Ajedrez ministerial, ¿movida táctica o cambio estratégico?

Foto cortesía Presidencia
La llegada de Trujillo a Defensa y Blum a Cancillería tiene muchas interpretaciones. Duque envió un mensaje político en torno a enfatizar en el uribismo moderado ¿Comenzó un reajuste gubernamental para retomar la iniciativa o fue un hecho tan obligado como aislado? Análisis

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¿Un cambio aislado y presionado por circunstancias políticas puntuales, o el comienzo de un reajuste de amplio espectro para recuperar la iniciativa política? Esa es la pregunta con que cierra esta semana luego que el presidente Iván Duque decidiera aplicar dos modificaciones en su gabinete ministerial.

Haber escogido al canciller Carlos Holmes Trujillo para ocupar la cartera de Defensa, luego de la renuncia la semana pasada de Guillermo Botero ante la inminencia de ser el primer ministro blanco de una moción de censura, así como designar a Claudia Blum en su reemplazo en Relaciones Exteriores, tiene muchas implicaciones. Más aún en medio de una coyuntura en donde desde distintos sectores, incluso de la propia coalición de gobierno, se alega que el presidente Duque pierde cada vez más posibilidad de manejo en el Congreso, el país vive un clima convulso en algunos aspectos y muy positivo en otros, al tiempo que las encuestas evidencian una caída lenta pero sostenida de la imagen y favorabilidad de la gestión gubernamental, la calificación de los ministros y del propio Jefe de Estado.

Todo ello enlazado, natural o forzosamente, con el mapa político dejado por las elecciones regionales y locales, en donde, es claro, si bien la Casa de Nariño se mantuvo imparcial, no se puede desconocer que el Centro Democrático, el principal partido de gobierno, no logró los resultados que esperaba, en tanto fuerzas independientes, en cabeza de la Alianza Verde y movimientos ciudadanos extrapartido, conquistaron importantes plazas en Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena y Bucaramanga…

Lo primero a señalar es que no había ningún ajuste en el gabinete programado para este mes. No solo porque el presidente Duque advirtió desde cuando fue electo que nombraría ministros con vocación cuatrienal (aunque en mayo se vio obligado a designar a Margarita Cabello en Justicia tras la renuncia de Gloria María Borrero), sino porque nadie tenía entre sus cuentas que un gobierno que ya había enfrentado airosamente tres intentos de moción de censura contra sus ministros, iba a perder en la cuarta.

No hay que olvidar que en apenas 14 meses de gobierno no progresaron las mociones de censura contra el titular de Hacienda, Alberto Carrasquilla, por el caso de los “bonos de agua”; el propio Botero por el escándalo de las órdenes operacionales y la muerte del desmovilizado Dimar Torres; y la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, por el intento de negociación con los bancos acreedores de la Ruta del Sol II, involucrada en el escándalo de sobornos de Odebrecht. En esos tres casos, aunque la oposición trató de sancionar a los integrantes del gabinete, la votación unánime de la coalición gobiernista (Centro Democrático, La U, conservadores, MIRA y Colombia Justa Libres), y el apoyo a distancia de las bancadas independientes (liberales y Cambio Radical) hundieron las intentonas.

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Es más, cuando se planteó por cuenta del senador Roy Barreras esta cuarta moción, se pensaba que pasaría lo mismo, por más que el congresista, perteneciente a un partido de la coalición duquista, indicara que era necesario sancionar a Botero no solo por las problemáticas en materia de seguridad y orden público, sino por sus continuos descaches verbales. Lo cierto es que el Ministro de Defensa y el Gobierno estaban seguros de que saldrían invictos, pero todo cambió cuando Barreras reveló en la plenaria que en el bombardeo a un campamento de las disidencias de las Farc, a finales de agosto, murieron ocho menores de edad, información que no conocía el país y, al parecer, tampoco el propio Presidente de la República.

El efecto de la revelación fue tal que no solo las bancadas de La U y Cambio Radical se convencieron de la procedencia de la moción, sino también La U, lo que, sumado a los votos obvios del bloque opositor, ya marcaban que Botero sería el primer ministro, desde la creación de esta figura en la Carta del 91 y la reforma que luego flexibilizó su aplicación, que sí sería sancionado.

Pero como todo el país lo sabe, Botero entendió que no tenía margen de acción y renunció un día después del debate, la semana pasada. Duque, entonces, tuvo que empezar a buscar ministro. Desde ese punto de vista, entonces, no se puede hablar de un cambio programado, por más que el saliente alto funcionario estuviera muy desgastado. Hay que ser realistas: si Barreras no hubiera revelado lo de los niños, el grueso de la bancada de La U no se hubiera volteado contra un Ministro de Duque.

