Pantanal: el humedal más grande del mundo sigue en llamas

Foto Anadolu

Las imágenes que llegan desde el Pantanal, el humedal tropical más grande del mundo, son desoladoras. Un jaguar agoniza en el Parque Estatal Encontro das Aguas; un caimán carbonizado cerca de la ruta Transpantaneira parece haber encontrado su fin en medio de una carrera desesperada entre las llamas y, en el cielo, una bandada de guacamayos azules vuela haciendo círculos, desorientados ante la imposibilidad de volver a sus nidos en las altas palmeras de la hacienda Sao Francisco.

Además de a las aves, los caimanes, los jaguares, venados, marsupiales y serpientes, entre otras especies que habitan los 250.000 kilómetros cuadrados de extensión que tiene el Pantanal, los incendios forestales que fueron incrementándose en los últimos cinco meses también ponen en riesgo a las más de 40.000 personas que habitan en la reserva y sus alrededores.

Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE, por sus siglas en portugués), solo en la primera mitad de septiembre se registraron 5.603 focos de calor, lo que ya es un récord histórico para este mes desde el comienzo del monitoreo, en 1998. El anterior mayor registro le correspondía a septiembre de 2007, con 5.498 focos.

De acuerdo con el instituto, 2020 es el año de mayor devastación por incendios forestales en la historia del Pantanal, con 15.756 focos de calor registrados, muy por encima de la marca anterior, perteneciente a 2005, con 12.536 focos.

Desde que comenzó el año, más de 24.000 kilómetros cuadrados (el equivalente a la superficie total de países como Macedonia o Belice) fueron consumidos por el fuego. Se trata de 2.300.000 hectáreas, el 15% del total del Pantanal, que se ubica entre el extremo oeste de Brasil y que ocupa los estados de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, y sus fronteras con Bolivia, Argentina y Paraguay.

Dentro de la planicie húmeda se encuentran el Parque Estatal Encontro das Aguas, conocido por ser el hogar de la mayor concentración de jaguares en el mundo, la Tierra Indígena Perigara, en Mato Grosso, y buena parte de la Sierra Amolar, en Mato Grosso do Sul.

Tragedia

Sin embargo, mucho más allá de los números, los incendios en el Pantanal son una tragedia para el bioma que, hasta ahora, era uno de los más preservados del país, albergue de muchas especies ya extintas en otras regiones. La situación crítica y descontrolada ocurre en medio del período de sequías, bajo un contexto desfavorable por donde se lo mire, ya que la época de lluvia precedente fue “seca” si se la compara con el promedio histórico.

“Aunque estamos atravesando una estación seca, muchas de las áreas del bioma aún deberían estar inundadas por las lluvias de meses anteriores. No obstante, se han secado, dejando buena parte de la vegetación expuesta al fuego. Por si todo esto fuera poco, los niveles de agua del río Paraguay, uno de los más importantes del lugar, está en un punto crítico”, dijo Julio Sampaio, coordinador del Programa Cerrado Pantanal de la ONG World Wide Fund for Nature (WWF) Brasil.

“Aunque estamos atravesando una estación seca, muchas de las áreas del bioma aún deberían estar inundadas por las lluvias de meses anteriores. No obstante, se han secado, dejando buena parte de la vegetación expuesta al fuego”, Julio Sampaio, WWF Brasil

La histórica marca de incendios avanza en el país aún a pesar de la prohibición de quemas en el bioma y en la Amazonía decretada por el gobierno federal y firmada por el presidente Jair Bolsonaro el pasado 16 de junio. “Las medidas llegaron cuando los números ya eran altos y los incendios imparables. Esa lentitud fue fatal para el Pantanal”, opinó Sampaio. Por su parte, Bolsonaro dijo que las críticas contra su Gobierno por la devastación en el Pantanal y la Amazonia son “desproporcionadas”.

Además de la lucha contra las llamas, también se investiga qué o quiénes habrían generado el comienzo de los focos. Según la Policía Federal (PF), cuatro granjeros están siendo investigados. “Los incendios que se iniciaron en junio y julio solo pueden haber sido ocasionados por humanos”, aseguró Daniel Rocha, vocero de la PF.

