Amazonas es un tesoro menospreciado: Cardenal Jaime Barreto

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El Vicepresidente de la Conferencia Episcopal del Perú y de la Red Eclesial Panamazónica, Repam, se formó en las entrañas de la espiritualidad ignaciana, desde allí emprendió sus primeros pasos hasta llegar a sentir un profundo amor por el Amazonas.

Haber conocido y vivido de cerca en su país problemáticas de índole social y de coyuntura política le permiten hablar con autoridad y firmeza sobre ecología integral y cambio climático. Le fue concedido en 2010 el Premio Nacional de Derechos Humanos. El Papa Francisco lo designó como uno de los tres presidentes delegados para el Sínodo Especial por la Amazonía que hoy concluye.

 

MÓNICA JARA. ¿Cuándo surge su vocación para ser Sacerdote Jesuita?

CARDENAL PEDRO BARRETO J. Vengo de una familia muy devota, mi madre de nacionalidad argentina, se conoció con mi padre en el Perú y formaron un hogar de seis hijos. Junto a mis hermanos nos educaron de manera especial, era crecer en solidaridad sin ignorar a los demás. Estudié en colegio de los Jesuitas, en alguna oportunidad recibimos la visita de unos misioneros del nororiente amazónico de mi país Perú, los acompañaban tres indígenas con su vestimenta propia, pinturas en la cara y su indumentaria muy multicolor. Siendo un Limeño-Costeño me llamó profundamente la atención. En ese momento se siembra en mí una de las primeras semillas de fe.

MJ. ¿Su vida sacerdotal y misionera como jesuita, trasciende a la Amazonía?

CPBJ.  Durante 30 años me tuve que ocupar de otras responsabilidades designadas por la Orden de los Jesuitas, pero en el año 2001 mi vida como pastor marca una ruta diferente a la de aquellos que me habían motivado en mi juventud. Fui nombrado Obispo del Vicariato Apostólico de Jaén, tuve la oportunidad de conocer y aprender de la etnia Awajún Wampis, a ellos les debo mucho. Fui a Jaén y dije hasta el final de mi vida.

MJ. Transcurre el año 2004 su misión pastoral da un giro, es trasladado a otra Sede Eclesiástica. ¿Cómo recibe la noticia?

CPBJ. Me nombran Arzobispo Metropolitano de Huancayo en el departamento de Junín, que está en el centro andino peruano a 300 kilómetros de Lima. Pasar de la Selva Amazónica a los Andes fue un choque muy fuerte en mi vida me separaban de aquello que yo amaba.

MJ. ¿En Huancayo encontró un camino de espinas y esperanza?

CPBJ. Sí, allí comienza mi cruz interna y externa, pero con la gracia de Dios viví la resurrección. Me encontré con una industria de fundición polimetálica en la ciudad de La Oroya, cerca de Lima. Desde 1928 emitía humos tóxicos y a pocos meses de estar allí en mi ejercicio pastoral tuve que tomar una decisión firme e irrevocable del cuidado de la vida y del ambiente natural. Estudios del Ministerio de Salud, daban cuenta que dichos agentes contaminantes afectaban notablemente a la población especialmente a los niños, la investigación revelaba que el 99% de los menores de 6 años tenían un promedio de 40 microgramos de plomo por decilitro de sangre en su organismo; es decir tres veces más de lo ya advertido por la Organización Mundial de la Salud. Me causó profunda indignación y tuve que hacer una denuncia pública.

MJ. ¿Cuál fue la reacción de la industria multinacional frente a su reclamación, como Autoridad Eclesiástica?

CPBJ. Comenzó un largo viacrucis y persecución, amenazas de muerte, me querían silenciar. En una ocasión quemaron un ataúd, una mitra de obispo en La Oroya como en Huancayo, frente a la Catedral para que me callara. Hay que reconocer que el Estado peruano fue cómplice por más de noventa años de día y de noche, al permitir la emisión de contaminantes que desencadenaron en consecuencias muy graves para sus habitantes.

MJ. ¿A partir de la bandera y causa que asumió por la defensa de la vida y el medio ambiente lo comienzan a llamar en la comunidad como el Arzobispo Ecológico?

CPBJ. Siempre he rechazado esa afirmación, no es el Arzobispo, es la Iglesia en fidelidad al Creador del Cielo, de la Tierra y del Hombre esa ha sido mi motivación más profunda. Dios no puede estar de parte de aquellos que contaminan el agua, el aire y el suelo, sobre todo para lucrarse a costa de la vida y la salud de las personas.