 

La oportunidad

Ahora bien, generada ya la vacante y siendo claro que se trataba de uno de las carteras más cruciales para un gobierno uribista, que ha hecho de la seguridad y la estrategia de orden público una de sus principales banderas, Duque comenzó a analizar opciones, en tanto que desde distintos sectores políticos se empezó a insistir en que debía aprovecharse esta circunstancia para aplicar un reajuste ministerial de amplio espectro, que permitiera al Ejecutivo recuperar el dominio del Congreso, tener un mejor margen de gobernabilidad e incluso ampliar la coalición parlamentaria oficialista, sobre todo vinculando a los liberales o a Cambio Radical.

Aunque circularon muchas versiones respecto a que sí hubo contactos con otros partidos (ninguna confirmada), al tiempo que se puso sobre la mesa un sonajero de perfiles de dirigentes gremiales, líderes uribistas y altos funcionarios como posibles sucesores de Botero, al final el Presidente se decidió a apostar por “lo seguro”: sacó a Trujillo de la Cancillería y lo pasó a Defensa.

Para nadie es un secreto que este es el Ministro con más peso específico y experiencia política en el actual gabinete. Tiene amplia trayectoria en cargos nacionales e internacionales, sabe manejar temas gruesos, es muy medido en sus conceptos y el uso de la palabra, al tiempo que se mueve como pez en el agua en el Congreso y los corrillos políticos y partidistas, que es sin duda una de las grandes falencias de la presente nómina ministerial. A ello se suma que Trujillo es de la entraña uribista, al punto que en 2014 fue fórmula vicepresidencial de Óscar Iván Zuluaga y precandidato presidencial en 2018, perdiendo en las encuestas internas con el propio Duque.

En ese orden de ideas, entonces, el Presidente, como se dice popularmente, ‘mató varios pájaros con un solo tiro’ ¿Por qué? Sencillo: puso en Defensa al Ministro más experimentado que tiene, lo que le asegura que no tendrá más polémicas como las generadas por los descaches de Botero; Trujillo conoce al detalle toda la plataforma programática y de logros del Gobierno, pues la ha defendido a nivel externo por más de 460 días, explicando temas tan complejos como la implementación del acuerdo de paz, los asesinatos de líderes sociales y la lucha antidroga; igual maneja con solvencia el lío de la dictadura venezolana, convertida hoy en cómplice y retaguardia estratégica de las disidencias de las Farc y el Eln; conoce y sabe cómo moverse en el Congreso; el Centro Democrático se siente más representado por él que, incluso, por cualquier otro de los actuales ministros; su nombre tiene buen recibo en la cúpula militar y policial, que necesita urgentemente un vocero político aquilatado tras estar en el ojo del huracán varias veces en los últimos meses por temas como los asesinatos de líderes sociales, el fortalecimiento de las disidencias de las Farc, algunos casos de presuntos ‘falsos positivos’ y el escándalo por unas cuestionadas ‘órdenes operacionales’…

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Es más, cambiar de cartera a Trujillo ya se venía pensando desde meses atrás, pero con destino al Ministerio del Interior, en una especie de enroque, ya que Nancy Patricia Gutiérrez, a quien no le ha sido fácil impulsar la agenda legislativa gubernamental en el Congreso, por lo ajustado de las mayorías parlamentarias en Senado y Cámara, iría a la Cancillería.

Aunque Duque pudo haber aprovechado esta oportunidad para hacer dicha movida, prefirió dejar a Gutiérrez, en quien confía mucho, y buscar Canciller por fuera. Aunque desde las toldas uribistas se mencionaron tres nombres fuertes, lo cierto es que el Presidente se inclinó, finalmente, por la exsenadora y exembajadora en la ONU durante el segundo mandato de Uribe Vélez, Claudia Blum. No había aparecido en ningún sonajero e incluso ya se le consideraba retirada de la vida política, viviendo en Estados Unidos desde hace varios años y dedicada más a asuntos académicos.

¿Qué hay detrás de esta sorpresiva designación? Según se lo dijo a EL NUEVO SIGLO una alta fuente del Gobierno “… Blum estaba en el radar (de Duque) desde hace algún tiempo”, sin embargo en las toldas uribistas nadie la veía ministra, aunque sí embajadora. Con pasado militante en distintos partidos, desde 2002, cuando fue elegida a nombre de Cambio Radical en el Senado e incluso fue la primera mujer en presidir la corporación, es considerada muy cercana al expresidente y apoyó la campaña de Duque en 2018. La dirigente vallecaucana viene de trabajar en Diálogo Interamericano, uno de los principales centros de pensamiento del continente. Allí siempre se mostró muy alineada con la política internacional de Duque, sobre todo en la cruzada contra la dictadura chavista en Venezuela y el papel del continente para forzar la salida de Nicolás Maduro y compañía del poder.

“Creo que el presidente Duque buscó en el banco de suplentes del uribismo y si bien en Colombia había varios dirigentes cercanos aptos e incluso ‘quemados’ en las elecciones recientes, muchos de ellos son muy radicales, lo que no es muy aconsejable en el ámbito diplomático… En temas como Venezuela y Cuba, que tienen tantos gobiernos contradictores como amigos en el continente, y prueba de ello son los bloqueos de las votaciones en la OEA, hay que saber decir las cosas, con tacto, por más fuerte que sea la postura colombiana contra Maduro”, precisó una dirigente uribista, que pidió la reserva de su nombre.

