Merenberg será centro de investigación científica

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Una familia de origen alemán se ha encargado de conservar un bosque del Macizo colombiano durante 90 años. Hoy, los herederos del predio, conocido como la Reserva Natural Merenberg, quieren convertirlo en un centro para la investigación científica y académica.

Eran tiempos legendarios, en los que Karl Kohlsdorf y Elfriede Oertel, empezaban a acomodarse en los bosques de niebla y robles del municipio de La Plata (Huila), en la cordillera central, para fundar su hogar y la que sería la primera iniciativa de conservación privada del país.

“Mi abuelo Karl nació en 1886. Se graduó como agrónomo y fue experto en cacao. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, fue soldado y cayó prisionero en Marruecos. Más tarde fue trasladado a Francia y allí conoció a mi abuela. Se casaron y tuvieron una granja en la frontera con Polonia, pero por la depresión del 29 decidieron venir a Colombia, donde mi abuelo había sido profesor de agronomía, entre 1920 y 1924, en la Universidad Nacional en Bogotá”, cuenta Svanhild Büch, quien en los últimos seis años se ha dedicado a escudriñar en su historia familiar y a corroborar con cartas, escrituras, fotos y diarios, la contribución invaluable que hicieron sus padres y abuelos para la conservación del lugar que encontraron.

Karl llegó en 1930 y una década más tarde, en 1942, dice Svanhild, inició la construcción de la carretera para conectar a Merenberg con el casco urbano de La Plata; una obra que atrajo invasores de tierras.

Luis Germán Naranjo, director de Conservación y Gobernanza de WWF Colombia, escuchó por primera vez de Merenberg en 1981.

La importancia biológica de Merenberg, cuenta Luis Germán, tiene que ver con que está dentro del corredor que conecta dos áreas protegidas: el Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos y el Parque Nacional Natural Puracé. También, con su cercanía a los bosques andinoamazónicos, lo que explica en buena medida esa diversidad compuesta por cusumbos, guaguas, armadillos y más de 190 especies de aves, además de decenas de especies de flora como roble blanco, cedro rosado, pino colombiano y diferentes tipos de palmas.

“Allí han realizado 76 nuevos registros de especies para la ciencia, lo que demuestra su importante potencial para la investigación y la conservación de la región”, dice Carlos Mauricio Herrera, especialista de áreas protegidas y estrategias de conservación en WWF Colombia, quien ha estado respaldando el desarrollo de un plan de manejo que permita que Merenberg mantenga y restaure ecosistemas de bosque de niebla, relictos de roble blanco y humedales; preserve los hábitats y corredores de las especies de flora y fauna; y conserve las condiciones ambientales de las que dependen servicios ecosistémicos como la regulación hídrica