Reingeniería Colombia-EU

  • En marcha ajuste a relación bilateral
  • Trump, Pence, Haley y ahora Mattis

Las relaciones con Estados Unidos son, sin duda alguna, las más importantes a nivel geopolítico para Colombia. Esa no es ninguna novedad como tampoco que la administración de Donald Trump apenas tuvo un año y medio largo de interacción con el último tramo del gobierno Santos, lapso que se distinguió por muchos altibajos, sobre todo en la lucha contra el narcotráfico. No en vano los dos informes sobre la extensión de narcocultivos en Colombia que alcanzó a emitir la Casa Blanca en ese tiempo marcaron los récords más altos en la materia, pues en marzo de 2017 se reportaron 188 mil hectáreas de sembradíos ilícitos y en el revelado semanas atrás se informó ya de 209 mil hectáreas a comienzos de este año, con un potencial de producción de cocaína por encima de las 900 toneladas anuales.

Más allá de las posturas discursivas y diplomáticas, lo cierto es que en determinado momento la Casa Blanca llegó a contemplar la posibilidad de descertificar al gobierno Santos, puesto que el fracaso antidroga era más que evidente, ya que en 2013 la extensión de narcocultivos  había bajado a 40 mil hectáreas pero cuatro años después se quintuplicó ¿Las razones de la debacle? Son más que conocidas: el cambio de la estrategia exitosa que se venía aplicando con el Plan Colombia, la prohibición de las fumigaciones aéreas a los sembradíos ilegales, las trabas a la operatividad de la Fuerza Pública por decisiones derivadas de las negociaciones con las Farc en La Habana, la incursión de los carteles mexicanos en varias zonas de nuestro país en asocio con las disidencias de las Farc, el Eln y las Bacrim, así como un aumento en el consumo interno de estupefacientes, entre otras.

La insatisfacción de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Congreso de ese país frente a los resultados antidroga en Colombia es notoria desde hace varios meses e incluso se llegó a decir en los círculos de poder en Washington que ya el gobierno Trump había decidido que la necesidad de replantear la estrategia debería hacerse con el nuevo gobierno y no con el saliente. Es más, el titular de la Casa Blanca fue uno de los primeros en llamar al presidente electo Iván Duque para felicitarlo por su triunfo el 17 de junio en las urnas. Apenas unos días después, este último viajó a Estados Unidos y se reunió allí con congresistas de ambos partidos y con el propio vicepresidente Mike Pence, con quien analizó temas como la lucha contra el narcotráfico y la crisis venezolana. A ello se suma que al acto de posesión el pasado 7 de agosto, la Casa Blanca envió a una de sus diplomáticas de más alto nivel, como la embajadora ante la ONU, Nikki Haley, quien incluso un día después fue a Cúcuta para atestiguar el impacto de la migración masiva venezolana y analizar la marcha de la lucha contra los cultivos ilegales.

La embajadora, en nota previa a su visita, fue enfática en advertir que el presidente Trump sigue teniendo la prevención del abuso de sustancias y la lucha contra el narcotráfico como prioridades gubernamentales. También recalcó que pese a los avances democráticos logrados, Colombia ha experimentado un súbito aumento de la producción de cocaína en los últimos años y que su objetivo era dialogar con Duque y otros funcionarios para analizar qué hacer con el fin de revertir esta tendencia.

Y ahora, como un paso más en el marco de la construcción de las bases de esa nueva relación entre Colombia y Estados Unidos, hoy arriba a nuestro país el secretario de Defensa norteamericano, Jim Mattis, quien viene realizando una gira por Latinoamérica que ya lo llevó a Brasil, Chile y Argentina. Sin duda en la agenda con el alto funcionario no sólo estarán la cuestión antidroga y la crisis de Venezuela y Nicaragua, sino otros temas relacionados a mayor coordinación de seguridad continental y la coyuntura geopolítica.

Como se ve, la interacción entre el nuevo gobierno colombiano con Estados Unidos ha sido muy proactiva pese al corto lapso ocurrido desde cuando se definió la sucesión en la Casa de Nariño. Si bien la alianza entre Bogotá y Washington no se va a arrancarse de cero, es claro que urge ajustar muchos aspectos, no sólo para corregir las falencias en lucha contra el narcotráfico sino para avanzar en otros campos como el comercial, energético y otros asuntos clave de la agenda.

Claro, para apuntalar la redefinición de la alianza falta todavía mucho. Por ejemplo, es necesaria una reunión entre Duque y Trump, que se daría en pocas semanas en Washington, así como la ratificación de la designación de Joseph Macmanus como nuevo embajador en Bogotá. Sin embargo, el proceso de reingeniería ya arrancó.