Agregó que ella, personalmente, no creía en la “categorización esa que viene haciendo carrera según la cual hay uribistas moderados y uribistas radicales, y que los primeros tienen más cabida en el Gobierno que los segundos, que incluso se han vuelto recurrentes críticos de la Casa de Nariño… Sin embargo, sí es claro que no se podía pasar de un Ministro de Defensa criticado por sus excesos verbales a un Canciller que incurra en lo mismo, obviamente con más implicaciones tratándose de cuestiones diplomáticas”.

¿Y ahora?

Lo cierto es que el mensaje político que Duque envió con la designación de estos dos ministros termina siendo directo y sencillo: enfatizar, enfatizar y enfatizar en las líneas programáticas y políticas ya fijadas. “… Duque sigue firme con su plan de gobierno. Haber incluido en dos ministerios tan decisivos para su política, que manejan temas que terminan estando muy entrelazados, como en el caso de Venezuela y Cuba, un cambio de enfoque producto de traer un ministro de otros partidos, ya fuera de la coalición o de incluir a los independientes, no pasó por la mente del Presidente…”, agregó un senador muy cercano a la Casa de Nariño.

Indicó el parlamentario que vista no solo la votación contra Botero sino lo que pasó esta semana en la elección de un magistrado del Consejo Nacional Electoral, “es claro que hubo una alianza de La U con los independientes, derrotando al uribismo y los conservadores… Esa alianza, que puede que sea coyuntural, lo que evidencia es que el ambiente político está muy tenso y es el peor momento para plantear un acuerdo político de gran espectro, que no solo lleve a salvar el proyecto de Ley de Financiamiento y el resto de la agenda legislativa, sino que culmine con la ampliación de la coalición…”.

En el Centro Democrático también son de la tesis de que el Gobierno no está tan débil ni en una crisis de gobernabilidad como quieren hacerlo ver en otras toldas partidistas. “… A partir del resultado del 27 de octubre (elecciones regionales) y de lo que pasó con el ministro Botero y el magistrado del CNE, hay un envalentonamiento de los independientes y la oposición… Pero el Gobierno es el Gobierno, tiene mucho margen de acción y, de tú a tú, mejor imagen y credibilidad que el Congreso… Vamos a ver qué pasa con la tributaria y si esa triada política (La U, liberales y Cambio) es capaz de poner en peligro la recuperación económica, sobre todo después de esta semana que el PIB a septiembre creció al 3,3%”, indicó un parlamentario uribista en charla con EL NUEVO SIGLO.

En La U, por el contrario, varios de sus senadores y Representantes a la Cámara dijeron esta semana que la salida de Botero le “hizo bien” al Gobierno, y que en la elección del magistrado del CNE no se votó contra la Casa de Nariño, sino que era un tema de mecánica interna de las bancadas. En otras palabras, que siguen firmes en la coalición.

 

¿Vendrán más cambios?

Visto todo lo anterior, la pregunta es si estos dos cambios en el gabinete son la cuota inicial de un inminente o gradual reajuste ministerial y de la coalición política que apoya al Ejecutivo, con el fin de ganar más gobernabilidad en el Congreso y ante un país que exige más resultados, o si, por el contrario, no habrá más modificaciones.

Hay dos tesis al respecto. De un lado, en los pasillos palaciegos se dice que no habrá más movidas ministeriales en los próximos meses, salvo lo relativo a la creación, en enero, de la cartera de Ciencia y Tecnología. Ya meses atrás se activó la cartera de Deportes y allí quedó Ernesto Lucena, que venía como director de Coldeportes. Puede que pase lo mismo con el titular de Colciencias, lo que anularía cualquier implicación política partidista en esta designación.

Así las cosas, solo hacia julio o agosto de 2020, cuando se cumpla la mitad del periodo, Duque reajustaría el grueso del gabinete.

Por el contrario, otros analistas y partidos creen que sí habrá cambios en el corto plazo (incluso antes de terminar este año o que comience la legislatura en marzo) y que ya hay nombres muy estudiados, tanto de adentro como fuera de la coalición duquista. “… Hay ministros desgastados, otros con muy poca visibilidad y falta ver si el refuerzo político que significan la llegada de Trujillo a Defensa y de Blum a Cancillería le permite un mejor desempeño al Gobierno en el Congreso, en apoyo a Gutiérrez”, añadió uno de los parlamentarios consultados.

Para no pocos observadores la Casa de Nariño, así no crea justa su baja imagen y calificación, tiene que ser consciente que necesita un sacudón político para retomar iniciativa y apoyo popular, y que un buen termómetro de ello será el próximo jueves con la dimensión que tome el paro nacional convocado por múltiples sectores.  

Como se ve, el cambio de ministros tiene múltiples lecturas en torno a si fue un asunto aislado o el comienzo del reajuste gubernamental. Esto solo determinará la estabilidad o no del gabinete en los próximos meses. Por ahora, no queda más que esperar.