todas las especialidades.

Y no es para menos, dada la complejidad de la misión institucional. La Infantería de Marina es un cuerpo de tropa de la Armada Nacional que actualmente tiene asignados la custodia de 40 mil kilómetros cuadrados de tierra y hace presencia en 8.865 kilómetros de ríos navegables a todo lo largo y ancho del territorio nacional. Sus equipos de Fuerzas Especiales son entrenados para enfrentar las más diversas amenazas y su nivel es élite en la clasificación mundial.

 

El entrenamiento

 

De allí que la selección del recurso humano sea tan exigente. “No todos los infantes, suboficiales y oficiales pueden ser Fuerzas Especiales… Se debe contar con hombres a toda prueba y que su moral sea inquebrantable”, sostiene el coronel.

Explica que el proceso de selección inicia con un examen psicológico para establecer el perfil del aspirante. “Si pasa esa prueba, entonces ingresa al curso para llegar al escalafón de hombres especiales para operaciones especiales”, precisó.

Como estos grupos operan en unidades reducidas pero altamente especializadas, sus integrantes deben estar preparados para afrontar las más diversas situaciones dentro del conflicto armado. Cada uno tiene una especialidad concreta: navegador, armas y francotirador, manejo de explosivos y destrucciones, transmisiones y sanidad.

El entrenamiento es completo en técnicas de combate, paracaidismo militar y de salto libre así como buceo. Es decir, se alista para operaciones aerotransportadas, terrestres y marítimas especiales. Además, se debe contar con cinco niveles de artes marciales y los cinco niveles de  supervivencia de combate en el agua; cursos de tiro con fusil y pistola, combate en el agua y superar un curso de Fuerzas Especiales navales-terrestres.

“Es un año de continuo trabajo, sin descanso, para llegar a ser comando, claro cumpliendo todos los perfiles requeridos: el psicológico, el físico e intelectual elevados, necesarios por las características de las misiones a las que se deben enfrentar...”, explicó Beltrán.

Según el oficial, tras el exigente entrenamiento se busca que cada unidad, integrada por cuatro, cinco, seis u ocho comandos, pueda permanecer inadvertida dentro de un área de operaciones, pues solo así puede ser exitosa en una misión de espionaje, ubicación de un objetivo o ataque sorpresivo a un objetivo de alto valor.

“Siempre escogemos a los mejores hombres de cada curso de infantes, de suboficiales y de oficiales. En cada caso la selección es diferente y exigente”, acotó.

Cada comando, por ejemplo, debe pasar el curso de buzo táctico, que es muy exigente, porque su misión es hacer infiltraciones  por mar, lagos y ríos. Debe estar en capacidad de hacer recorridos de hasta doce kilómetros en una operación sin ser detectado. Incluso hacer recorridos más largos transportando equipos especiales.

En cuanto al curso de combate, lo que se busca es reproducir la tensión de la guerra para así formar líderes y hombres con carácter, resistencia y capaces de superar esfuerzos físicos y mentales de alta complejidad.

En estos equipos de Fuerzas Especiales se cuenta con francotiradores que deben estar en capacidad de acertar y abatir un blanco u objetivo de alto valor aun en las peores condiciones. El tiro debe ser perfecto y en fracción de segundos.

El francotirador debe ser experto en tareas de camuflaje. Generalmente  utiliza uno o dos proyectiles por cada blanco y se retira sin ser visto en forma silenciosa tras batir el objetivo. Deben tener la capacidad de estimar el alcance, el viento, la elevación y cualquier otro factor importante que pueda alterar el disparo, pues su intervención debe ser exitosa. También cumplen tareas de reconocimiento y vigilancia.

“En estas unidades de Fuerzas Especiales contamos con un tirador de precisión, un tirador de élite o tirador táctico. La  meta de un francotirador es reducir la capacidad de lucha del enemigo abatiendo objetivos de alto valor. En muchos casos el francotirador cuenta con un observador”, indicó el coronel.

Los francotiradores son útiles como fuego de apoyo para cubrir el movimiento de una tropa o una pequeña fuerza especial.

 

Blindaje mental

 

Como se dijo, los comandos se deben esforzar al máximo para aprender el arte de mantenerse tranquilos en condiciones adversas, aun bajo el agua.

