El futuro de Unasur

  • Defensa geopolítica regional
  • ¿Quedarse o irse?, el dilema

Fernando Henrique Cardoso fue el gran promotor de la creación de un órgano político para la defensa de los intereses de los países suramericanos, causa que evolucionó hasta convertirse en la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur), que reúne a Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. La creación de dicha entidad se fundamentó en los ideales del Libertador Simón Bolívar, sobre todo aquellos de fomentar la integración y unidad de nuestras naciones como plataforma de defensa y acción geopolítica.

A diferencia de otros organismos internacionales como la ONU, en donde incluso las grandes potencias tienen poder de veto, en la Unasur se determinó desde un principio que sus miembros tomarían las decisiones por consenso. Esto implica, en la práctica, que el rumbo que tome la entidad depende de la visión política predominante entre la mayoría de sus gobiernos, claro siempre con el fin de lograr objetivos positivos comunes. La OEA, a su turno, surge de las famosas conferencias panamericanas con el patrocinio de Estados Unidos, siendo Alberto Lleras Camargo quien, tras los sangrientos episodios del 9 de abril de 1948 en Bogotá, durante la Novena Conferencia, se encarga de organizar y dar vida al proyecto que coincide con la creación de la ONU, cuyo comité preparatorio preside en Londres Eduardo Zuleta Ángel. Inicialmente en la ONU tuvieron un peso efectivo los países hispanoamericanos, destacándose la diplomacia colombiana durante el gobierno de Mariano Ospina Pérez. La cuestión cambió en la medida que Inglaterra apostó por la descolonización y permitió que en el Caribe y otras regiones se formaran pequeñas naciones angloparlantes, las que ingresan a los entes multilaterales propiciando nuevas mayorías. Así, por ejemplo, una pequeña isla en el caribe americano pasó a tener el mismo peso en la OEA que Brasil, Colombia o Argentina.

Al tener Unasur un objetivo común de salvaguardia de nuestra geopolítica frente al mundo, no debería preponderar allí ningún interés político subjetivo ni mezquino. Principio que no entendió el comandante Hugo Chávez, quien con su famosa ‘petrochequera’ quiso desvirtuar el rol de la entidad y patrocinar desde la misma la ampliación del llamado “Socialismo del siglo XXI”. Hizo tanto en esa dirección y favoreció abiertamente la llegada electoral de la izquierda en varios de los países de nuestra región, que no pocos consideraron que la Unasur era de su propiedad. Solo la diplomacia colombiana, junto a otros países como Perú y Chile, buscó frenar que el ente subcontinental terminara convertido en una entidad de simple propaganda política para aplaudir los altisonantes discursos populistas y ‘antiimperialistas’. Pero aun así, la miopía del chavismo y compañía llevó a que Unasur se desacreditara poco a poco, en la medida en que se olvidaron los objetivos generales iniciales y se redujo su acción a una simple caja de resonancia de esa tendencia política.

Colombia, que junto a otras naciones decidió suspender su participación en Unasur meses atrás, ahora, con el nuevo gobierno, anunció su disposición a retirarse definitivamente. Incluso se citará a la Comisión de Relaciones Exteriores para explicar este paso. Aunque a nivel local y regional se coincide en que la entidad ya perdió mucho peso geopolítico por su excesiva ideologización, lo cierto es que hay analistas que piden considerar si todavía hay margen para corregirle el rumbo. Claro, para ello lo principal es que el organismo retome su sendero inicial y haga prevalecer su misión de alta geopolítica regional. Incluso, salvar la Unasur es hoy más viable que antes, pues los gobiernos democráticos y de orden legítimo prevalecen en la región, en tanto el fracaso y quiebra del modelo chavista son inapelables.

En ese orden de ideas, que Colombia se salga de la Unasur es una decisión válida por la inoperancia del ente. Pero también es viable apostar por quedarse y ayudar en la reconstrucción del organismo. Si bien en un momento dado se transgredieron sus principios democráticos esenciales, en la actualidad eso ya no parece posible. Conformar un ente supranacional es muy difícil y por ello frente a la Unasur lo que correspondería es modernizar sus objetivos y fijarle una nueva hoja de ruta.

Las naciones suramericanas tienen una agenda amplia en materia política, de defensa regional, integración poblacional, regulación de flujos migratorios, combate a delitos transnacionales, coordinación de medidas ambientales y en muchas otras instancias y decisiones en bloque en las que contar con un ente subcontinental es útil, no sólo a nivel interno sino para interactuar con otros factores de poder continentales y de otras latitudes.