Así se vive la pandemia en época del Internet

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La actual generación de colombianos hemos sido testigos de excepción de muchas de las transformaciones sociales propias de esta época de la historia que nos tocó vivir.

La revolución tecnológica de los años 80’s y el nacimiento de la Cuarta Revolución Industrial -Industria 4.0-, la caída del Imperio Ruso o la unificación de Alemania, son acontecimientos históricos únicos que para bien o para mal los hemos vivido.

Como también es único el confinamiento obligatorio que está viviendo el planeta entero -Y Colombia no es la excepción- por cuenta del virus Covid 19, la mayor pandemia de las últimas décadas que afecta a más de 185 países y ha dejado más de 20 mil muertes.

Hasta donde se tienen reportes documentados, la cuarentena obligada en nuestro país es la primera en un siglo pues se sabe que también fue aplicada durante la pandemia de gripe en Bogotá y Boyacá en 1918-1919 que dejó centenares de muertos.

Para nuestra fortuna, en Colombia hoy los casos positivos de Covid 19 son 378 con apenas cuatro muertes registradas oficialmente, de ahí la importancia del encerramiento para mitigar su propagación masiva en las próximas semanas cuando no se descarta una curva ascendente exponencial.

Pero, entonces, ¿cómo ha afectado la cuarentena a las familias colombianas? Paradójicamente el encierro se ha convertido en una valiosa oportunidad para demostrar la resiliencia propia del colombiano, que le saca provecho aun a las circunstancias más adversas.

El tedio del encierro

Por estos días, la Capital del país ha estado más sola que nunca, con pocas excepciones los bogotanos han acatado la orden de confinamiento obligatorio. Las calles permanecen desoladas, apenas unas cuantas personas haciendo compras de productos de primera necesidad.

La vida, prácticamente, se ha reducido a las cuatro paredes del apartamento para quienes viven en edificios, mientras otros más afortunados cuentan en su conjunto residencial con un pequeño parque donde, a pesar de la restricción, la gente sale ‘a darse un vuelto’.

“Hay mucha gente irresponsable: aprovechan que no pueden salir para lavar en el carro en el parqueadero o sacar la mascota al parque. Incluso uno ve a grupos de niños jugando en el parque y señores dialogando mientras toman el sol sin siquiera usar tapabocas”, comenta Iván Rojas, un Ingeniero Biomédico que habita en Ciudad Tunal.

Allí vive con su octogenario padre en un piso quinto, donde ‘el viejo’ se ofrece a hacer los mandados a la tienda del conjunto para salir del tedio.

Claro, en todas partes no es igual, pues en el conjunto La Acacias, de Soacha, “la Policía hizo entrar a los muchachos que estaban jugando fútbol” y hasta amenazó a la administración con sanciones por no hacer cumplir la norma del confinamiento.

En otras familias, como la de Estela Niño, los roles caseros han ayudado a mitigar la situación. Ella docente, su esposo Contador y su hijo Publicista, pasan el tiempo con el teletrabajo, pero también se rotan las obligaciones domésticas.

“Este conjunto está desolado, las dos tiendas que tenemos están cerradas, todos los muchachos están en su apartamento, los carros en el parqueadero y hasta el perro ha tenido que quedarse en casa. Hacer aseso es el mejor pasatiempos”, dice esta habitante del conjunto Campo David, muy cerca del Comando del Comando de Policía Metropolitana de Bogotá.

Internet y lectura

En otros conjuntos de apartamentos la situación no es distinta. En Bosque de San Carlos, al sur de Bogotá, Tulia González vive sola en un piso quinto. Hacer ejercicio en bicicleta estática, muchos pilates y yoga han hecho más llevadero su encierro. “Yo apenas he salido a hacer dos diligencias y me regreso a hacer oficio, pero hasta el oficio hay que tasarlo: tanto afán para vivir 100 años”, dice.

Algo parecido ocurre en la casa de Henry, un periodista que vive con su esposa y sus tres hijas en el barrio La Soledad, en un tercer piso. “Aquí todo mundo está en su casa, casi no hay niños, el saludo se redujo a un simple ‘vecino buenos días’, y las mascotas juegan en el parqueadero. Internet, libros y oficio es lo que hacemos todo el día”, dice.

Y en el piso sexto del conjunto Paseo de San Diego, cerca de Hayuelos, nunca como ahora los juegos de mesa habían sido tan importante para la familia de Juan Carlos, otro comunicador que vive con sus padres.

“Aquí mucha gente ha roto las normas: la gente está estresada, salen de a dos a hacer cualquier diligencia. Eso sí, la administración no permite que los niños jueguen en el parquecito, los domicilios se reciben en la portería. Yo he tenido que ayudarle a mi mamá con el oficio para pasar el rato, y hasta he tenido tiempo de leer cosas que había guardado por años”, cuenta.

Así, entre los oficios caseros, el aseo, la música, el Internet y la lectura los bogotanos pasan las horas y los días, mientras las autoridades hacen ingentes esfuerzos por detener el contagio masivo del coronavirus, la más mortal de las pandemias de las pandemias de las últimas décadas.

Hoy, por cuenta de su efecto letal, esta generación de colombianos ya tiene otra experiencia para contarles a sus nietos: cómo es afrontar una pandemia encerrado en un apartamento donde la mejor compañía fueron las redes sociales.