MJ. San Ignacio de Loyola, fundador de los Jesuitas impulsó el legado propio de la vida pública de Jesús, basado en Amor, Servicio y Justicia. Hoy se habla de una sociedad enferma, especialmente en América Latina. ¿Se le ha olvidado a la humanidad el concepto de estos pilares fundamentales para tener una ciudadanía más sana y equilibrada?

CPBJ. La personificación de la justicia se llama Jesús, él es el señor de la justicia, así se le llama el Justo Juez. Es una experiencia fundamental de Dios, no como un concepto sino como una realidad. Tan cierto es que por querer una sociedad justa y fraterna y por tener que ver tanta podredumbre del pecado enquistado en la humanidad, Dios decide enviar no a un “emisario cualquiera” sino a su propio hijo que se compromete para hacer historia en favor de la felicidad para los demás.

MJ. ¿Cuándo surge la idea de crear una Asamblea Especial de Obispos, dedicada a la región Panamazónica?

CPBJ. Dos momentos: Aparecida en Brasil y la visita del Santo Padre a Puerto Maldonado, en su gira al Perú. El Papa Francisco dejó ver claramente que nunca como antes, están tan amenazados los pueblos amazónicos y sus comunidades indígenas desde el punto de vista político, empresarial y el ámbito religioso. Dichas culturas están siendo despreciadas y el entorno natural gravemente afectado por la prepotencia del poder y la complicidad de los Estados. Esto no sólo hace que la tierra sea disputada, sino amenazada por intereses económicos; sin tener en cuenta la dignidad de estas poblaciones, que incluso desde miles de años han enriquecido la tierra desde el punto de vista botánico.

MJ. ¿Para qué dedicar un Sínodo especial sobre la Amazonía?

CPBJ. El sínodo es una reunión de obispos, que miran la realidad, que escuchan el clamor del pueblo y reflexionan sobre la voluntad de Dios para ponerla en práctica. El Papa Francisco nos convocó porque en el mundo están pasando muchas cosas, el cambio climático y el daño al medio ambiente nos está afectando a todos, pero los más pobres entre los pobres, son los pueblos originarios. Hace más de 100 años se presentó el genocidio cauchero, ahora es el problema del petróleo.  Sus comunidades están olvidadas y existen en los 5 continentes, allí en cada uno de ellos hay un Bioma.

 

 

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Foto: Jesuitas.lat

 

Nuestra Casa Común está enferma

MJ. El punto de inspiración del Sínodo dedicado al Amazonas, partió del documento llamado Laudato Sí. ¿A qué nos convoca hoy como sociedad la segunda Encíclica firmada por el Papa Francisco en el año 2015?

CPBJ.  La riqueza que tiene Laudato Sí, es que por primera vez en la historia de la Iglesia Católica se dedica un documento especial al cuidado de nuestra Casa Común que es la tierra, ella está enferma y agonizando. El primer capítulo se pregunta qué está pasando en nuestro mundo y el segundo narra cómo Jesús vivía en armonía con la naturaleza.

Un claro ejemplo de ello fue lo advertido hace pocos meses por el Instituto Geofísico Polar Danés, informaba que Groenlandia había perdido 11 millones de toneladas de hielo, en un solo día se volvieron agua. Europa vive grandes olas de calor que han cobrado vidas, el tema del cambio climático y el calentamiento global es serio y real.

MJ. ¿Qué está pasando con la Amazonía, reserva ambiental y de producción alimentaria. Cuál es la problemática frente a la emergencia que se vive en la región?

CPBJ. Aproximadamente un 20 % de toda la Amazonía se encuentra deforestada, cada país tiene sus propias cifras, pero por ejemplo en el Perú cada día se deforestan 427 hectáreas de bosques, mi pregunta es cuántas se forestan…Otro problema es que tampoco las comunidades indígenas y campesinas son respetadas en sus derechos fundamentales, no son propietarios de la tierra a pesar de vivir desde épocas ancestrales. La democracia y las repúblicas como Colombia, Perú y Argentina no tienen más de 230 años, pero las comunidades están en ese lugar desde hace 10 mil a 15 mil años y tienen una historia.

MJ. ¿Cómo se percibe el Amazonas y lo viven hoy las comunidades indígenas?

