Armas ilegales o prohibidas

Oí hace unos días a un “experto” (no eran los directores de la Cut y de la Fecode, pero se les asemejaba) hablar del uso por el ejército de “armas no convencionales”. Me llamó la atención porque esos términos no son de uso en el derecho de guerra. En este campo se habla de “armas legales e ilegales”, con base en el principio de que en la guerra está permitido todo lo que no esté expresamente prohibido.

Los Estados, que son los que regulan el derecho internacional, son suficientemente inteligentes para saber que la guerra hay que ganarla y que los límites son aquellos estrictamente necesarios para proteger a los civiles (derecho internacional humanitario) y con ellos las cosechas y los alimentos y evitar en la medida de lo posible los daños a la naturaleza, a los monumentos y bienes culturales o a aquellos cuya ruptura puede producir desastres naturales, como las represas.

En ese orden de ideas, son armas ilegales, y siempre hay una convención que así lo dice en los más de 100 años del derecho de guerra, las balas explosivas o detonantes (dum-dum), envenenadas o bacteriológicas, armas químicas, las que producen fragmentos indetectables por rayos X y las que causan daño ambiental innecesario.

Por otra parte, hay disposiciones específicas que prohíben en la guerra marítima las minas magnéticas que son incapaces de distinguir entre un mercante y un acorazado, y las minas quiebrapatas, excepto en campos alrededor de guarniciones o campamentos militares en donde su presencia esté claramente indicada, y las minas cazabobos e incendiarias donde haya población civil. El criterio es siempre la protección de la población civil.

Todo esto explica por qué, a estas alturas de la vida, aún no han sido claramente prohibidas las armas nucleares y por qué los Estados que las poseen no renuncian a ellas ni quieren que otros entren a ese exclusivo club. ¿Se imaginan que Evo, Maduro u Ortega o cualquier dictadorzuelo africano tuviera a su disposición armas nucleares?

Esto me lleva a una consideración sobre las Farc: este grupo (lo mismo se aplica al Eln y a los modernos grupos narcoterroristas) nunca respetó la distinción entre combatientes y civiles y por eso secuestraba civiles (rehenes, los llamaban) y reclutaba niños (de los de verdad, no de los que inventó Roy Barreras). Pero, además, usó regularmente armas envenenadas o contaminadas con heces humanas, tatucos (granadas de mortero caseras, como las usadas contra el ejército por los indígenas en el Cauca), cilindros bomba (como los que causaron más de cien muertos en Bojayá y acaban de asesinar varios agentes en un ataque a la estación de policía de Santander de Quilichao), minas quiebrapatas que ponían incluso en los broches de los potreros que los niños campesinos tenían que atravesar para ir a las escuelas y que las “disidencias” siguen poniendo para defender los cultivos de coca que, según la corte constitucional, no pueden ser atacados desde el aire porque alguien dijo una vez que el  glifosato “podría” producir cáncer, mientras los miembros de las fuerzas armadas siguen muriendo o quedando mutilados en los cultivos, esta vez sí de verdad. Y la corte no dice ni pío.

La verdad es que nuestras fuerzas armadas no usan, ni han usado nunca, armas ilegales y, mucho menos, en refriegas con los alborotadores callejeros, donde no se pueden usar armas letales.

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Coda: No me molesta en absoluto el alza del dólar. Al menos encarece el contrabando antes de que acabe con el país. Y hay que exportar más para cubrir el desequilibrio de la balanza cambiaria.