El medio ambiente y las sagradas escrituras

Foto cortesia

Cada día es más notorio el interés de la humanidad por el tema medioambiental, cada día más personas se toman el trabajo de analizar el deterioro de nuestro planeta y de buscar la manera de preservarlo para las futuras generaciones; sin embargo no deja de ser curioso que esto no se haya venido haciendo desde los tiempos de la conquista en un país en el que más del 80% de los habitantes basan sus creencias religiosas en la biblia.

Es curioso porque las sagradas escrituras tienen un sinfín de pasajes en los que se exhorta al cuidado de la naturaleza y se obliga a los creyentes, entre los que me cuento, a velar por el cuidado de la tierra y por la preservación de las especies; pareciera ser que muchos de nosotros, cristianos o judíos de nombre, nos decimos creyentes pero no seguimos nuestra guía que debiera ser la que indica la sagrada biblia.

Para comenzar dice la biblia  en el génesis (1:28, 31; 2:15) que Jehová Dios hizo la Tierra para que fuera el hogar precioso de la humanidad; que al ver su obra, la calificó de “muy buena” y le encomendó al hombre que “la cultivara y la cuidara”. Y si destino la tierra al hombre, también vaticinó su destrucción por el mismo en el Apocalipsis (11:18) diciendo que “causará la ruina de los que están arruinando la tierra”. Por lo tanto, no deberíamos desde el punto de vista bíblico ser indiferentes a la caótica situación del planeta.

Para todo buen discípulo de cristo, lo normal es mantener un adecuado seguimiento de los preceptos de la biblia, si así lo hiciéramos con seguridad que tendríamos menos problemas para mantener nuestra especie en el planeta; Dios puso sobre la tierra ciclos naturales que por sí solos podrían mantener limpios, el aire, el agua y el suelo, según se puede leer en Proverbios (19:20), solo que el hombre no armoniza sus acciones con lo que la tierra tiene. De otra parte si solo queremos basarnos en el nuevo testamento podemos leer en el evangelio de Marcos (12:31), la instrucción de amar al prójimo como a nosotros mismos. ¿Es posible amar al prójimo cuando estamos acabando con un planeta en el que deberían vivir nuestros descendientes?

Decía Al Gore en una de sus más conocidas frases que “No hay ecosistema que resista la pobreza”, hago referencia a ello porque necesariamente los recursos que nos proporciona el planeta deberán ser usados, no en vano encontramos la referencia en el génesis de que Dios los puso para el disfrute del hombre, sin embargo también encontramos referencias en números (21:33) sobre la ira de Dios cuando se consume con avidez o más allá de lo que se requiere; también se nota en el evangelio de Juan (6:12) que el señor ordeno recoger las sobras de los panes y los peces que multiplicó, no ordenó desperdiciarlos ni tirarlos a las aguas.

Desde las perspectivas anteriores, la contaminación del medio ambiente es de por sí un pecado, un pecado contra Dios y un pecado contra la humanidad y un pecado contra nosotros mismos y contra nuestros descendientes.

Para quienes somos creyentes, Dios entregó a los humanos la tarea de cuidar la Tierra y esto bastaría para que en una señal de agradecimiento inmenso la tratemos con el mayor respeto posible; si nos decimos creyentes, por lo menos practiquemos lo establecido en las sagradas escrituras. Para aquellos que no son creyentes la lógica implica que cuidemos nuestro territorio y nuestra biodiversidad, y el futuro de nuestra especie.

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