¿Podrá ‘Súper Sergio’ conjurar la crisis de Argentina?

AFP

Su historial de servicio público, pero sobre todo su habilidad política, fue el factor determinante para que el presidente argentino Alberto Fernández creará y entregara a Sergio Massa un ‘súper ministerio’ de Economía, ‘defenestrando’ de paso a los titulares de tres importantes carteras y en un intento inesperado de superar la profunda crisis política y económica.

A sus 50 años, al hasta ahora presidente de la Cámara de Diputados, se le reconoce como un abogado carismático, exitoso dirigente de fútbol y experto en el manejo interno del Congreso. Y aunque no es economista, muchos analistas como Carlos Fara consideran que “la actual crisis argentina es política y, por tanto, hacía falta una persona con espalda y habilidad en este campo”.

La decisión presidencial tomó por sorpresa a todos, inclusive a los miembros del gabinete, entre ellos a la hace poco posesionada en el ministerio de Economía, Silvina Batakis, quien regresó el jueves de Washington donde se entrevistó con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, y otros funcionarios de organismos multilaterales. Ese mismo día Fernández le comunicó que pasaría a ocupar la presidencia del Banco Nación (público).

Con la nueva ‘súper cartera’ desaparecen los ministerios de Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura y Ganadería. Así, el titular del segundo, Daniel Scioli, volverá a la embajada en Brasil (la que había dejado en junio de 2021), mientras que el de la tercera, Julián Domínguez, no fue movido a cargo alguno.

La inesperada designación del ‘súper ministro’ llevó a que uno de los hombres más cercanos al presidente, Gustavo Béliz, optara por renunciar a la Secretaría de Asuntos Estratégicos, lo que al mandatario para mover a ese cargo a la que fungía como directora de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), que queda bajo el control de un exponente del
kirchnerismo duro Carlos Castagnetto.

Esos cambios que a simple vista se pueden leer como un reacomodo en el equipo gubernamental tienen un mayor trasfondo y que evidencian el poder que desde tiempo atrás tiene Massa sobre el ejecutivo ya que quien sostuvo que debía darse un cambio mayúsculo en el ministerio de Economía, al igual que tener un mayor control sobre la AFIP y el Banco Central, lo que se presume se logra con los mencionados nombramientos.

Con responsabilidades mayores ante el ensanchamiento del despacho y complejos retos, Massa se convierte así en el tercer ministro de Economía en los dos años y medio del gobierno centro-izquierdista, embarcado desde hace meses en enfrentamiento entre Fernández y su vice (también mentora) Cristina Fernández de Kirchner y más recientemente con los gobernadores.

El quiebre con la señora ‘K’ ha sido tan profundo que cuando el gobierno llevó el acuerdo con el FMI para someterlo a la aprobación del Congreso, la facción parlamentaria que se identifica con Kirchner votó en contra.

Batakis permaneció sólo 24 días en el cargo, desde donde vio dispararse la de por sí ya alta inflación y hundirse el tipo de cambio paralelo y la cotización de la deuda. Sucedió al reputado economista Martín Guzmán, quien estaba desde el inicio del gobierno y tuvo a su cargo la renegociación de la abultada deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), -USD 44 mil millones-, con el compromiso de un severo ajuste fiscal.

Tal acuerdo que ya tiene el visto bueno del Congreso, contempla una reducción del déficit de las finanzas públicas del 3% de 2021 a 2,5% este año, 1,9% en 2023 y 0,9% en 2024.

El presidente Alberto Fernández justificó su reacomodo ministerial trinando que “concentrar la definición de la política económica permitirá trabajar de manera más rápida, ágil y eficiente para salir del punto donde estamos”.

Inevitable apretón

Sin duda el inaplazable reto de Massa en el ‘súper ministerio’ que asumirá una vez el Congreso nombre el martes su reemplazo es la crisis económica, agravada por una inflación galopante y una disciplina fiscal que pesa sobre los sectores más pobres que ven devorados sus pocos ingresos por el alto costo de vida.

