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“Quise desentrañar el alma de un genio musical”

Foto cortesía

El autor de canciones entrañables como “Prende la vela” o la emblemática “Colombia, tierra querida”, Lucho Bermúdez, es el protagonista de la más reciente obra del escritor Gustavo Tatis, donde los lectores podrán conocer el lado humano de este “genio musical”, como lo señala el autor.

Sobre “Lucho Bermúdez, el genio prende la vela”, como se titula el libro, el autor relató a EL NUEVO SIGLO las razones que lo llevaron a escribir esta sentida biografía, los momentos más cruciales del compositor y algunos detalles de las historias que se podrán encontrar en el ejemplar, que se lanzó esta semana en todas las librerías del país.

EL NUEVO SIGLO: ¿Por qué decidió seguirle los pasos a Lucho Bermúdez para esta, su más reciente obra?

GUSTAVO TATIS: Desde niño me crie escuchando los porros de Lucho Bermúdez, que era la música que había hecho felices a Honorio y Yola, mis padres. Su música puso a bailar a mis abuelos y a mis padres en más de medio siglo de historia. Bastaría que sonara “Carmen de Bolívar”, “Prende la vela”, “Marbella”, “Tina”, “Colombia, tierra querida”, “Salsipuedes” o “Fiesta de negritos” para que la nostalgia nos saque a bailar.

Luego, tuve el privilegio de conocerlo personalmente y de escucharlo en alguno de sus conciertos. Además, me permitió una entrevista en su casa de Bogotá, en 1993, un año antes de morir. Me sorprendió saber que había compuesto un millar de canciones y que tenía guardadas en un baúl otros centenares de arreglos de música en todos los géneros, no solo música tradicional del Caribe, sino de más allá de Colombia, música antillana, boleros, mambos, chachachás, y arreglos de música sinfónica y jazz.

Llegué a la certeza de que es el músico más completo y versátil que ha tenido Colombia en toda su historia, que fue exigente y magistral en todos los géneros musicales que trabajó a lo largo de 82 años de vida. Mucho antes de que se cumplieran los 100 años de su natalicio en 2012,  ya tenía una serie de entrevistas a sus amigos y familiares, a su primera esposa Leda Montes que murió de 105 años en 2020; había rastreado las huellas de Matilde Díaz, su segunda esposa, y de Elba Gallo, su última esposa; había contactado a sus hijos y a la familia de Plinio Guzmán, su mejor amigo y su médico hasta la muerte, y había recorrido El Carmen de Bolívar, su tierra natal, y los Montes de María, para trazar una línea de tiempo vital, emocional y musical de Lucho Bermúdez.

ENS: Todos conocen la figura musical, pero ¿cómo fue develar al Lucho humano y su lado más personal?

GT: Mi interés fue siempre ir tras el lado humano y la vida del músico Lucho Bermúdez. No hay una sola composición de Lucho Bermúdez que no sea el relato de un paisaje, una relación humana en la que siempre están las mujeres, los amigos, los episodios entrañables de su vida en El Carmen de Bolívar, Cartagena, Aracataca, Santa Marta, su peregrinaje por el Magdalena Grande, los Montes de María, el Sinú, y las grandes ciudades capitales: Bogotá, Medellín, Cali, y su paso por Buenos Aires, La Habana, México, Venezuela, entre otras cosas.

Quise desentrañar las historias que hay dentro de sus canciones y descifrar el alma del genio musical. Leí todo lo que se ha escrito hasta ahora sobre él, en archivos de prensa desde que Lucho Bermúdez llegó a Bogotá y se presentó con su orquesta hasta su muerte. Pero desde un principio, supe que lo mío no era nada académico, sino un retrato humano del músico y del genio, escrito como una intensa crónica de más de 200 páginas. El lado humano lo amplié en la serie de entrevistas a sus hijos, amigos y familiares, en sus propias palabras y en sus propias canciones.

ENS: ¿Cuáles fueron los momentos más cruciales de la vida del compositor?

GT: Desde niño Lucho Bermúdez vivió momentos dramáticos. La muerte temprana de su padre cuando él tenía escasos tres años. La vida con su abuela y su tío abuelo en El Carmen de Bolívar fueron años de infancia inspiradores, y momentos de plenitud para descubrir de manera precoz su vocación musical en el patio de su casa. Luego, su mudanza y errancia por Santa Marta, Aracataca, la estación de Ciénaga, en donde fue testigo histórico como joven director de la Banda Militar del Batallón Córdoba, de la Masacre de las Bananeras.

Más tarde, sufrió con las violencias que han desangrado al país y a su región desde que El Carmen de Bolívar fue el emporio de la bonanza tabacalera, como el Magdalena Grande fue el emporio de la bonanza bananera que culminó en el episodio trágico de la masacre de los trabajadores de la United Fruit Company.

Tal vez uno de los episodios de sufrimiento de Lucho Bermúdez fue la separación de su segunda esposa Matilde Díaz, con quien conformaba no solo un matrimonio sino un dúo musical único e inseparable, que marcó un destino en la música regional, nacional e internacional. La ruptura conyugal fue también una ruptura musical, porque Lucho Bermúdez no volvió a encontrar una voz inigualable como la de Matilde Díaz en todo el país.

En el libro reconstruyo al Lucho Bermúdez disciplinado, metódico, ingenioso, visionario y organizado de su orquesta, al padre amoroso, al amigo de sus amigos, galante con las mujeres y al hombre sentimental que lloraba junto a Plinio Guzmán todos los diciembres cuando las campanas anunciaban las cinco para las doce del fin de año.

ENS: Al recoger los pasos del músico en su libro, ¿de qué manera cambió su perspectiva sobre él?

GT: Más que un cambio de percepción o perspectiva, escribir el libro me reafirmó la certeza de que estábamos ante un genio musical. Más allá de su muerte en 1994, su música sigue permeando lenguajes sonoros y rítmicos en Colombia, en las nuevas generaciones, y, además, sigue impactando en los diversos formatos musicales en el mundo, desde la música tradicional hasta los formatos sinfónicos, corales y jazzísticos.

Lucho Bermúdez es el músico que más versiones tiene en distintos géneros en el mundo. Se oye, canta y baila en Japón, China, París, Londres, Nueva York, y se estudia en varias universidades de música. No hay nada más conmovedor que un colombiano en el exterior escuchando “Colombia, tierra querida”, poema e himno de los colombianos, considerado el segundo himno nacional. En verdad, dentro y fuera de Colombia, se nos arruga el corazón al escucharla.

ENS: Cuando escucha la obra musical de Lucho, ¿a qué lo transporta?

GT: A mí me lleva al patio natal y a los patios sin alinderar de las sabanas y de la maravillosa tierra de los Montes de María, donde el cielo se desliza sobre el infinito. Me lleva a recorrer el país en sus cuatro puntos cardinales, desde el mar a las cordilleras, el Caribe y la zona andina, a recorrer las aldeas y a conocer seres generosos y entrañables como Plinio Guzmán, amigo del alma de Lucho Bermúdez, a Arturo García, a probar los marañones perdidos de los patios del barrio Torices en Cartagena, a sentir la cadencia de las mujeres colombianas desde El Carmen de Bolívar, Palenque, San Diego, Chambacú, Salsipuedes en Medellín, Bogotá o Cali. La música de Lucho Bermúdez nos lleva a reconciliarnos con la riqueza natural y humana de ese país diverso.