De allí la importancia de trabajar el aspecto psicológico de los hombres que integran las Fuerzas Especiales para que puedan superar barreras de estrés mental y físico; lograr sacar avante misiones de escape y evasión; no perder la orientación en largas distancias; salir airosos en combate mano a mano, con armas y afrontar emergencias, entre ellas las médicas.

“Siempre los entrenamientos son exigentes y duros para evitar que la moral se quebrante. En el caso de pruebas de rescate en aguas hostiles, el combatiente debe salir airoso y en operaciones en botes en condiciones extremas, debe salir fortalecido para enfrentar con todas las capacidades de combate al terrorismo marítimo y la piratería”, explicó el coronel.

La idea es que una pequeña unidad pueda no sólo llevar a cabo misiones de reconocimiento y vigilancia especial, sino de acción directa sobre el enemigo, reconocimiento hidrográfico, demoliciones submarinas y misiones de combate en ambiente marítimo. Igualmente tienen que estar en capacidad de abordar cualquier tipo de objetivo hostil o hacer Inteligencia para adquirir información específica, precisa y oportuna de relevancia estratégica, operacional o táctica.

“En muchas operaciones de alto valor estratégico para el Gobierno nacional y las Fuerzas Armadas, las Fuerzas Especiales de la Infantería estuvieron trabajando, entre ellas los ataques contra  algunos cabecillas de las guerrillas y el terrorismo”, recordó el coronel.

De allí que estos hombres también reciban preparación y entrenamiento en plegado y preparación de cargas explosivas, cursos tácticos, guías tácticas, en fuego naval, inteligencia táctica y de embarcaciones ligeras de asalto.

Las Fuerzas Especiales cuentan con armamento de alta calidad y variedad, de “reputado” comportamiento sobre el terreno. Llevan los más modernos sistemas de iluminación, puntería, comunicación y GPS.

Según Beltrán, de acuerdo con la naturaleza de la misión, los equipos básicos se pueden configurar con la adición de elementos con otras capacidades para incrementar el poder de combate.

 

Operativos

 

Las intervenciones de estas Fuerzas Especiales van desde una acción directa, es decir, el ataque a objetivos críticos o su señalización para el ataque aéreo, como ocurrió con las operaciones contra los cabecillas de las Farc como Milton Sierra Gómez, alias 'JJ', que delinquía en la costa pacífica; Gustavo Rueda Díaz, alias “Martín Caballero”, abatido junto con otros 18 insurgentes el 24 de octubre de 2007 en Las Aromeras del Sur, en Carmen de Bolívar; o del mismo Víctor Julio Suárez Rojas, alias “Jorge Briceño Suárez” o "Mono Jojoy", abatido en un ataque aéreo el 22 de septiembre de 2010, en la Serranía de La Macarena, Meta.

“No le puedo decir específicamente en qué operaciones han participado nuestros hombres, pero sí le puedo asegurar que han participado en muchas operaciones consideradas de alto valor”, insistió el coronel Beltrán. 

Hoy la mayoría de los comandos está entre los 20 y 30 años de edad, pero también se cuenta con otros integrantes más antiguos, pues la experiencia es de vital importancia para las misiones que deben cumplir.

Otro de los avances es que las Fuerzas Especiales son entrenadas por instructores de la Armada, contrario a lo que pasaba antes, cuando era necesario buscar instrucción extranjera. “Antes íbamos a recibir instrucción y entrenamiento a los Estados Unidos, especialmente. También recibíamos instrucción de los ingleses, pero hoy la instrucción viene directamente de la Armada Nacional”, precisó el oficial.

Mucho tiempo ha pasado desde aquel 14 de febrero de 1972 cuando se capacitó el primer curso de Comandos Submarinos pertenecientes a la Infantería de Marina. Hoy estos grupos de marines colombianos son considerados de la élite en materia de infiltración, golpe de mano y eficacia para neutralizar y abatir objetivos de alto valor.

Como es natural, la cuota en materia de vidas sacrificadas y de heridas durante el combate es alta. Sin embargo, hoy son muchos los uniformados que hacen cola para ser un marine colombiano.