Humanidades digitales: romance entre letras y máquinas

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Unos 500 metros separan la facultad de Filología de la de Informática en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), pero años luz de distancia dividen lo que se enseña en cada una. Expertos y centros de formación luchan ahora por superar ese cisma cada vez más anacrónico y acercar por fin la tecnología y las humanidades.

"Todavía hay un abismo muy grande", reconoce Pablo Gervás, experto en inteligencia artificial de la UCM. "La gente de humanidades vive un poco de espalda a la tecnología, y viceversa. Llevo muchos años dedicado a tender puentes, y soy consciente de que es muy difícil".

Doctor en Informática, enamorado de la literatura desde joven y apodado alguna vez "el padre del robot poeta" por sus programas informáticos que escriben poesía, Gervás reúne en las bibliotecas de su despacho colecciones de haikus, manuales de programación, cuentos populares rusos o el "Quijote".

Es un símbolo del trabajo híbrido que una docena de profesores y algunos estudiantes de doctorado realizan en el grupo de investigación NIL (Interacción Natural basada en el Lenguaje), dirigido por Gervás y centrado en proyectos que vinculan inteligencia artificial (IA) y lingüística, modelos narrativos o poética.

El profesor de 51 años matiza la fantasía popular de una máquina que llegue a escribir como un humano. "Son módulos. Cuánto más se van añadiendo, menos se nota la máquina detrás", explica. "La idea no es que la IA escriba todo, sino que cada parte pueda usarse como una herramienta separada. Algo equivalente a un Photoshop para textos".

Muchas aristas del acercamiento entre letras y algoritmos se engloban en el amplio rótulo de "Humanidades Digitales", un campo académico en expansión y "un concepto que abarca mucho" explica, por su parte, Elena González-Blanco, fundadora en 2013 del Laboratorio de Innovación en Humanidades Digitales (LINHD) en la universidad a distancia UNED.

La investigadora, referente internacional en la disciplina, desgrana un sinfín de ejemplos que van más allá del mero uso de la tecnología como herramienta para el trabajo filológico, la elaboración de bases de datos, la digitalización de patrimonio u otras cuestiones limitadas al ámbito académico.

"Conseguir que las máquinas hablen, que entiendan, que sean capaces de procesar grandes volúmenes de texto sin necesidad de leerlo y extraer información o apreciar sentimientos en una serie de comentarios... todo eso es algo que, si bien viene de las Humanidades Digitales, es muy necesario en todas las áreas y clave en la IA (Inteligencia Artificial)".

La propia González-Blanco, que comenzó su carrera como filóloga, llegó a través de las Humanidades Digitales al mundo de la empresa y hoy trabaja como manager general de la compañía de seguros Coverwallet en Europa. Con su trabajo se ganó un sitio en el ránking top 100 de mujeres líderes de España, entre otros premios.

Desde esa perspectiva reconoce también los diferentes tipos de obstáculos que siguen interponiéndose a ese lento y costoso acercamiento entre humanidades e informática.

Uno es el propio sistema de la universidad española, demasiado rígido y con un profesorado en parte mayor, poco receptivo al mundo digital. Otro, cierta tecnofobia aún persistente: "Hay mucha mitología, mucho miedo, mucho rechazo a la tecnología, entendida como robots que van a dominar el mundo y nos van a quitar el trabajo", describe.

En el caso de España, el país llegó también algo tarde a las Humanidades Digitales en comparación con otras potencias como Reino Unido, Alemania o Francia y sigue en parte marginado de los circuitos de financiación europea.

El trabajo de González-Blanco contribuyó a romper esa barrera, y el LINHD cuenta por ejemplo con el proyecto Postdata, que intenta comunicar entre sí los diversos sistemas de análisis de poesía de países europeos y que es financiado por Bruselas.

Madre de cuatro hijos, la investigadora marca una última traba: la que afrontan las mujeres en el mundo tecnológico. "Somos muy pocas", lamenta. "Hay un tema de formación y motivación desde pequeñas, que se ve cada vez menos en ámbitos de negocios como en el que estoy ahora. Es una mezcla de tradición, exigencias, horarios y demás".

Pruebas de la dificultad de un romance entre dos mundos -humanidades y tecnología- cada vez más frecuente y necesario.