Casi un 95% de la superficie total del Pantanal es propiedad privada, y gran parte del terreno se utiliza para pastoreo de ganado. Los especialistas en medioambiente y los investigadores en la zona creen que varios de los focos registrados comenzaron con incendios planificados para limpiar áreas de cultivo o pastizales.

Más allá de que las prácticas ganaderas ya tienen más de dos siglos en esta región, el Pantanal consiguió mantener casi un 90% de la cobertura vegetal nativa debido, principalmente, a que fue reconocido como Reserva de la Biósfera por la Unesco. Además de la concentración de jaguares, el bioma es el hogar de 159 especies de mamíferos, 656 especies de aves, 325 de peces, 98 de reptiles, 53 de anfibios y más de 3.500 clases de plantas. También es hábitat de más de 10 millones de caimanes, lo que transforma a este lugar en uno de los principales santuarios de la especie en el mundo.

Al igual que los caimanes y los jaguares, los guacamayos azules, una de las aves más características y preservadas de la región, corren peligro debido a que las llamas amenazan con destruir por completo su refugio principal, ubicado dentro de las 25.000 hectáreas que componen la hacienda Sao Francisco, en el extremo norte del Pantanal, vecina de la Tierra Indígena Perigara, de la etnia Bororo, que también se encuentra en estado de alerta. La conservación de las palmeras donde anidan y viven los guacamayos azules ha sido una prioridad de los propietarios de Sao Francisco durante los últimos 60 años.

Urgente contención

Para evitar que los incendios lleguen a las áreas de construcciones turísticas y residenciales, una brigada privada creada entre los dueños de los hoteles y agentes de turismo trabaja sin parar. Algunos de los voluntarios suelen combatir el fuego durante tres días consecutivos, sin descanso. Sin embargo, según estiman los creadores de la brigada, entre los brigadistas propios y los enviados por el gobierno nacional, la proporción es de un hombre por cada 350 kilómetros.

Además, la logística en el Pantanal no es nada sencilla, ya que para recorrer los 160 kilómetros de la ruta Transpantaneira, principal arteria transitable de la región, la demora es de aproximadamente cinco horas en automóvil. Pero, contrariando los reclamos por la falta de acción del gobierno federal, el Ministerio de Defensa brasileño niega que el número de efectivos sea insuficiente.

A mediados de septiembre, en el auge de los incendios en el Pantanal, representantes de Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Dinamarca, Noruega, Holanda y Bélgica le enviaron una carta a Hamilton Mourao, vicepresidente brasileño, en la cual dicen estar “profundamente preocupados con esa devastación”, que podría comprometer “el desarrollo sustentable del país”.

Estos países se encuentran agrupados en la Declaración de Amsterdam, que es una sociedad entre naciones para incentivar la sustentabilidad y cadena de producción de commodities (mercancías).

A pesar del prestigio que el INPE ganó internacionalmente, el gobierno federal ve a la institución científica como un adversario, debido a que sus registros “reflejan el aumento en la destrucción de los biomas”.

A pesar del prestigio que el INPE ganó internacionalmente, el gobierno federal ve a la institución científica como un adversario, debido a que sus registros “reflejan el aumento en la destrucción de los biomas”.

Pero más allá del INPE, existen otras entidades que también registran la destrucción. Según Global Forest Watch, que posee una plataforma de monitoreo de bosques, Brasil es el responsable de la destrucción de un tercio de todos los bosques tropicales vírgenes que fueron deforestados en el planeta en 2019, equivalente a 1.300.000 hectáreas perdidas.

La presión de los inversores extranjeros surtió efecto en el gobierno de Bolsonaro y el propio Salles se vio a obligado a lanzar, desde el ministerio de Medio Ambiente, la Secretaría de la Amazonia y Servicios Ambientales, un organismo especializado en tratar las quemas y la deforestación en los principales biomas brasileños.

Como consecuencia de la devastación en el Pantanal y la Amazonia, además de las regiones cercanas, que ya se ven afectadas por el humo, estados más lejanos, como Sao Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro podrían sufrir alteraciones en el color del cielo y existen riesgos de “lluvias negras”, según Metsul, empresa especializada en meteorología.

De hecho, las gotas negras de lluvia ya fueron reportadas en Río Grande do Sul y Santa Catarina, estados del sur brasileño. En este último caso, el departamento de Defensa Civil catarinense confirmó que se trataba de precipitaciones contaminadas por partículas de humo de los incendios del Pantanal.