Migración se detiene con políticas públicas: Casillas

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LA semana pasada Donald Trump adoptó nuevas medidas migratorias. El Departamento de Justicia y Seguridad Nacional anunció que los solicitantes de asilo que lleguen a Estados Unidos han debido realizar dicho requerimiento en un tercer país y si fue negado, son elegibles para realizar el trámite ante las autoridades norteamericanas. La otra medida fue el anuncio de Trump de activar un plan de detenciones contra unos 2.000 inmigrantes irregulares.

Para comprender este panorama, EL NUEVO SIGLO entrevistó a Rodolfo Casillas, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) sede México y experto en temas migratorios.

EL NUEVO SIGLO: Con respecto a estas medidas ¿sirven de algo combatir la migración ilegal?

 

RODOLFO CASILLAS: Para el presidente Trump sirven de mucho esas disposiciones migratorias, en las que no tiene que erogar un solo dólar para lograr efectos inmediatos acordes con sus propósitos. Por un lado, es un importante insumo para su campaña electoral en tanto que habla de medidas aceptables para su electorado blanco y pone en jaque a los demócratas que no acaban de definir precandidatos y propuestas políticas. Por otro, logra que el gobierno mexicano, en particular, tome disposiciones inmediatas que reducen el flujo migratorio y exacerban los controles de seguridad.

ENS: ¿Qué pasa normalmente con quienes son deportados por ser inmigrantes irregulares?

RC: En lo inmediato, los migrantes deportados pasan por un periodo de reconsideración de sus planes, de recuperación física, de confrontación emocional. Durante ese tiempo no se desplazan fuera de su país, pero después pueden reintentar migrar de nuevo porque tienen más deudas por pagar. Estas son, por ejemplo, el préstamo que solicitó para poder migrar y deudas familiares durante el tiempo que estuvo ausente mientras migraba. 

ENS: ¿Cuál es el propósito de los centros de detención y el procedimiento que se debe seguir con un inmigrante y un solicitante de asilo? 

RC: En México existen unas 50 estaciones migratorias distribuidas en todo el país, aunque el 50% de ellas se ubican en el sureste mexicano, la parte más próxima a la frontera con Guatemala y Belice. Su ubicación responde a una lógica económica y estratégica que se sintetiza en que, mientras más se detenga a los migrantes en las cercanías de la frontera sur, más bajo es el costo económico y mientras las detenciones se hagan en la parte más estrecha del país, más migrantes son detenidos.

El procedimiento es distinto para un inmigrante que para un solicitante de refugio. En el primer caso, supone que ese migrante ya tuvo una residencia legal durante cierto tiempo de suerte tal que puede ser catalogado como inmigrante y puede vivir en el país cumpliendo una serie de requisitos (actas de nacimiento, de empleo, pasaporte, visa, domicilio, etc). En el segundo caso, un solicitante de asilo tiene que presentarse ante el Instituto Nacional de Migración (INM), la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) o la Acnur y exponer su petición. Mientras se resuelve, el solicitante tiene que esperar y se le dota de un documento para el caso. Si el resultado es de aceptación, se le da un documento que le acredite como tal. Caso contrario, se le notifica y tiene que abandonar el país.

ENS: ¿Cómo ha afectado a México la migración y las medidas de Trump frente a este tema?

RC: Ha afectado de distintas maneras. A nivel gubernamental, con el cambio de otorgamiento de visas humanitarias (diciembre a abril), a menos visas de ese tipo y mayor oferta de trabajo en el sureste mexicano (abril-jun) y a amplias medidas de contención (de junio en adelante) con la participación de 6.000 agentes de seguridad pública, adicionales al personal del INM. Y a nivel social, con una polarización particularmente en las ciudades fronterizas con Guatemala y Estados Unidos. Hay mayor volumen de migrantes en las fronteras sur y norte del país. Se incrementa el consumo de alimentos, ropa, medicinas, la demanda de vivienda y servicios públicos. Es más visible la presencia de extranjeros y eso incrementa la percepción de inseguridad ante la otredad extraña.

ENS: ¿Por qué tanto miedo si las cifras muestran que se ha reducido la migración?

RC: Las series estadísticas muestran incrementos recientes en los flujos migratorios que van a Estados Unidos, así como en el de solicitantes de refugio a los tres países del norte continental, especialmente al que preside Trump. Aunque hay evidencias verificables de los aportes diversos de los migrantes a los países de destino, hay percepciones más sólidas y aceptadas que descalifican los estudios académicos que muestran lo contrario. El miedo social se basa en percepciones, no en estudios científicos.

ENS: El gobierno de Trump suspendió la ayuda a Honduras, El Salvador y Guatemala, en su opinión, ¿cuál sería la mejor medida para frenar esta ola migratoria y la situación de los indocumentados en Estados Unidos?

RC: Ser potencia mundial tiene beneficios, pero también costos. Trump quiere maximizar los primeros y reducir los segundos transfiriendo la responsabilidad a los países de origen y de tránsito. En tanto que estos países tienen escasa capacidad y elementos de negociación, Trump avanza. No hay una sola medida que, por sí sola, reduzca el flujo migratorio. Tampoco es posible que eso ocurra de un día para otro. Los procesos sociales no se detienen por decreto presidencial, sino con políticas públicas certeras que dan resultados a largo plazo, en este caso, se requiere una exitosa conjugación de políticas locales, con políticas bilaterales y políticas de cinco países, con responsabilidad compartida y diferenciada.