¿Se convertirá Petro en líder de A. Latina contra el cambio climático?

foto archivo AFP

Si algo está quedando claro en el marco de las posturas de los presidentes y jefes de gobierno de América Latina en la COP27 que se realiza en Egipto, es que varios de ellos quieren abanderar las políticas de combate al cambio climático en la región, empezando por la protección de la selva amazónica.

De hecho, tras el discurso del mandatario Gustavo Petro en este cónclave, el lunes pasado, en el marco del cual expuso un decálogo de acciones al respecto, resulta evidente que aspira a liderar también esa cruzada.

¿Qué tanta posibilidad tiene el jefe de Estado colombiano de asumir ese rol? Para algunos analistas es claro que nuestro país ha venido tomando la iniciativa en los temas ambientales, como ocurrió en su momento con los gobiernos Santos y Duque. El primero fue clave en la formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el segundo lideró iniciativas como el Pacto de Leticia.

Petro, entonces, sigue en la misma línea de confirmar ese protagonismo colombiano. Tanto en su discurso de posesión como ante la asamblea general de la ONU insistió en que su mandato tiene como eje central la transición energética, la protección de la biodiversidad, el refuerzo de la cooperación externa para la preservación amazónica, una lucha antidroga que no implique el uso de glifosato y la descarbonización de la economía en general.

Ahora, en la Cumbre de Cambio Climático que se realiza en el balneario de Sharm El-Sheik, Petro recalcó que la crisis climática que vive el planeta “se soluciona si el mundo deja atrás al petróleo y al carbón”. Agregó que “las conferencias globales de gobiernos deben poner la política al mando para generar el plan global de desconexión de los hidrocarburos de manera inmediata. La descarbonización es un cambio real y profundo del sistema económico que domina. Es la hora de la humanidad y no de los mercados”.

Tras reconocer que las cumbres COP “ya no dan respuestas y el tiempo se agotó”, reiteró que la crisis climática es producto de los mercados y de la acumulación de capital. También ratificó el llamado a las grandes potencias para rescatar la selva amazónica y anunció que Colombia aportará 200 millones de dólares anuales durante dos décadas con este propósito. En ese orden de ideas, repitió lo dicho en su posesión y ante la ONU respecto a que la banca privada y multilateral dejen de financiar al sector de los hidrocarburos y que entidades como el Fondo Monetario Internacional (FMI) avancen en el canje de deuda de los países en desarrollo como una fórmula de invertir en la adaptación y mitigación del cambio climático.

 

¿Le copiarán?

La posibilidad de que Petro se convierta en el líder de la cruzada contra el calentamiento global en el subcontinente tiene, al decir de los analistas, pros y contra.

Dentro de los primeros está el hecho de que el péndulo geopolítico de la región está virando a la izquierda. Hoy por hoy hay gobiernos de esta corriente en Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Venezuela y, ahora, Colombia. La mayoría de los presidentes de estas naciones tienen un discurso en donde el tema ambiental ha sido central, sobre todo en lo relativo a exigir de las grandes potencias -que son a la vez las mayores emisoras de Gases de Efecto Invernadero (GEI)- una mayor financiación a las políticas de combate al cambio climático en Latinoamérica, sobre todo en asuntos como la salvaguarda amazónica, el llamado “pulmón del mundo” y principal nodo de captura de carbono a nivel planetario.

El presidente chileno, Gabriel Boric, indicó semanas atrás que “el mundo necesita a Chile por los tremendos potenciales que tiene en torno a energías renovables no convencionales, por la costa que tiene, por el cobre, el litio, la electromovilidad. Y, por lo tanto, no tenemos tiempo que esperar. Además, ustedes saben que nuestro país es uno de los más afectados por las consecuencias de la crisis climática”.

A su turno, el presidente electo de Brasil, Inácio Lula Da Silva, se comprometió a redoblar la protección amazónica (reduciendo a cero la deforestación), impulsar la bioeconomía, sociobiodiversidad, la transición energética y la adopción de una agricultura y minería sustentables.

