LA CAPITAL SE ADHIERE A LA DECLARATORIA DEL C40
¿Podrá Bogotá incrementar zonas verdes en una década?

Secretaría de Medio Ambiente

Hace algunos días Bogotá se adhirió a la declaratoria de Naturaleza Urbana del C40, un grupo de liderazgo climático conformado por 97 ciudades alrededor del mundo, que están tomando acciones drásticas frente a las variaciones del clima y su incidencia en las comunidades humanas.  

Las alcaldías de las C40 Cities, que representan a más de 700 millones de ciudadanos y un cuarto de la economía mundial, son las más firmes defensoras del Acuerdo de París y se han comprometido a alcanzar su objetivo más ambicioso: que el aumento de la temperatura mundial no supere 1.5°C. 

Con Bogotá, que comenzó a adelantar el proceso de adhesión desde diciembre del año pasado, ya son 31 las ciudades que firman la declaratoria de Naturaleza Urbana, cuyos dos objetivos centrales a largo plazo (una década) son, en primer lugar, tener cada vez más áreas verdes como parques, bosques y árboles, lo que también implica la protección, restauración y ampliación de los espacios existentes.

No obstante, aún no se sabe en cuánto se comprometería Bogotá a aumentar la meta. “Actualmente la Secretaría Distrital de Ambiente, la Secretaría Distrital de Planeación, el Departamento Administrativo Distrital del Espacio Público, Dadep, y el Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis trabajan para determinar la meta exacta”, le confirmó ayer a EL NUEVO SIGLO un vocero de la secretaría de Ambiente. 

Y en segundo lugar está la meta de avanzar en la implementación de sistemas urbanos de drenaje sostenible (SUDS) para que, entre otras cosas, se puedan diseñar espacios permeables para absorber agua y evitar inundaciones. 



Largo plazo

Con relación a las dos metas trazadas a 10 diez años, surgen par interrogantes: ¿qué tan fácil será para Bogotá darle cumplimiento a estas? y ¿tendrá la capital que partir de cero frente a las mismas?

Para darle respuesta a estas dos inquietudes, EL NUEVO SIGLO consultó al biólogo y profesor de la Facultad de Administración e investigador del Centro de Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Universidad de los Andes, Germán Andrade, quien indicó que en ambos aspectos la ciudad viene avanzando y lo seguirá haciendo. Aún así refirió que con relación al cambio climático ese avance, que no se desconoce, “ha sido extremadamente lento y ya estamos tarde”.

Dicho esto, frente a incrementar las zonas verdes e implementar sistemas urbanos de drenaje, el profesor Andrade se refirió a dos hechos muy puntuales: primero a la Misión para la Gestión Integral de los Humedales, un panel conformado por expertos que plantea una nueva visión de cómo se debe abordar el tema del agua en la ciudad; y por otro lado a lo que contempla el Plan de Ordenamiento Territorial con relación a la estructura ecológica principal de la ciudad, que de acuerdo con el articulado que ya está en la Corporación Autónoma Distrital, será preservada en su totalidad.

“La Misión de Humedales está proponiendo retomar la visión, porque no se trata de comenzar de nuevo pero sí dar un rumbo más certero, de toda la función ecológica o ambiental de los humedales y en parte de los drenajes urbanos. En parte, porque la misión está mirando el caudal ecológico y las cuencas urbanas de los mismos, dándole una mirada más integral al tema del agua. Creo que ahí hay un proceso técnico que podría llevar a los espacios de toma de decisiones para que ese compromiso de la ciudad se cumpla”, comenzó por explicarle a EL NUEVO SIGLO el biólogo Andrade y quien además hace parte del consejo de esta misión.

Por otra parte, frente al Plan de Ordenamiento Territorial, el profesor se refirió a cómo  este documento plantea un compromiso en torno a la estructura ecológica principal, “que es el esqueleto de todos los espacios verdes. Sí veo dos líneas que apuntan hacia la materialización de estas metas importantes: una ratificación y reflexión sobre lo que ha sucedido en el pasado para darle un futuro más consistente a ambos aspectos”, añadió el profesor Andrade.

Lenta lucha contra cambio climático

Ahora, con relación a la situación ecológica de Bogotá, el profesor Andrade dijo que las intenciones y el camino que se planteó la capital está claramente trazado, lo que es fundamental en términos políticos, pero la ciudad debe pisar el acelerador frente al cambio climático, además porque es altamente susceptible al mismo.

Yo veo que todas las medidas van en el camino correcto, pero creo que están avanzando de manera extremadamente lenta. Nosotros no vamos a alcanzar, así nos pongamos totalmente de acuerdo, a hacerle frente al tema. Bogotá ya está tarde en la lucha contra el cambio climático. Y el mundo también. Adicionalmente yo no veo, además de la declaratoria de emergencia climática, no veo una conciencia pública sobre el tema de la urgencia que el cambio climático plantea”, añadió el profesor.

Adicionalmente, refirió que Bogotá no tiene la totalidad de los cambios que se necesitan en curso y, aunque sabe a dónde va, “un cambio es urgente, debe ser mucho más profundo y va tremendamente lento. Aquí no nos están llegando las olas de calor que están llegando a otras latitudes del mundo pero si nos están llegando otras cosas y nuestra vulnerabilidad frente al agua debe ser atendida de manera urgente. Estamos llegando tarde a las respuestas”, finalizó diciendo a este Medio el biólogo Andrade.

Es importante referir que con la firma de esta declaratoria, Bogotá deberá reportar al C40 sus avances en la consecución de sus metas cada año, con la intención de acelerar todos los procesos encaminados a revertir el daño medioambiental.



Otros objetivos

Adicionalmente, con esta última declaratoria de Naturaleza Urbana, la capital colombiana se comprometió, a corto plazo, a que la ciudad trabajará para fomentar los empleos verdes, para así lograr una reactivación económica sostenible. De igual manera, el Distrito buscará identificar los riesgos y vulnerabilidad frente al cambio climático, establecer objetivos relacionados con el Plan de Acción Climática y fortalecer el ejercicio de gobernanza para movilizar oportunidades de acceso y financiación.

Y a mediano plazo, en el lapso de cinco años, Bogotá deberá implementar o mejorar espacios públicos verdes en áreas vulnerables, completar el inventario de la vegetación que hay en la ciudad para crear conciencia sobre el valor de la naturaleza y así reducir los riesgos climáticos, y, además, desarrollar programas o prácticas para incentivar la participación de todos los sectores de la sociedad.

La declaratoria

Con Bogotá, ya son 31 ciudades en el mundo las que firman esta declaración: Atenas, Austin, Barcelona, Berlín, Buenos Aires, Copenhague, Curitiba, Durban, Freetown, Guadalajara, Haifa, Lima, Londres, Los Ángeles, Medellín, Milán, Mumbai, Nueva Orleans, París, Quezon, Río de Janeiro, Roma, Rotterdam, Salvador, Seattle, Estocolmo, Sidney, Tel Aviv, Tokio y Toronto.

Estas son iniciativas que no se deben subestimar, en la medida en la que implican la generación y consolidación de proyectos que se traducen en más zonas verdes, y por consiguiente en más lugares para que el público se beneficie y mejore su calidad de vida, especialmente después del difícil año y medio de distanciamiento social.

Es importante referir que la capital colombiana, que hace parte del C40 desde hace 16 años, en el marco de esta Administración Distrital además de adherirse en los últimos días a esta declaratoria, el 25 de julio del año pasado se comprometió a reducir la contaminación atmosférica y las emisiones de gases efecto invernadero en la ciudad, a través de 12 metas alineadas con este grupo.