Ecuador y el Covid: cuando las cifras no están ni cerca de lo que pasa

AFP

Funerales costosos e impagables para las personas humildes, el calor y otros factores que provocaron la crisis en el país vecino. Nuevo capítulo de La pandemia desde mi ventana

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Día 11

 

Cuando los ecuatorianos se fueron a dormir el jueves 23 de abril su país había registrado 11.183 casos de coronavirus, una cifra de por sí aterradora. Después, cuando se levantaron a la mañana siguiente ese número no había aumenta, se había duplicado: 22.160, convirtiendo de esta manera en el segundo país más afectado por la pandemia. Sin embargo, contrario a lo que se pensaría, estos datos no sorprenden, ya que solo certifican lo que se ha visto en las calles por semanas.

Videos de fallecidos envueltos en sábanas, tapados con parasoles o a la inclemencia del sol y la humedad dejó al descubierto lo que en realidad estaba pasando en el pueblo hermano de Ecuador, una situación que se salió de las manos y se convirtió en un drama humano, no solo por la cantidad de cadáveres en las calles como ha pasado en Guayaquil, sino por la impotencia de no dar sepultura a los seres queridos. Y entonces, ¿cómo entender qué pasó?, ¿de quién es la culpa?, ¿se trata de un Gobierno indiferente o de un pueblo desobediente?

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“No es tan grave como se le presenta en redes sociales pero tampoco tan controlado como lo quiere presentar el Gobierno”, explica David, un abogado de Quito que trata de ayudarme a entender qué tan cierto es el drama retratado en los medios de comunicación.

Como es bien sabido, el lugar que vive la mayor crisis por el coronavirus es la provincia de Guayas y por ende Guayaquil, una ciudad costera con una tremenda actividad comercial pero con una inocultable desigualdad social, pues a pesar de la importancia del puerto para el país, la pobreza abunda. Además, es importante tener en cuenta que los gastos fúnebres subieron tanto como la curva de contagios, ya que pasó de 400 a 1500 dólares un cofre (más del triple), mientras que la cremación 2000 a 2500.

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Pero precios impagables para enterrar a los seres queridos no es lo única arista de esta crisis funeraria, también lo son la falta de ataúdes, los cuales han sido reemplazados por unos de cartón que fueron donados por unos empresarios de dicha ciudad.

“Salió el representante del Gobierno a decir que con el número de la cédula del fallecido las personas después de la emergencia sanitaria podrán saber dónde fueron enterrados”, indica además Linda, periodista y analista política también de la capital ecuatoriana.

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“Hay personas que están muriendo en las casas”, comenta sobre Guayaquil Juan Pablo, un biólogo que vive al otro lado del país, cerca al pie amazónico, en Tungurahua. “Cuando hay un fallecido, las personas se asustan y necesitan deshacerse de los cadáveres, aun cuando son sus seres queridos”, asegura por otra parte David, sobre los motivos de las personas para dejar los cuerpos en las aceras y parques.

Ante todo esto, el Gobierno, el vicepresidente Otto Sonnenholzner concretamente, salió a disculparse ante el pueblo ecuatoriano. Sin embargo, como lo indican numerosos testimonios de personas cuyos familiares fallecieron por o con el virus a periódicos nacionales e internacionales, ellos solo esperan que esta pesadilla se acabe ya.

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Para entender cómo se llegó a este punto hay que tener presentes dos puntos. El primero, el Gobierno no hizo un seguimiento permanente a las primeras personas que llegaron infectadas, pues se comprobó tiempo después que los positivos por Covid-19 asistieron a varios eventos sociales (sobre todo de la clase alta) sin problema alguno, lo que dispersó el virus por toda la provincia de Guayas y otras cercanas. Este caso sirve para entender el siguiente aspecto, la desobediencia. Ya sea porque restaron importancia o porque debían conseguir el sustento para sus familias, la verdad es que muchas personas siguieron saliendo a las calles pese al aumento de contagios, por lo que en zonas como Guayaquil fueron militarizadas.

De la misma manera existe una gran preocupación por la falta de protección al personal médico que está en primera línea atendiendo la emergencia, tanto así que a finales de este mes se conoció que hay 1.667 trabajadores de la salud contagiados. A eso se suma las aún si pagar deudas con el sistema, pues en plena crisis sanitaria hay médicos, enfermeras y otros servidores que están trabajando cuando se les deben varios meses de salario.

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“Es una preocupación latente entre todos nosotros y es que si las cifras siguen aumentado y a los médicos no se les garantiza la seguridad para evitar el contagio con el trabajo que están realizando van a empezar a renunciar”, asegura Juan, economista de la ciudad de Quito.

Para cerrar este capítulo de la Pandemia desde mi ventana, que cabe aclarar, tiene como objetivo explicar lo que hay detrás del drama de este pueblo hermano, los videos en redes sociales y las cifras del Gobierno, quisiera recordar unas palabras de Linda: “creo que pedir ayuda no es malo ni tampoco decir la falencia de un gobierno. Si no puedes contener con tus manos algo tan microscópico como un virus yo creo que el mundo sí debe saber que necesitamos ayuda”. 

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EL NUEVO SIGLO realizó más de 50 entrevistas a personas de 19 países para construir 'La pandemia desde mi ventana', un diario que muestra el rostro humano de la crisis generada por el coronavirus. Cada día una nación tendrá la oportunidad de contar cómo es su día a día, las decisiones que toma para darle la batalla al Covid-19, y sobretodo, mostrar que no estamos solos, que se trata de una lucha global y solidaria.