Sobreexplotación de caracol burgao limitaría control de algas

Foto UNAL

Cittarium pica, caracol conocido como cigua o burgao en el Caribe continental colombiano, es víctima de sobreexplotación con fines ornamentales y de consumo, lo que afecta las tallas de los que se conservan hoy.

Esto repercute en la cadena alimentaria del ecosistema que habita esta especie, pues al extraer los ejemplares más grandes para venderlos, predominan individuos pequeños, lo que impediría un control efectivo por parte de estos organismos sobre las algas, además de poner en riesgo la supervivencia de la especie.



Estos son algunos resultados de la investigación realizada en el Parque Nacional Natural Tayrona por Carlos Andrés Daza Guerra, magíster en Ciencias - Biología del Instituto de Estudios en Ciencias del Mar (Cecimar) de la Universidad Nacional (UNAL) Sede Caribe, en cooperación con el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar).

Su estudio, dirigido por el profesor Sven Zea, de la UNAL, y codirigido por Adriana Osorno, investigadora del Invemar, buscaba evaluar el efecto o control que ejercía Cittarium pica sobre el ensamblaje algal del mesolitoral rocoso de esta zona.

Esto, teniendo en cuenta la fuerte presión que sufre esta especie por parte de los seres humanos en lugares como Santa Marta y el Parque Tayrona, donde se concentra el 35,3 % de las personas dedicadas a explotar este recurso en el Caribe continental colombiano.

Este caracol, de concha fuerte, de color crema y con manchas azules, habita la zona del mesolitoral e infralitoral superior de los litorales rocosos y se distribuye en el Gran Caribe, desde los cayos de la Florida y las Antillas Mayores hasta la costa norte de Suramérica.

Se considera como una especie de alta importancia ecológica, ya que es un gran consumidor de algas, y a su vez es fuente de alimento de muchos peces, aves, pulpos y otros caracoles.


Se considera como una especie de alta importancia ecológica, ya que es un gran consumidor de algas, y a su vez es fuente de alimento de muchos peces, aves, pulpos y otros caracoles.


Aunque alcanza una talla de hasta 18 cm –uno de los más grandes que habita el intermareal rocoso–, en Santa Marta y el Parque Tayrona se ha estimado una talla promedio de 2,36 cm, lo cual pone en riesgo su población, que ya está catalogada como vulnerable en el Libro rojo de invertebrados marinos de Colombia.

Para llevar a cabo el estudio, apoyado por Catalina Gómez, también magíster en Ciencias – Biología del Cecimar, se plantearon experimentos que consistían en incluir o remover los ejemplares de Cittarium pica empleando jaulas de exclusión en el mesolitoral rocoso, zona que está entre la tierra y el agua.

Para el experimento se diseñaron cuatro tratamientos: en uno se añadieron cuatro individuos con tallas entre 2 y 4 cm –tamaños predominantes en la zona–; en el otro se instaló sin herbívoros, y los otros dos fueron de control: en uno solo se marcaron las esquinas de los cuadrantes, y el otro consistió en una jaula semiabierta para observar el efecto del artefacto sobre las algas.

¿Control de algas en el pasado?

Inicialmente los investigadores creían que el caracol ejercería un control sobre las algas –como lo han indicado otros autores–, pero se observó que C. pica solo favorecía ligeramente al alga coralinácea incrustante Lithophyllum sp., beneficiando su desarrollo, y no se logró evidenciar un efecto claro de herbivoría, es decir consumo de material vegetal por parte de animales sobre los demás grupos de algas (frondosas, filamentosas y costrosas).

Lo anterior podría obedecer a que hoy, como predominan ejemplares de tallas pequeñas, el control por herbivoría ejercido en el pasado por ejemplares grandes sobre el ensamblaje algal no sea evidente en el presente.



Por otro lado, a mediados de mayo, en el transcurso de la investigación, se presentó una mortandad algal relacionada con la coincidencia de variables ambientales como la disminución de la velocidad del viento y por consiguiente del oleaje que baña el litoral rocoso durante el mediodía.

Esto generó una fuerte exposición solar que aumentó la temperatura en la zona, insolando y quemando las algas y propiciando su mortandad.

Es probable que estos fenómenos sean recurrentes y que esa disminución incluso esté limitando las poblaciones de C. pica, pues estos organismos quedan sin alimento y sin protección. Es decir, el caracol no solo no está ejerciendo un control algal evidente, sino que, por el contrario, podría estar siendo controlado por el ensamblaje algal.

El investigador Daza recomienda seguir realizando este tipo de experimentos en los ecosistemas marinos tropicales para entender la importancia ecológica de las diferentes especies que habitan nuestros mares y cómo se afecta la cadena alimentaria de los ecosistemas marinos por la presión que ejerce sobre ellos el ser humano, ya sea mediante la pesca o la contaminación.