CPBJ. Para los occidentales se habló del descubrimiento de América, para los indígenas amazónicos no es ni descubrimiento ni nuevo mundo, es un avasallamiento. La Amazonía es una opción de misión evangelizadora y de acompañamiento a los indígenas.

Pero hay algunos que se acercan a la Amazonía, para llenar sus maletas de dinero y se van dejando las comunidades en postración y olvido es una actitud de explotación irracional de los recursos.

MJ. Colombia ha tenido que padecer el narcotráfico, especialmente en amplias zonas de corredores fronterizos. ¿Cuál es su percepción sobre este flagelo?

CPBJ. El narcotráfico no sólo se concentra en la Amazonía, también en las sierras y en otros lugares propicios para la siembra. Perú hoy es productor de narcotráfico, antes no lo era. Este fenómeno ha ido creciendo por la inmoralidad y corrupción, es una red internacional y detrás hay mucha gente que se lucra del negocio de la cocaína y no están exentos países que integran la región.

 

Dignificar la vida de los pueblos ancestrales

MJ. La utilización de químicos para la explotación del oro y otros recursos minerales generan graves enfermedades. ¿Cuál es el mapa social y humano de la Amazonía?

CPBJ. El uso del mercurio contamina el agua que afecta gravemente la salud humana y de la especie animal. La población indígena se enfrenta a un conjunto de problemas, hay crecimiento de la prostitución infantil, con gente que viene de fuera, hay marcada desnutrición en niños y ancianos, la trata y pérdida de personas es un drama social.

Sus enfermedades antes las trataban con plantas, pero muchos de ellos se han visto afectados por el desplazamiento y ha tenido que salir de manera forzada. Si su agua está contaminada, no saben cómo tratar el problema. Antes estaba todo controlado por ellos, un estado natural y equilibrado, hoy se ha perdido notablemente.

MJ. ¿Quiénes son los PIAV?

CPBJ. Son Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario, existen en más de 100 poblaciones, son aquellas que no están en lo que nosotros llamamos civilización; allí no hay una presencia del Estado han sobrevivido durante miles de años con lo que les provee la naturaleza.

MJ. ¿Cuál debería ser el rol de los nueve países que integran la Amazonia?

CPBJ. Dignificar la persona dentro de su contexto, darles la oportunidad para que estudien y puedan integrarse a zonas urbanas sólo si ellos lo quieren, pero conservándoles su propia identidad. Hay que verlos como hermanos indígenas amazónicos para poderles ayudar, valorar y respetar. Llegar a un diálogo con las culturas, sin atropellar su esencia y misión.

MJ. ¿Cómo hacer comprender al mundo político y empresarial la importancia de la Amazonía sin maltratarla?

CPBJ. A la mayoría del empresariado le interesa la riqueza del territorio, no las personas. Hay que hacer un profundo examen de conciencia, es un deber moral y ético. Son tres millones de indígenas representados en 390 pueblos, es la zona que produce el 20% del oxígeno del mundo y es uno de los dos pulmones del planeta junto la Cuenca del Congo en África. Las fuentes hídricas que nos abastecen provienen de estos lugares, si no las cuidamos y preservamos es posible que en 20 años no podamos consumir el agua que hoy bebemos. La importancia del Amazonas da cuenta de un menospreciado tesoro, que debemos mantener para las presentes y futuras generaciones.

MJ. ¿Un Sínodo clerical, con mensaje político?

CPBJ. El sínodo va a tener consecuencias en la vida de la Iglesia universal muy importantes, tenemos que ser conscientes que estamos en una lucha fratricida, vencer el mal a fuerza del bien. Preguntarnos qué es lo que da sentido a nuestra vida el poder o el dinero, llegar a ser altos dignatarios de un país o como empresarios ganar miles de millones.

MJ¿Cuál es el balance al concluir la Asamblea General del Sínodo?

CPBJ.  Ha sido un espacio de conversión pastoral, los indígenas han podido demostrar su sabiduría humana, espiritual y eclesial. El Sínodo termina con unas propuestas que se entregan al Santo Padre, quien ha sido un modelo de escucha. Las valorará y si considera conveniente en un periodo de dos a tres meses emitirá una Exhortación Post­­-Sinodal, que es un escrito apostólico para las próximas décadas. Lo que aporte el Sínodo será una propuesta para beneficio de la humanidad.