Arranca puja salarial

  • No asoma fácil lograr un consenso tripartito
  • Muchas expectativas y elementos exógenos

La próxima semana tendrá su primera sesión la Comisión de Concertación Salarial, con el fin de empezar a analizar las variables para el aumento del salario mínimo mensual en Colombia para 2019.

Aunque el arranque de la puja por el incremento en la remuneración mínima siempre genera mucha expectativa, es claro que en esta ocasión hay algunos elementos exógenos adicionales, empezando porque quedó en el tintero la propuesta del Centro Democrático, el principal partido de gobierno, en torno a viabilizar un aumento extraordinario este año al sueldo básico.

Como se sabe, si bien el gobierno Duque no se opuso a la iniciativa de su propio partido, tampoco se decidió a impulsarla de forma significativa. Es claro que faltando ya dos meses y medio para que termine este año, no hay tiempo suficiente para que se apruebe en el Congreso el proyecto de ley que le da facultades al Jefe de Estado para viabilizar ese incremento extraordinario que, cuando se propuso semanas atrás, logró el respaldo de los sindicatos y algunos gremios, pero no así del grueso del sector productivo y patronal.

A lo anterior hay que sumar que está sobre la mesa la posibilidad de que el próximo año el Gobierno lleve al Congreso un proyecto de reforma pensional que, como se sabe, siempre tiende a ser muy impopular, por más que sea evidente que el actual sistema de jubilaciones no solo tiene bajos niveles de cobertura sino problemas grandes para ser financieramente viable a mediano plazo.

De otro lado, también es inminente que el Ministerio de Hacienda lleve al Parlamento el proyecto de reforma tributaria que viene confeccionando desde hace varias semanas, sin que todavía se haya concretado el articulado. Como se sabe, allí estarían contempladas modificaciones en materia de IVA a más productos de la canasta familiar, ampliación de la base de pagadores del impuesto de renta y otros ajustes impositivos que podrían impactar de manera sustancial a la clase media y baja. A ello hay que sumar las inquietudes crecientes en torno a discusiones como la posibilidad de crear escalas de salarios por región u oficio, los altibajos en la formalización laboral, el creciente índice de desempleo este año, el impacto en el mercado laboral local de la ola migratoria venezolana, la violencia creciente contra líderes obreros, la crisis del sistema de salud, las nuevas realidades reflejadas por el censo poblacional en marcha y hasta las reformas proyectadas al rol de las cajas de compensación familiar, entre otros aspectos.

Por el momento es claro que la inflación se encuentra controlada y todo hace pensar que al cierre de este año el Índice de Precios al Consumidor (IPC) no crecería más allá del 4 por ciento, en tanto que la productividad empresarial no sería particularmente alta ni baja. En ese orden de ideas,  no será fácil igualar el aumento decretado en diciembre pasado para 2018, que fue del 5,9 por ciento.

No asoma, en consecuencia, una tarea fácil para la Comisión de Concertación Salarial, que dicho sea de paso no solo debe fijar el incremento para la remuneración básica de alrededor de 3 millones de trabajadores, sino que ese mismo porcentaje, como se sabe, es un referente de reajuste, igual o ponderado, para el resto de la masa laboral en el país.

Gobierno, sindicatos y empleadores han dicho que llegan a la mesa con una actitud proactiva y en pos de lograr un acuerdo equilibrado. Es más se trae a colación que hace unos pocos días empresarios, gremios y trabajadores firmaron el llamado “Pacto por el trabajo decente”, que tiene como fin incentivar la empleabilidad, promover el acceso a la protección social, velar por el cumplimiento y respeto por los derechos de los asalariados y fortalecer el diálogo social. En ese orden de ideas, la discusión alrededor de cuánto aumentará el sueldo básico para el próximo año asoma como el primer escenario para poner a prueba el citado pacto.

Que arranquen, pues, las negociaciones y que esa disposición a trabajar en pos de un mejor clima laboral en el país se empiece a concretar en la mesa.