Derecha asistencialista, izquierda austera: las lecciones de Bolsonaro y Amlo

Foto archivo AFP
La expansión del gasto público en Brasil y México ha seguido caminos divergentes. Mientras que en el primero ha representado el 11% del PIB, en el segundo sólo el 0,7 ¿No se supone que los socialistas se endeudan y gastan más? ¿Que la derecha es la de la austeridad? 

___________

Más austera es la derecha que la izquierda en el gasto público. Esta idea se repite sin cesar y, como toda verdad a medias, se ha convertido en un paradigma. La izquierda, dicen, se endeuda para los pobres; la derecha, en oposición, no se endeuda o si accede a crédito lo hace para el gran capital. No siempre es así, sin embargo. Miren el caso de México y Brasil en medio de la crisis del coronavirus.

El gobierno de Jair Bolsonaro -ultraderecha, neoliberal y a favor del gran capital- se ha endeudado como nunca lo había hecho ninguna administración en Brasil. Su ministro de Hacienda y hombre más neoliberal de América Latina, con quizá algunos chilenos, Pablo Guedes, se ha opuesto a ello. Pero el “capitao” ha seguido su camino asistencialista.

En cambio, endeudarse no ha sido una opción para Andrés Manuel López Obrador (Amlo). Socialista y poco amigo de las grandes empresas, López Obrador ha entendido que solicitar créditos a los organismos multilaterales lleva a los países a quedar a expensas de los tenedores de bonos y los acreedores. Ha preferido la austeridad, un camino conocido y que ha descrito a gobiernos de derecha en momentos de crisis económica (España 2008, Inglaterra 1980).

En un reciente estudio publicado por la Society for the Estudio of Economic Inequaility (Ecine, agosto 2002) sobre el impacto del coronavirus en América Latina se dan detalles de estas diferencias de gasto entre Bolsonaro y López Obrador. Ha habido “un gran efecto compensador en Brasil y Argentina, mucho menos en Colombia. En México, no ha habido tal expansión”, dice, en referencia a las asistencias sociales destinadas a los más pobres.

Los diferentes enfoques muestran que las políticas expansionistas y la austeridad no están directamente relacionadas con la posición política. Que el sello de ser de izquierda o derecha no significa todo en política, ni en economía, ni en muchos aspectos de la gestión pública.

Paradójicamente Brasil ha expandido su gasto fiscal como si, en vez de estar en la época de Bolsonaro, el país siguiera gobernado por Lula o Rousseff. Pero esa es precisamente una de las enseñanzas que empieza a dejar la pandemia: no se confíen, la derecha o la izquierda gastan o no gastan; depende de quién esté al mando. 

La contracción de la economía Brasil fue del 9,7% el segundo trimestre, según el Instituto Igarapé. Lo que se traduce en que el país tiene el mismo tamaño que hace 11 años. Para salir del estancamiento económico, Bolsonaro ha destinado cerca del 11% del PIB para gestionar la pandemia en todos sus frentes. Antes criticadas por el mandatario, la expansión de las políticas asistencialistas se ha convertido hoy en su principal objetivo.

Para sopesar el impacto en los más desfavorecidos Brasil ha gastado 213.000 millones de reales (39.000 millones de dólares), alrededor del 2% del PIB, en una donación de emergencia de 600 reales al mes para los brasileños que ganan el salario mínimo de 1.045 reales al mes. Estos gastos cubren a 67 millones de personas, una base -dicen sus críticos- que es usada por el presidente para la campaña presidencial en dos años. Estas tesis no parecen fuera de contexto. En una encuesta publicada por The Economist se encuentra que en el noreste -zona más pobre del país- “la proporción de personas que calificaron el desempeño del gobierno como "malo" o "terrible" cayó del 52% en junio al 35% en agosto”.

Reducir la pobreza y la inequidad, con pandemia o sin pandemia, ha sido una obsesión de los gobiernos de América Latina en las últimas décadas. Hasta qué punto han logrado reducir los penosos niveles en estos dos frentes aún es incierto. Pero existe una opinión generalizada de que, por más crisis que haya, es necesario esforzarse al máximo no perder los avances sociales.

La mayoría de los estudios publicados hasta el momento dicen que la expansión del gasto ha sido el catalizador para frenar en alguna medida la pobreza. “Los gobiernos que han introducido expansiones sustanciales de la asistencia social existente o programas completamente nuevos (Argentina y Brasil) han podido compensar una parte significativa de la pobreza causada por la crisis”, dice Ecine.

Para López Obrador acceder a deuda para ampliar gasto puede llevar, paradójicamente, a más pobreza. Gastar menos, entonces, es el camino. Una fórmula conocida desde “la crisis de la deuda” y las posteriores medidas adoptadas por los gobiernos por orden del FMI. En su senda por la austeridad, López sólo ha autorizado incrementar el gasto en 0,7%, lo que cubre a sólo un 22 de los 52 millones de pobres en México, según Animal Político.

El presidente de México siempre ha pensado igual. En un libro -una vez dijo que sólo vivía de ellos- escrito por él, “Fobaproa: Expediente Abierto”, describe cómo una deuda privada de unos banqueros se convirtió en deuda pública. No está muy lejos de los que ha decidido ahora. Endeudarse para López significa meterse a la mano a los bolsillos para salvar a grandes conglomerados empresariales, y para nada más. Entonces, no hay que hacerlo.

En los tiempos del expansionismo, que algunas llaman “keynesianismo”, la izquierda en México es más austera y la derecha en Brasil más asistencialista. La paradoja de dos países donde los dogmatismos políticos se desboronan con la evidencia que presentan, día a día, estos líderes de dos gigantes de América Latina que navegan entre sueños, conspiraciones y un deseo de ser algo más que socialistas o neoconservadores. Ellos son ellos. Son el delirio populista. Pero también la forma de que no todo es tan obvio en la izquierda, menos en la derecha.

*MPhil en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Oxford.