¿Censura?

Hace unos días se anunció el final de un polémico noticiero de televisión que se emite los fines de semana, con una clara e inclinada línea política y editorial. Sus directivos anunciaron que saldrán del aire debido a problemas financieros, producto de su baja audiencia. A pesar de esas razones objetivas, reconocidas por los dueños del canal, muchos oportunistas salieron a responsabilizar al Gobierno.

Siempre es una mala noticia que se cierre un medio, por más cuestionamientos que haya sobre su objetividad periodística, y a pesar de las diferencias que uno puede tener con su línea editorial, la pluralidad de opiniones enriquece los debates nacionales. Pero resulta muy irresponsable que algunos “periodistas” acudan a la mentira, señalando al Gobierno de censurar.

¿Será porque se les acabó la fiesta de la pauta oficial? Mientras el gobierno anterior se gastó más de 250 mil millones de pesos en pauta, durante su primer año, el Gobierno Duque la redujo a menos de 90 mil, limitándola a lo estrictamente necesario. Entregar miles de millones de pesos del Estado para complacer medios y periodistas, es corrupción, es comprar a la prensa y limitar su libertad. Tan cuestionable es repartir “mermelada” para comprar gobernabilidad, como repartir pauta para comprar opinión.

Hay que reconocerle esa actitud al Presidente, eso llama austeridad, respeto a la prensa libre y carácter. A pesar de la andanada de críticas virulentas que ha tenido que soportar de sus críticos, que antes eran corifeos a sueldo de Palacio, no se deja doblegar ante al chantaje, ni anda comprando aplausos con dinero de los contribuyentes. Algunos periodistas, columnistas, políticos y abogados utilizan la calumnia, los insultos, la mentira, el matoneo y la burla para intimidar funcionarios, con el objetivo de someterlos a un chantaje moral, para que accedan a sus pretensiones políticas y económicas.

Tratan de quitar y poner funcionarios a través de sus micrófonos y sus columnas, no les tiembla la mano ni la voz, para acabar con la honra y el buen nombre de una persona. Arman escándalos, condenan sin juicio y sin pruebas a sus contradictores. Son intolerantes a la crítica, se reservan el derecho exclusivo a cuestionar, linchan, son los dueños de la verdad revelada. Tramitan sus intereses particulares escondidos bajo el “periodismo independiente”. Ahora patalean porque están perdiendo pauta, poder y capacidad de chantaje.

Pero una actitud tan ruin no puede opacar a los medios y a los miles de periodistas que ejercen su profesión con ética y altura. Las dificultades económicas que están sufriendo los medios de comunicación, y que tristemente han llevado al cierre de algunos y al despido de muchos, nos obliga a pensar soluciones que garanticen una prensa libre, pilar fundamental de la democracia. Pero no pueden pretender que el Estado ocupe el vacío que están dejando los anunciantes. Esa dificultad, que es mundial, no es atribuible al Gobierno, ni puede servir de excusa para señalarlo de censor.

A propósito: Es conocida la doble moral del jefe de la Policía Secreta del Gobierno del proceso 8.000, el del Norte del Valle, conocedor como el que más de prácticas mafiosas, por su amplia experiencia. Sus intimidaciones no ameritan mayores comentarios.

@SamuelHoyosM