El presidente de Bolivia, Luis Arce, también ha insistido que los países más desarrollados destinen fondos para apoyar la lucha contra el calentamiento global en América Latina, en tanto que el mandatario peruano, Pedro Castillo, se ubica en la misma línea como parte esencial de su meta de que la nación inca sea un país de carbono neutral al 2050…

Por último, el mandatario argentino, Alberto Fernández, que días atrás lanzó el Plan Nacional de Adaptación y Mitigación del Cambio Climático, advirtió que "la Argentina no es responsable de esto, emite tan solo 0,8%, tampoco América Latina, el Caribe ni África, sin embargo somos las principales víctimas… Tenemos que ocuparnos del cambio climático y de resolver los perjuicios que han generado la ambición de los poderosos de seguir ganando a cualquier precio, de los negacionistas que decían que el cambio climático no existía y siguieron sometiendo al mundo a más intoxicación climática"…

Como se ve, todos esos mandatarios, sin excepción, están en la misma línea de Petro y defienden el discurso reivindicativo de que el mundo desarrollado no solo debe controlar sus sistemas productivos contaminantes, sino que tiene la obligación moral de ayudar a Latinoamérica a contener los efectos lesivos del cambio climático, comenzando por salvar la Amazonía.

 

Sin embargo…

Ahora bien, la realidad geopolítica, al decir de los analistas, señala que Lula Da Silva es, de lejos, el dirigente de izquierda de mayor referencia a nivel internacional en el subcontinente. Tras ocupar dos veces la presidencia del país más grande y la economía más potente de la región, tiene un terreno abonado de hace muchos años para liderar la causa amazónica. Es más, tras su elección, algunos países y fundaciones que habían suspendido su colaboración con el gobierno Bolsonaro, a quien señalan de tener una visión menos protectora de la cuenca amazónica, anunciaron que la reanudarán una vez se produzca el relevo gubernamental.

Petro, por el contrario, sucedió en el poder a Duque, que en su mandato se había convertido en un símbolo regional de la cruzada contra el cambio climático y la salvaguarda amazónica.

A ello se suma que si bien los gobiernos latinoamericanos consideran que una parte de los 100 mil millones de dólares que las grandes potencias se comprometieron -aunque no lo cumplen- a dar anualmente para ayudar a las naciones en desarrollo a contener el calentamiento global debería dirigirse a esta región, no todos ven viable y realista que la banca multilateral y las economías desarrolladas perdonen o alivien la deuda externa a los países del subcontinente.

A ello se suma que pese a tratarse de gobiernos de izquierda y estar todos en la onda de la descarbonización, tienen claras diferencias sobre cómo y cuándo dejar atrás los combustibles de origen fósil. Por ejemplo, Lula Da Silva criticó meses atrás la propuesta de Petro de marchitar rápidamente la industria petrolera y gasífera. También es claro que Boric no está en la órbita de ir dejando atrás en el corto plazo la industria minera extractiva, sobre todo del cobre, uno de sus principales sustentos económicos. Bolivia, a su turno, renegoció en los gobiernos de Evo Morales los contratos petroleros, de gas y mineros, ingresos que hoy soportan el fisco. En tanto que en Venezuela si algo ha dejado claro Nicolás Maduro es que su urgencia es repotenciar la industria petrolera y minera, como fuente principal de la resurrección productiva de su país. Ecuador, hoy en manos de un gobierno de centroderecha como el de Guillermo Lasso, ha aumentado la dependencia de los hidrocarburos…

A ello se suma que las circunstancias fiscales y económicas pospandemia de cada nación latinoamericana son distintas. Esto lleva a que las fórmulas de transición energética sean diferentes para cada país y, en ese marco, lograr una plataforma de acción conjunta y liderada por un solo mandatario, no parece muy viable en el corto plazo.

Así las cosas, bien podría concluirse que, aunque Petro tenga aspiraciones de liderar la causa latinoamericana contra el cambio climático, las realidades geoeconómicas y geopolíticas no parecen jugar a su favor.