GLOBAL
Invito un café

EN medio del actual zafarrancho cae bien un café para conversar y entendernos.

Al café por estos días le va mejor que al país.

Invitémonos un tinto.

La tasa de cambio en 3.500 pesos por dólar valorizó el precio interno del café.

A la par con situación que afronta el Gobierno en su agenda de conversación con promotores de las movilizaciones, tanto el dólar como el café han generado noticias.

Llegan informaciones como un estímulo frente a la agitación nacional.

Aunque sube desempleo y nos va mal en educación con lectura, ciencia y matemáticas, según informe Pisa 2018, hay sectores como el cafetero que toman un respiro.

Una bendición que 540 mil familias cafeteras estén vendiendo arriba del millón de pesos la carga de 125 kilos.

El gremio cafetero -desde ayer en su Congreso Nacional- recibe un aliento que ayuda a aliviar tantos años de malos precios.

Recibir el millón de pesos por carga es un aliciente para caficultores.

Cafeteros han soportado varios años de vacas flacas y su negocio no ha sido rentable.

Sostenibilidad de industria cafetera depende de un precio interno justo.

Invertir en productividad y en valor agregado, tecnificar, abonar, soquear, renovar por siembra y pagar jornales a recolectores, requiere músculo financiero.

Con precios externos bajos se debilita el patrimonio del Fondo Nacional del Café y escasea la plata para mantener las fincas cafeteras.

Productores están en la era de cafés de origen, con valor agregado, renovación y productividad.

Para producir granos de calidad reconocidos y bonificados por compradores internacionales, hay que invertir.

Inversión en actividad cafetera con recursos propios, ayudas del Gobierno y recursos del FNC son vitales para mantener a flote la caficultura.

Si a un cultivador le pagan por debajo de 900 mil pesos la carga de 125 kilos de buen café, ya empieza su pérdida.

Es necesario que el cafetero reciba alrededor del millón de pesos para hacer rentable su negocio.

Del ingreso de un productor dependen su familia y los jornaleros.

Y para que el café sea de calidad certificada hay que invertir.

De la mano de la Federación de Cafeteros han logrado capotear la situación y continuar en la faena.

Reconocimiento al zar del café, Roberto Vélez Vallejo, por mantener unido y fuerte su gremio aún en las dificultades. 

Cuando importadores, tostadores y especuladores a través de fondos de inversión se quedan con grueso de ganancias, la caficultura no es viable.

Libre comercio global cafetero no ha sido fácil para países productores.

Bajos precios en mercados del mundo han predominado.

Sin reglas de juego que defiendan el ingreso de productores, la caficultura ha estado en crisis y muchos cafeteros abandonaron su actividad.

Por fortuna la mayoría de cafeteros colombianos trabajan con autentica pasión y han aguantado los tiempos difíciles.

Buen momento para el café de Colombia.

Tiempo de tomarnos un café para dialogar y salir de tanto enredo.

Un buen café, frío o caliente, oscuro o claro, le sentaría bien a agitadores sociales.