'De Boyacá en los campos': crónica de una gesta

Diana Rubiano / El Nuevo Siglo
200 años después de que se lograra la victoria en el Puente de Boyacá, los soldados vuelven de gala para conmemorar la madre de todas las batallas
 

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El humo de los cuerpos de soldados y caballos se elevaba por las montañas confundiéndose con la niebla del páramo, los animales dejaban salir por los hoyuelos de la nariz grandes cantidades de humo que se perdían en la inmensidad de la montaña. A las 2 de la tarde del 7 de agosto de 1819 se escribiría la historia de una nación que aún está en formación. Hoy 200 años después los soldados de los batallones de Duitama, Boyacá y Tame, Arauca, reconstruyeron los pasos del ejército libertador.

El ruido de los cascos volvió a sentirse este 7 de agosto en el puente de Boyacá; desde el pasado 12 de junio los soldados montaron sus caballos en Tame, Arauca y comenzaron a recorrer el mismo camino que hizo la caballería de los llanos para auxiliar al libertador Simón Bolívar.

Arauca, Tame, Pore, Socha, Nunchia, Morcote, Paya, Pisba, Socha, Socorro, Tunja, Chocontá, son nombres que todavía evocan la gallardía con la que Bolívar y sus hombres recorrieron el país para combatir al ejército de la reconquista. Los Llaneros, de ropas ligeras por el clima cálido de sus tierras tuvieron que subir las montañas a las que no estaban acostumbrados, enfrentando, entre otras cosas, el inclemente frío y los desfiladeros de las montañas.

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El paisaje desde la época de Bolívar ha cambiado mucho, la tierra que hoy está conectada por carreteras y viaductos era un entramado de montañas y bosques húmedos que hacían que cualquier paso pudiera ser el último.

Las extensas jornadas también las vivieron estos soldados, 200 años después, pese a que ya existen carreteras, uniformes modernos, monturas entrenadas, armas avanzadas, el frio del páramo de Pisba sigue siendo el mismo, todos los soldados coinciden en que a 2 grados la travesía no solo era cuesta arriba.

“Nosotros tuvimos que caracterizarnos, vestirnos como ellos, con una camisa, un pantalón cortado y unas alpargatas, a dos grados centígrados, no nos explicamos cómo hicieron. Nosotros recorrimos los mismos caminos de herradura, utilizamos muy poca carretera”, aseguró uno de los soldados que acompañó la caravana libertadora desde Arauca.

El Sargento Viceprimero Cesar Oñate del grupo montado de Yopal Casanare es quién caracteriza al general José María Córdoba, quien se enfrentó a la retaguardia del ejército español en ese 7 de agosto dos siglos atrás. Según dijo, “es un gran honor representar a uno de los hombres más valientes que ha tenido el ejército de Colombia”.

"Hace 200 años ellos sufrieron bastante para llegar aquí victoriosos..."

La misión de representar a Francisco de Paula Santander pesa en los hombros del Sargento segundo Yasmani Guzmán quien representa a Francisco de Paula Santander, el prócer que comandó la operación de asalto contra las tropas españolas “esto es algo muy importante, estamos representando a nuestros héroes a quienes lucharon con más alma y cuerpo que táctica para darnos la libertad”.

Al centro de la caravana como en la antigüedad está el Capitán Andrey Muñoz Cueyar quien representará al libertador Simón Bolívar, “este es un orgullo muy grande uno solo se da cuenta de las verdaderas inclemencias del terreno cuando intenta reconstruir lo que se hizo, hace 200 años ellos sufrieron bastante para llegar aquí victoriosos”.

Quienes repitieron la hazaña de la ruta libertadora aseguran que pese a las extensas jornadas en los pueblos los recibían con júbilo “la gente estaba muy feliz, salían nos daban comida, nos daban agua, permitían espacios para que durmiéramos. Es algo que nos hace sentir muy orgullosos. Pese a que dormíamos muy poco, ya que había que contar material, apear caballos y vendarles las patas, el esfuerzo valió la pena”.

El Mayor General Raúl Antonio Rodríguez, jefe de estado mayor y políticas del Ejército comenta que desde que le asignaron la misión de gerencia de las actividades del Bicentenario supo que estaba ante un reto muy grande, “hoy es el punto culminante de esta gesta libertadora, una ceremonia militar que muestra todos los aspectos de esta gran hazaña de nuestros próceres. Viene una delegación del Ejército Británico que quiere recordar la epopeya de la legión británica, con su música y sus uniformes”.

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Una batalla que parecía perdida

La batalla del Puente de Boyacá estaba en manos de la diosa Fortuna los republicanos tenían una leve ventaja en número sobre sus enemigos, José María Barreiro (el coronel español) apuraba el paso hacia la capital para unificar fuerzas con el virrey Sámano. Mientras el ejército de Bolívar plantaba cara para que los colonizadores no llegaran a la capital.

El teniente, Gustavo Adulfo Arango, historiador del Centro de Estudios del Ejército Nacional asegura que “esta batalla, sin demeritar las demás que impidieron la llegada de refuerzos a Barreiro como, la de Charalá o la del Pantano de Vargas, consolidó el proceso independentista de 1810, es el hito que marca el antes y el después de lo que sería la Gran Colombia”.

Las estadísticas hablan por sí solas, más de 100 realistas dieron sus vidas en el campo de batalla

 

Según dice la batalla se dio gracias al tesón y al ingenio de los héroes libertadores, “Bolivar hizo correr el chisme que el ejército libertador se había quedado descansando en Tunja, por lo que Barreiro se confía y se pone a descansar en la parte plana del campo. En ese momento el ejército libertador, que había rodeado el campo, carga contra ellos, toman por sorpresa al ejército español, los dividen y los liquidan, fue una maniobra poderosa”.

A las 4 de la tarde luego de una cruenta lucha entre un ejército formado por dragones, carabineros, lanzas y hombres montados y otro formado de valor y recolectado al paso del libertador, las fuerzas de la reconquista tuvieron que rendirse. Las estadísticas hablan por sí solas más de 100 realistas dieron sus vidas en el campo de batalla y otros 150 quedaron heridos.

De aquellos harapientos que subieron desde Tame, sin coraza como dice el himno, solo murieron 13 soldados y 53 resultaron heridos, “su varonil aliento, de escudo les sirvió”.

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Lo cambios

El río Teatinos y el puente que separa los dos lados del Puente de Boyacá han tenido distintos cambios, el primer puente ya no existe, era una estructura de madera rodeada de un bosque frío tupido lleno de vegetación nativa. En el primer bicentenario el 7 de agosto de 1919 el presidente de ese entonces, Marco Fidel Suarez, ordena desmontar el puente original y coloca la nueva estructura que hoy separa los dos escenarios del puente de Boyacá. Lo paradójico es que quien dona la estructura es el gobierno de España.

Unos metros más allá está el puente que construyó el presidente Rafael Reyes (1904-1909) quien después de la guerra de los mil días construye la carretera que conecta a Bogotá con Boyacá para llegar a Santa Rosa de Viterbo cambiando el camino de herradura que conectaba la región. Reyes lleva el primer Automóvil hasta el Puente de Boyacá.

Unos metros más allá está el viaducto que construyó el general Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) que construyó una calzada que comunicaba a Tunja con Bogotá y por ahí derecho la costa atlántica. Sobre esa vía se construyó la doble calzada que comunica hoy a Boyacá con Cundinamarca.