Implicaciones del cambio de mando en Congreso

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Los partidos Liberal y Cambio Radical asumen las presidencias del Senado y Cámara, respectivamente
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Ayer asumieron las presidencias del Senado y Cámara los partidos Liberal y Cambio Radical, dos colectividades que desde el principio del periodo presidencial se declararon independientes y que pese a apoyar algunas de las iniciativas del Ejecutivo no están jugadas completamente con él, como ocurre con las bancadas de las colectividades afines al Gobierno.

Según el senador Antonio Zabaraín, vocero de Cambio Radical, la organización política mantiene su independencia y aún no se ha convocado una reunión de bancada que permita tomar una decisión contraria.

Por otro lado, el senador Andrés Cristo, le aseguró a EL NUEVO SIGLO que el Partido Liberal no cambiará de posición, pues no apoya la aspersión aérea con glifosato, los cambios a la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) ni tampoco las reformas al proceso de paz. El parlamentario indicó que hasta ahora la colectividad se mantiene como independiente.

Opciones

Debido al estatuto de oposición los partidos debieron jugarse por una de tres opciones: de gobierno, independientes o de oposición.

Los partidos Centro Democrático, Colombia Justa Libres, La U, Conservador y MIRA se declararon en el ala gobiernista.

Sin embargo, La U ha mostrado fracturas internas. Senadores como Armando Benedetti y Roy Barreras han declarado en varias ocasiones sus diferencias con el Gobierno y pese a que su partido se ha declarado afín al gobierno no han acompañado muchas de las iniciativas.

Por otro lado están los partidos de oposición: Polo Democrático, Colombia Humana, Farc, Alianza Verde y la Lista de la Decencia –de la que hacen parte la Unión Patriótica (UP) y Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS) –.

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Con estas cuentas hechas el Gobierno tiene una mayoría de 53 apoyos, la mayoría simple del Legislativo que se pone cuesta arriba a la hora de aprobar actos legislativos e iniciativas polémicas como la Ley de TIC, que demoró mucho en ser aprobada.

Gabriel Angarita, coordinador de asuntos públicos y transparencia de la Misión de Observación Electoral (MOE), le aclaró a este Diario que los partidos pueden cambiar su condición por una sola vez en cualquier momento del Gobierno.

“La ley no establece una fecha perentoria. Pero es preciso decir que si un partido cambia no va a poder devolverse bajo ninguna circunstancia”, anotó.

Con este panorama claro, algunos analistas indican que en el segundo periodo legislativo el Gobierno tiene pocos chances de lograr aprobar sus reformas a no ser que estas tengan consenso, como es el caso de los proyectos anticorrupción.

De hecho, la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, sostuvo esta semana que solo a través del consenso el Gobierno logrará aprobar sus iniciativas.

“Quedó demostrado en la legislatura anterior que las iniciativas no pasaron, no por falta de argumentación o de necesidad, sino porque si no hay un consenso político”, precisó, “pues indiscutiblemente los proyectos no tienen razón de ser”.

“Más de lo mismo”

Según el analista político Vicente Torrijos, esta segunda legislatura será para el Ejecutivo “más de lo mismo, por cuanto toda la agenda legislativa va a quedar en manos de fuerzas que reclamarán, sin ser oposición, una participación más directa en el Gobierno para poder dar curso a las iniciativas del Ejecutivo. El Gobierno no va a tener la holgura para desarrollar los puntos de su agenda y seguramente tendrá que replantear el gabinete ministerial y conciliar con estos partidos políticos que tendrán el control del Congreso para que incurriendo en una mermelada positiva pueda desbloquear la agenda”.

Según dijo, la ‘mermelada’ tiene que verse de dos formas: “La tóxica y descompuesta, y la positiva. Si quiere arreglar ese balance tendrá que distribuir poder”.

Para el profesor de Ciencia Política de la Universidad del Rosario, Mauricio Jaramillo Jassir, “en la medida que la popularidad del Gobierno va en picada, a raíz de muchos temas, lo que hacen los partidos es tomar distancia frente a un establecimiento que va perdiendo terreno. La clave la tiene el Gobierno en la medida en que pueda negociar mayormente con el Partido Liberal, con quien ha tenido una relación muy ambigua desde que Iván Duque pasó a una segunda vuelta”.

Jaramillo consideró que en términos generales el Gobierno no la tiene fácil en materia de agenda legislativa, pues “no ha podido construir una coalición estable. No ha podido tener un margen de maniobra suficiente. Si en la primera parte se supone que los gobiernos tienen favorabilidad, pues no han sufrido desgaste, en esta segunda está cuesta arriba. Va a ser muy difícil para el Gobierno no acudir a mecanismos como la ‘mermelada’. Puede darse. El Gobierno empieza a ver con preocupación el reloj y en la medida que pase el tiempo y no tenga una agenda legislativa se va a ver más obligado a recurrir a ello. La ‘mermelada’ no ha desaparecido del todo. Muchos de los nombramientos pagaron favores políticos y buscaban favorabilidad”.