PIB de Colombia crecerá 3,4% este año: OCDE

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El organismo dio las tres razones para explicar su proyección positiva sobre nuestro país

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En 3,4% para 2019 y 3,6% para 2020 proyectó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia.

En su informe “Panorama Económico de Colombia”, publicado ayer en la web de la OCDE, se advierte que “el descenso del impuesto corporativo potenciará la inversión. La baja inflación y tasa de interés respaldarán el consumo. El déficit de cuenta corriente se ampliará ante un crecimiento impulsado por la demanda y un pobre desempeño de las exportaciones. El nivel de pobreza ha disminuido pero la desigualdad y la informalidad siguen siendo altas”.

Para la OCDE, la postura medianamente expansiva de la política monetaria es adecuada, tomando en cuenta que las expectativas de inflación son próximas a la meta fijada y el alto nivel de desempleo. La política fiscal tendrá que mantener un carácter ligeramente prudente para que el déficit descienda de manera paulatina, en consonancia con la regla fiscal. Para impulsar la productividad es necesaria más competencia y una mayor apertura al comercio. Una mejor focalización de las políticas sociales y esfuerzos adicionales para atajar la informalidad del mercado laboral, recortando aún más los costos laborales no salariales, reducirían las desigualdades.

1. El consumo y la inversión están impulsando el crecimiento

Según el informe de la OCDE, el crecimiento económico sigue cobrando impulso, respaldado por la mejora de la confianza de consumidores y empresas, así como de los mercados de crédito. La considerable afluencia de inmigrantes procedentes de Venezuela está impulsando la demanda interna. El déficit por cuenta corriente se ha ampliado, ya que las importaciones están aumentando, en especial las de bienes de inversión, mientras que el desempeño de las exportaciones sigue siendo pobre. El actual déficit por cuenta corriente continúa financiándose principalmente con una inversión extranjera directa estable. El desempleo ha aumentado, porque se crean pocos puestos de trabajo y la fuerza de trabajo es cada vez más numerosa a causa de la inmigración. Las presiones sobre los precios siguen contenidas debido a las amplias holguras persistentes en la economía.

2. Más reformas estructurales potenciarían el crecimiento inclusivo

La gran afluencia de inmigrantes procedentes de Venezuela constituye un importante reto económico social. La inmigración puede ayudar a potenciar el crecimiento, que en los últimos años ha descendido debido a la deficiente productividad. Sin embargo, para ello es necesario seguir implementando políticas que contribuyan a la integración de los inmigrantes en el mercado laboral, así como inversión en los sistemas educativo y sanitario. Habida cuenta de que dichas políticas tienen un costo fiscal imprevisto, recientemente se han revisado las metas fiscales con una reducción del déficit inferior a lo esperado. De este modo se logra un adecuado equilibrio entre las necesidades de gasto y la reducción del déficit estructural del Gobierno central al 1%, a fin de garantizar la sostenibilidad de la deuda a mediano plazo.

Los continuos esfuerzos por mejorar el sistema tributario y aumentar la eficiencia del gasto público contribuirán a la mejora de las cuentas fiscales. Ampliar las bases impositivas del impuesto a las empresas, el IVA y el impuesto personal también aumentaría los ingresos y haría la combinación de impuestos más eficiente y equitativa.

Para lograr un crecimiento más sólido e inclusivo es necesario promover la productividad por medio de reformas estructurales. La mejora de las infraestructuras portuarias y aduaneras, así como la reducción de la carga regulatoria aumentarían la competitividad de las empresas y crearían puestos de trabajo mejor remunerados. Reducir las barreras comerciales, simplificar los trámites a cumplir al emprender sistemas de concesiones y promover una mayor adopción y uso de las herramientas informáticas y tecnológicas reforzaría la competitividad y la productividad de las empresas. Mejorar la formación profesional aumentando su calidad y adaptándola en mayor medida a las necesidades del mercado laboral fomentaría las competencias y la inclusión. Una nueva estrategia de turismo ayudaría a aprovechar el gran potencial sin explotar de este sector.

La informalidad ha descendido en los últimos años, pero más de la mitad del empleo total sigue siendo informal. Esta situación exige redoblar esfuerzos, recortando aún más los costos laborales no salariales, revisando el sistema de salario mínimo para alcanzar un nivel más favorable al empleo y simplificando los procedimientos para la inscripción de sociedades y la afiliación de los trabajadores a la seguridad social.

Es urgente reformar el sistema de pensiones para reducir el nivel de pobreza de la tercera edad. Ampliar los servicios educativos en las primeras etapas de la infancia mejoraría los resultados académicos y permitiría a más mujeres adquirir empleos remunerados, en especial en las zonas rurales.

3. El crecimiento seguirá siendo fuerte

Se prevé que la actividad económica mantenga su solidez, sustentada por la demanda interna. La inversión será un motor clave del crecimiento, ayudada por la disminución de la carga tributaria y los proyectos de infraestructuras. Una inflación baja y estable, unida a la mejora de las condiciones de financiamiento, reforzará el consumo. Entre los factores de riesgo positivos está la subida de los precios del petróleo, que potenciaría aún más la inversión. Gracias al fin del conflicto armado, existe potencial para que el sector turístico depare sorpresas positivas. Los factores de riesgo negativos incluyen la inestabilidad regional, particularmente en Venezuela, nuevos retrasos en los proyectos de infraestructura y el impacto de episodios de volatilidad financiera en economías emergentes.