Cumbre Biden-Putin: poco o nada que esperar | El Nuevo Siglo
El miércoles quedó establecidó que el primer encuentro entre Joe Biden y Vladimir Putín será el 16 de junio.
ENS
Domingo, 30 de Mayo de 2021
Redacción internacional

EN medio de una tensa relación de vieja data, que, aunque no comenzó con la llegada del presidente Joe Biden a la presidencia, si ha escalado con él al mando de Estados Unidos, esta semana la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, anunció que el próximo 16 de junio será la primera cumbre entre el presidente norteamericano y su homólogo ruso, Vladimir Putin.

A 17 días de que se lleve a cabo esta reunión, que tendrá lugar en Ginebra, otrora sede y escenario de una histórica cumbre en 1985 entre el entonces líder soviético Mikhail Gorbachov y el presidente estadounidense Ronald Reagan, ya hay tanto revuelo como expectativa por lo que pueda resultar de la misma.

¿Por qué? Porque este encuentro será, nada menos, que un termómetro fiel no tanto a la relación bilateral sino de su estrategia geopolítica en el mundo.

Más allá de las sanciones impuestas al Kremlin, de las acusaciones de interferencia electoral, de los ciberataques y del tema de la vulneración de los derechos humanos por parte del gobierno ruso (específicamente al opositor Alexéi Navalny), todos estos temas “disparados” a distancia, este será un cara a cara del en el que se espera destapen sus cartas, aunque como reza el refrán popular, cada cual tiene y conservará su as bajo el brazo.



Bajas expectativas

EL NUEVO SIGLO habló con dos internacionalistas expertos en política exterior norteamericana, y ambos coincidieron en un hecho muy puntual: es muy poco probable que de esta reunión surjan acuerdos y metas específicas de trabajo.

Yo creo que hay que tener unas expectativas muy modestas y muy bajitas frente a esta reunión. Más allá del lenguaje diplomático y de las buenas formas qué presiden este tipo de cumbres de tan alto nivel, y de lo que manifestaron Antony Blinken y Serguéi Lavrov de un diálogo constructivo y de trabajo conjunto, en este momento uno no ve muchas posibilidades de avances en la agenda bilateral”, dijo a EL NUEVO SIGLO el internacionalista y profesor de Política exterior norteamericana de la Pontificia Universidad Javeriana, Emerson Forigua.

Esto, es importante referirlo, no solo se prevé por la mala relación que históricamente han sostenido ambos mandatarios y por el deteriorado estado en la que esta se encuentra, sino porque los temas agendados no dan lugar a consenso, ante posiciones públicamente disimiles.

En este sentido hay que tener presentes puntos álgidos como las acciones de desestabilización de Rusia en Ucrania y Crimea, la militarización del Ártico y la insistencia de Estados Unidos porque se suspendiera (no lo logró y esta obra llegará a buen puerto) el gasoducto ruso-germano Nord Stream II que le permitirá a Rusia suministrar gas directamente a Alemania a través del Mar Báltico, con el fin evitar que el país eslavo continúe posicionándose como principal fuente de la energía europea

“En estos temas no hay un punto de encuentro entre los dos países y creo que por eso va a ser muy difícil avanzar. Estados Unidos y Rusia tienen una agenda bilateral muy concreta en donde no hay muchos puntos de encuentro. Y más allá de algunos temas muy puntuales cómo el control de armamentos, sin duda sobre los temas medulares que en este momento están tensionando la relación entre los dos países, no creo que haya muchas posibilidades de avanzar en términos concretos”, añadió el profesor Forigua.

En esto coincidió el analista y profesor de política exterior norteamericana de la Universidad Externado de Colombia, Javier Garay, quien le dijo a este medio que habrá algunas declaraciones muy formales, pero nada más.

“Yo no creo que podamos anticipar algo más que algunas declaraciones y una retórica sobre la conveniencia de mantener unas relaciones sólidas y demás, pero sin que se aborden en profundidad los temas de la agenda bilateral y mucho menos que se acerquen a soluciones globales a temas puntuales de la agenda”, comentó a EL NUEVO SIGLO el profesor Garay.

Agregó que Joe Biden tiene que fortalecer su estatura política y su representación internacional de cara a los intereses domésticos y eso podría llevar a que endurezca una política, que ya es confrontacional, con el presidente ruso.

“Ya lo hemos visto. Desde su llegada al poder él ya ha hecho declaraciones sensibles sobre la democracia en Rusia, entre otras cosas y por llevar a que esta sea una cumbre difícil en la que no se aborden los temas puntuales que se esperan como seguridad, lucha contra el terrorismo y derechos humanos y democracia”, añadió el profesor externadista.



Temperamentos personales 

Adicional a la agenda hay un tema que tampoco puede perderse de vista y que se mencionó someramente al comienzo de este análisis, y es la relación que históricamente han sostenido ambos mandatarios.

“Hay una animadversión, por hacer uso de un calificativo adecuado, entre los presidentes Biden y Putin. Esto no es nuevo y se remonta a la administración de Barak Obama cuando en el 2011 el ahora presidente Biden dijo que Vladimir Putin no tenía alma. Es que estamos hablando de dos hombres que tienen una experiencia importante en materia de política exterior. No estamos hablando ni de expertos ni de aficionados y entre ellos hay una animadversión profunda”, añadió a este Medio el profesor Forigua.

Adicionalmente, hay un capítulo más reciente, cuando el presidente norteamericano generó indignación rusa al responder afirmativamente a un periodista que le preguntó si Putin era "un asesino", en una entrevista con la cadena ABC. La respuesta del Kremlin no se hizo esperar y el presidente Putin, además de burlarse de su homólogo estadounidense por haberlo tildado de "asesino", indicó que “El que lo dice lo es".

"Defenderemos nuestros intereses y trabajaremos con (los estadounidenses) cuando las condiciones nos resulten beneficiosas", insistió posteriormente Biden, pero Moscú no dudó en subrayar que las afirmaciones eran inaceptables.

Qué puede pasar en 17 días   

Ahora bien, hay que tener en cuenta como un tercer factor de análisis y es si algo podría pasar en los días restantes antes de que se lleve a cabo el encuentro, que puedan cambiar el telón de fondo de este encuentro.

“Es probable que las cosas tiendan empeorar o a deteriorarse entre los países. A qué voy: hay que estar muy atento a una noticia de hace un par de días en donde el servicio de inteligencia ruso indicó que había sido objeto de un ataque cibernético”, precisó Forigua.

Añadió, por último, que salvo que pasara algo absolutamente trágico en Ucrania, en el Mar Negro o en el Báltico en las próximas dos semanas, “la relación va a seguir en un punto muerto con más probabilidades de moverse hacia una dinámica negativa o a un mayor deterioro de la interlocución en lo que queda del periodo del presidente Biden porque son mucho los puntos de tensión así haya también puntos de cooperación como el nuclear. Expectativas muy discretas de este encuentro. Eso es lo que debemos tener”, finalizó diciendo el académico Forigua.