Argentina registra una de las tasas de inflación más altas del mundo. El pasado junio fue de 5.3%, elevando el acumulado del año a 36,2%, el más alto desde 1991, y la interanual a 64% interanual. Se prevé que cierre año con este último guarismo en no menos de 80%.

A ello hay que sumar que la pobreza alcanza a 37% de la población y el descontento social crece como espuma. Prueba de ello fue la multitudinaria manifestación registrada el jueves frente a la Casa Rosada (sede de gobierno) y organizada por agrupaciones sociales de la coalición oficialista Frente de Todos, para reclamar un "salario universal", lo que de plano fue descartado por el Ejecutivo.


Le puede interesar: Petróleo sube por tensiones sobre la oferta antes de la Opep+


Pero ese no es el único reto del ‘Súper Sergio’ ya que también deberá, principalmente, aumentar las reservas internacionales disponibles, que según los analistas se encuentran en niveles críticos, y reducir el déficit fiscal en línea con los compromisos del programa de facilidades extendidas que mantiene con el Fondo Monetario Internacional.

Otro frente de acción inmediato es el cambiario ya que el país tiene una brecha entre la cotización del dólar oficial en unos 137 pesos, y el paralelo o "blue" que se comercia en el mercado informal, por encima de los 300 pesos.

Según el economista Nery Persichini, de la consultora GMA Capital, “las dudas giran en torno a la capacidad real que tiene Massa para reducir el gasto público y moderar el déficit fiscal" y agregó que “el mercado se pregunta si el nuevo 'súper ministro' cuenta con el aval de la vicepresidenta Cristina Kirchner para implementar un ajuste y corregir los desequilibrios de precios relativos".

Para la firma Capital Economics, la designación de Massa "brinda alguna esperanza de que el gobierno honrará su acuerdo con el FMI, aunque cumplir con las metas del programa será una tarea ardua, especialmente debido a las elecciones (presidenciales y parlamentarias) del año próximo".

Entre tanto, varios analistas coinciden en señalar que Massa reúne el suficiente consenso en la cúpula de la coalición gobernante Frente de Todos y podrá tomar algunas medidas que quizás no resultarán simpáticas pero inaplazables.

Los mercados concedieron ayer un cierto alivio, con una apreciación del tipo de cambio paralelo y mejoría en la cotización de bonos.

"La reacción del mercado fue positiva porque ve en Massa una figura pragmática, con buena relación con empresarios y el mercado", dijo Persichini y explicó que "la mejora en las valuaciones de los activos argentinos respondió a la expectativa de que por lo menos los desequilibrios no continuarían profundizándose”.

‘Camaleón’ político

Sergio Massa (50 años) desarrolló su habilidad política por haber militado tanto en el peronismo como en el antiperonismo desde los tumultuosos años 1980.

En su larga carrera política, fue alcalde de la localidad de Tigre, a las afueras de Buenos Aires.

En 2013 infligió una dura derrota simbólica a la fuerza de la entonces presidenta Cristina Kirchner, al ganarle en la provincia de Buenos Aires las legislativas de medio término.

El kirchnerismo le atribuía entonces vínculos con sectores católicos antiperonistas, con la embajada de Estados Unidos y con el poder económico.

Pero en política todo cambia, como el propio Fernández, fue jefe de gabinete bajo la presidencia de Cristina Kirchner, entre 2008 y 2009, pero luego se convirtió en un feroz opositor hasta que se alió con ella nuevamente para derrotar al exgobernante liberal Mauricio Macri en las presidenciales de 2019.

En la segunda década del siglo XXI, para oponerse a los Kirchner, fundó el Frente Renovador, agrupación que aún conduce y por la cual fue candidato a presidente en 2015, cuando quedó tercero (21,9% de votos).

Llegó a la Cámara de Diputados por el oficialista Frente de Todos y, ahora da el salto al ‘súper ministerio’ de Economía desde donde se espera una acción rápida para mejorar la situación de millones de argentinos.

Una de sus frases proverbiales es que "las victimas más graves de la inflación son los trabajadores, los desocupados y los jubilados". Y ese es, precisamente, el inaplazable reto que tiene desde su ‘súper cargo’.