Calidad de la educación en el país empeoró en los últimos años

Foto cortesía Icfes

Las Pruebas Saber son sin duda el principal indicador para medir la calidad de la educación escolar en el país. Conocidas antes como el examen del Icfes, han sido el indicador constante de cómo se gradúan los jóvenes colombianos.



La Prueba ha evaluado las áreas básicas, tipos de pensamiento, competencias ciudadanas y contenidos específicos desde hace más de cuarenta años. Y desde hace más de diez lleva un riguroso proceso por evaluar las que se consideran las cuatro áreas básicas de la enseñanza escolar: lenguaje, matemáticas, ciencias sociales y ciencias naturales, cada una de ella con competencias específicas asociadas a áreas como física, química, comprensión lectora, filosofía o geometría. Además, evalúa inglés.

Colombia presentó una mejora considerable desde la primera administración del presidente Santos y los mejores puntajes se alcanzaron en 2016, época donde se encontraba en boga el programa Ser Pilo Paga. Además, de la implementación en los colegios del Índice Sintético de Calidad (ISC) una ponderación de factores que indicaba la senda de crecimiento de la calidad de un colegio. Estrategia que se implementó durante la administración de Gina Parody.

El estudio realizado por el Observatorio de Realidades Educativas (ORE) de la Universidad Icesi junto con ProPacífico, tomó los mismos resultados presentados por el Instituto Colombianos para la Evaluación de la Educación, Icfes.

El estudio encontró que, en las últimas pruebas presentadas en 2019, tanto para calendario A como B, que presentaron 564.709 estudiantes, solo el 18% y el  2%, respectivamente, obtuvieron una clasificación superior en las competencias de las cuatro áreas básicas, más competencias ciudadanas. Dicho resultado representa una reducción de 6,7 puntos frente al puntaje de 2016, cuando se alcanzó el máximo de 24, 9%.

Si se mira desde otra perspectiva estadística, el porcentaje de estudiantes con resultados regulares o malos en la prueba Saber se incrementó del 75,1% en 2016, a 81,8% en 2019. Un asunto más preocupante es que para 2019 solo el 1,1% de los estudiantes alcanzaron resultados óptimos o superiores en todas las áreas evaluadas.

Cuando el estudio se enfoca en las ciudades más pobladas del país, los resultados evidencian otros problemas y prende las alarmas sobre el retroceso de la calidad de la educación escolar en las ciudades donde se concentra el mayor número de estudiantes. Todas las ciudades están mal, todas desmejoraron la calidad de la educación. Sin embargo, donde se redujo más la calidad fue en la capital del país: Bogotá pasó de tener al 38,9% de sus estudiantes en el nivel superior a reducirlo en 2019 sólo al 28,3%.


 


La ciudad con los niveles de calidad más bajos es Medellín, dónde sólo el 19,5% se encuentran en el nivel superior. Mientras que la menos peor es Bucaramanga donde el 35,8% de los estudiantes se ubicaron en el nivel superior. La capital de Santander es la ciudad donde el descenso de la calidad fue menos notorio.

Pobre estrategia del MEN y el Covid

A diferencia de las administraciones anteriores, no se evidencia una estrategia de calidad del actual Ministerio de Educación. Tampoco se presentan resultados. María Victoria Angulo quien llegó al cargo procedente de la Secretaria de Educación de Bogotá, comenzó su administración con una campaña de desprestigio al Fondo de Infraestructura Educativa creado durante el gobierno anterior.

Sin embargo, para su contradicción después de dos años de gestión, parece que es lo único que tiene que mostrar, en cada entrevista o mensaje del MEN se anuncia la entrega de colegios diseñados y construidos durante las administraciones anteriores, más unos mejoramientos a colegios en un momento donde nadie va a los colegios y el mismo Ministerio no evidencia acciones concretas orientadas al retorno. Pero en calidad, no se aprecian avances, no se ve un norte.

Además, con la irresponsabilidad de afirmar que no se volverá a la presencialidad hasta que no exista una vacuna contra el Covid, la situación no es más que alarmante y desesperanzadora. El Ministerio presentó una propuesta denominada evaluar para avanzar, pero no se entiende, cómo se evalúa, para qué se hace y las acciones para plantear las mejoras que se requiere y que el mismo Icfes evidencia con los resultados, que son en todas las áreas.

La calidad es más que un aplicativo, es prioritario fortalecer la implementación de los Derechos Básicos de Aprendizaje, y trabajar por un retorno seguro a la escuela, sin descargar toda la responsabilidad a las secretarías de educación, como se entiende el mensaje que presentan a diario en el programa del presidente Duque en televisión.

La brecha entre los colegios privados y los públicos se hace mayor con la crisis. La mayoría de los profesores del sector oficial envían guías a sus estudiantes para que respondan y devuelvan. Los estudiantes no están aprendiendo, no reciben clases remotas de todas las áreas, en muchos casos no reciben ninguna. Ha sido un año perdido, y el daño a las próximas generaciones incalculable.



A eso se suma la terquedad de no comprar materiales educativos impresos y digitales a los estudiantes. Se obliga el uso de la plataforma Colombia Aprende que desde su creación no se ha podido organizar, es compleja, con muchos contenidos sin validación de calidad, sin estructura y con serias dificultades para su uso.

Mientras la administración actual del Ministerio de Educación piense que educación es comida, se dedique a una agencia de alimentación y no a la calidad, al cierre de brechas, a la mejora continua de la evaluación y las prácticas docentes. La situación puede ser desastrosa para un sector vital para el desarrollo del país y la construcción de una generación que cierre las brechas que tanto daño le han hecho a Colombia.

*Especialista en educación