El salto de la sátira a la presidencia | El Nuevo Siglo
Foto Agence France Press
Lunes, 22 de Abril de 2019
Redacción internacional

“LOS COMEDIANTES son más importantes que los políticos”, decía Paul Johnson, inglés, conservador y uno de los mejores humoristas del Siglo XX, quien solía departir con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, pero nunca se vio seducido por la política.

A diferencia del británico, en los últimos cinco años una serie de comediantes han saltado de los escenarios a las elecciones, en un brinco irónico que ha terminado materializándose con presidentes como Jimmy Morales en Guatemala y, recientemente, Volodimir Zelenski, en Ucrania.

El disgusto, hastío, con la clase política suele ser la explicación que se le da a esta tendencia. Es como si el electorado entrara en una etapa de exploración y buscara una catarsis colectiva liderada por un humorista, para así enfrentar los problemas cotidianos.

Con el PIB per cápita más bajo de Europa y uno de los sistemas de gobierno más corruptos del continente, los ucranianos han elegido a Zelenski pese a sus pocas propuestas. Del otro lado, claro está, estaba Petro Poroshenko, presidente actual y quien ha sumido al país en una desaceleración económica explicada en parte por los problemas con los separatistas rusos al oriente ucraniano y la corrupción.

La receta de Poroshenko fue el nacionalismo. Su lema de campaña incluyó palabras como “lengua” y “ejército”, fórmula que en casi todos los países que enfrentaron una amenaza contra su soberanía nacional funcionó. La misma que usó la junta militar en Argentina en las islas Malvinas o la que, pese al asedio nazi, le permitió a Charles De Gaulle recuperar la parte ocupada de Francia.

Pero esta vez, falló en Ucrania. Hoy parece que sirve de poco apelar al nacionalismo cuando la economía está por el piso y la clase política, casi toda, carece de credibilidad. En una sociedad hiperconectada, llega más el mensaje irónico de un comediante, que el discurso, algunas veces programático, de los políticos.

El camino de Zelinski ha sido particularmente frenético. Hace menos de un año, interpretaba un papel en la serie Servant of the People (el sirviente del pueblo). Esta se convirtió, el domingo en la noche, en un presagio que pocos vieron. Se trataba de un maestro de escuela que se convertía en Presidente, de la nada. Así, como le pasó a él, pero siendo comediante.

Es claro que para hacer reír no solo se necesita chispa, sino que, como lo demostró Morales en Guatemala, son fundamentales las habilidades comunicativas. En pocos meses, Zelinski fue capaz de convencer a los votantes con discursos llenos de carisma, pero carentes de propuestas. Lo suficiente para que el 73,1% de los ucranianos se inclinaran por él, una cifra impresionante para un outsider de la política.

Todo indica que su discurso contra la corrupción lo avaló para arrollar en las urnas a Poroshenko. A pesar de ser criticado por la ausencia de propuestas, Zelinski basó su campaña en combatir este fenómeno, muy presente en el actual gobierno. Qué más que un comediante para burlarse y combatir las prácticas corruptas, pensaron los ucranianos.

Desesperados de la misma, cuatro años atrás así pensaron los italianos, cuando convirtieron al Movimiento Cinco Estrellas, del comediante Bepe Grillo, en una de las principales fuerzas políticas del país. Paradójicamente hoy esta colectividad gobierna en coalición con la extrema derecha de la Liga del Norte, una mezcla difícil de explicar, pero que demuestra la poca credibilidad en las instituciones, en los partidos y el apego a los discursos antisistema, que suelen ser adoptados por los comediantes.

La comedia resulta una herramienta poderosa para ser creíble en medio de un sistema de instituciones deslegitimadas por la corrupción. El que ironiza las prácticas corruptas y las vuelve sátira, en el fondo está mandando una mensaje político que, como en Ucrania, Guatemala e Italia, puede resultar en un partido político o en un presidente.

No es algo nuevo. En Colombia Alfonso Lizarazo, Héctor el “Chinche” Ulloa y Fabiola “la Gorda” Posada han llegado al Congreso, situación que ha ocurrido en casi todos los países de Latinoamérica. La diferencia es que ahora los comediantes están llegando a la política no para ser congresistas sino para convertirse en mandatarios, lográndolo en muchos casos.

 

No todo es humor

Acusado de inexperiencia, Zelinski hizo campaña no solo explotando su humor como herramienta política sino apostándole a la lucha contra la corrupción, su bandera de campaña.

La corrupción, en cada uno de los países donde gobiernan comediantes o sus partidos, ha sido el principal elemento que los ha llevado a la presidencia. En Guatemala, aún sigue grabada en los electores la imagen de Morales apoyando a la comisión especial, de origen extranjero, que fue diseñada para luchar contra un sistema de gabelas en esa nación, la cual luego fue rechazada por el comediante.

Así como resulta un elemento importante en la campaña, muchas veces este tema se convierte en un problema al momento de gobernar, ya que no se logran los avances esperados por la ciudadanía.

En charla con EL NUEVO SIGLO, Iverson Ng, estudiante de maestría de relaciones entre la Unión Europea y Rusia, en el Instituto de Estudios Políticos Johan Skytte, Universidad de Tartu, dijo que Zelisnki también buscará un “enfoque más pragmático hacia lo de Donbas. En lugar de alimentar la retórica nacionalista contra los no ucranianos, iniciaría más diálogos con la potencia ocupante y los separatistas respaldados por Rusia”. “En lugar de solo promover el idioma ucraniano, sería menos estricto con el uso del idioma”, concluye.