¿Viene una nueva era de violencia criminal?

Foto cortesía Policía Nacional

La producción de cocaína en Colombia rompió nuevos récords en 2017, lo que podría marcar el inicio de una nueva era de violencia criminal entre los muchos actores armados que compiten por el control de la lucrativa industria, en medio de los cambios de la dinámica criminal motivados por la salida de la guerrilla de las Farc.

Así arranca el análisis preparado por Parker Asmann con colaboración del Observatorio Colombiano de Crimen Organizado de la fundación InSight Crime sobre el Informe de Monitoreo de Territorios Afectados por Cultivos Ilícitos 2017, preparado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), en el marco del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos en Colombia (Simci).

Como lo publicó ayer EL NUEVO SIGLO, Colombia sigue siendo el principal productor de cocaína del mundo al registrar aumentos históricos de las plantaciones de coca y de su capacidad para producir esa droga.

Los cultivos de hoja de coca crecieron 17% hasta 171.000 hectáreas, mientras que el potencial de producción de cocaína subió 31% respecto de 2016 a 1.379 toneladas, un récord desde que comenzaron estas mediciones en 2001, dijo Unodc.

Las cifras concuerdan con la tendencia señalada en junio por la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas (Ondcp), del gobierno de Estados Unidos, según las cuales, “alcanzando un nivel sin precedentes”, el cultivo de coca en Colombia aumentó un 11% de 188.000 hectáreas en 2016 a 209.000 hectáreas en 2017, mientras que la producción de cocaína pura potencial colombiana también aumentó en un 19% de 772 toneladas métricas en 2016 a 921 toneladas métricas en 2017.

En su documento, Asmann llama la atención sobre que, según Unodc, la región del Pacífico concentra casi 40% de los cultivos de la hoja, seguida por la región central, con poco más de 30%. La extensión cultivada con coca en el país ha crecido constantemente desde 2013.

Sostiene la publicación de InSight Crime, que el continuo incremento en la cantidad de coca plantada en Colombia puede explicarse, en parte, por los esfuerzos del gobierno para cumplir una ambiciosa meta de erradicación que incluye un programa de sustitución de cultivos de coca amenazado por la violencia criminal y la falta de alternativas viables para los cultivadores, además de otros obstáculos de índole político y logístico.

Este repunte continuado en la producción de cocaína ha dado pie a un incremento de la violencia criminal, en el que el protagonismo lo tienen el Eln y los disidentes de las Farc por ser los principales actores armados que ejercen influencia en el negocio de esta droga en Colombia, aunque existe también otro gran número de grupos de menor tamaño disputándose el control, dinámica criminal que destaca en cuatro áreas importantes afectadas por el catapultamiento de la producción de cocaína.

La respuesta del Gobierno (incrementando la presencia de tropas en corredores claves de narcotráfico) ha surtido un efecto globo, con el desplazamiento de los actores criminales y sus actividades de narcotráfico a regiones fronterizas claves en Ecuador y Venezuela.

Las cuatro áreas clave consideradas por Asmann son Nariño, Bajo Cauca, Catatumbo y Guaviare.

Como se ve son zonas fronterizas, incluyendo el Bajo Cauca antioqueño donde la ‘joya de la corona’ es el control del puerto de Turbo.

Aquí cabe tener en cuenta un asunto crucial que se pasa por alto cuando se menciona el consumo de droga en Norteamérica y la acción de los carteles mexicanos: que Brasil es el segundo mayor consumidor mundial de cocaína y que por largo tiempo ha sido usado como punto de embarque, mientras que Venezuela también es un punto de trasbordo fundamental.

Según Unodc, Nariño sigue siendo la principal región productora de coca con 45.735 hectáreas cultivadas en 2017 y donde las fuerzas de seguridad han obligado a los grupos criminales a innovar e incursionar al otro lado de la frontera de Ecuador, como ocurre con uno de ellos, la muy mentada disidencia de las Farc liderada por el ecuatoriano Walter Arizala, alias “Guacho” (Frente Oliver Sinisterra).

En el Bajo Cauca el número de hectáreas de coca cultivadas aumentó en 55% en 2017, en medio de una guerra desatada por el grupo paramilitar Caparrapos (escisión del Clan del Golfo) en alianza con el Eln y las disidencias de las Farc (más exactamente del Frente 36) contra el Clan.

Aunque en el Catatumbo el aumento de los narcocultivos (14%) fue menor que en Nariño y Bajo Cauca, la situación puede cambiar en el futuro porque a los crudos enfrentamientos de Los Pelusos (disidencia del Epl que se desmovilizó en los 90) con el Eln se suma la llegada de Géner García, alias “Jhon 40”, jefe disidente del Frente Primero, para reclutar a los excombatientes del Frente 33 de las Farc.

García expandiría así su operación criminal desde Guaviare, donde se ha fortalecido con producciones récord de cocaína, aunque menores que las de las zonas ya mencionadas.