Drogas, flagelo continental

  • Preocupante informe de la OEA
  • Entre nuevos y viejos desafíos

 

 

Alarmantes, sin duda alguna, las conclusiones del “Informe sobre el Consumo de Drogas en las Américas 2019”, dado a conocer días atrás por la  Organización de los Estados Americanos (OEA), en donde queda claro que el uso de drogas en el continente no solo va en aumento sino que está sufriendo una acelerada metamorfosis que es necesario que las autoridades entiendan para poder perfilar de una manera más efectiva las estrategias de lucha y prevención de este fenómeno.

Es una investigación muy seria pues no solo fue adelantada por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (Cicad), que es el órgano consultivo y asesor de la OEA sobre este problema, sino que contiene estadísticas en cuanto al uso de drogas, incluyendo el alcohol y el tabaco, en los 33 países del Hemisferio Occidental. Estadísticas que deben llevar al continente a dejar atrás la desgastada polémica entre países productores y consumidores y, mejor, sentar las bases para una nueva fase de cooperación trasnacional que permita combatir de manera más eficiente todos los factores que llevan a la dependencia de tal o cual droga o sustancia.

Impacta, sobremanera, que el consumo de drogas está sucediendo a edades cada vez más tempranas, incluso en algunos países en estudiantes de apenas octavo grado. Un campanazo para todos los gobiernos siendo claro que mientras más precoz es la drogadicción, mayores son los riesgos para la salud y las dificultades de rehabilitación de los jóvenes. El estudio también encontró que el consumo de marihuana entre los estudiantes de secundaria está aumentando en la mayoría de los países que tienen datos de esta tendencia. Igualmente se detectó un incremento en materia de cocaína en la población general. Paradójicamente, el tabaco parece ser la única sustancia que muestra disminuciones sistemáticas.

La investigación del Cicad encontró, asimismo, que hay un aumento en las mujeres que consumen drogas, en algunos países incluso en la misma o en mayor proporción que los hombres respecto a determinadas sustancias. Un tema aún más grave es el relativo al incremento por parte de ellas, en muchas naciones, de la ingestión de tranquilizantes farmacéuticos.

Para evidenciar cómo el fenómeno de la adicción a las sustancias está variando, el informe de la OEA es enfático en advertir sobre el incremento del uso no terapéutico de medicamentos de prescripción controlada, drogas sintéticas y opioides. Como se sabe, en Estados Unidos y Canadá son estas sustancias las que están teniendo mayor prevalencia e incluso producen un alto número de muertes, sobre todo por casos recurrentes de sobredosis. Una circunstancia que se agrava por tratarse de fármacos de amplio espectro que producen altos niveles de dependencia.

Es aquí en donde el informe recalca que ante la prevalencia de nuevas sustancias psicoactivas, opioides y benzodiacepinas la lucha contra las drogas enfrenta desafíos distintos a los de una o dos décadas atrás, por lo que es necesario repensar las estrategias de abordaje desde el punto de vista de combate al fenómeno y la problemática de salud pública derivada.

De otro lado, si bien la ingesta de alcohol es considerada un vicio “socialmente aceptado”, la investigación en más de una treintena de países del continente subraya puntualmente la preocupación por las conductas de alto riesgo asociadas a la misma, como el inicio temprano en el consumo y la adicción al trago. Se trata, sin duda, de otro indicador muy alarmante.

Ya en lo que tiene que ver con las legislaciones nacionales que han flexibilizado el consumo de algunas sustancias, como la marihuana, el informe subraya que la despenalización en el caso del cannabis con fines recreativos o medicinales ha producido un mayor acceso de los adultos a este alucinógeno, con todo lo que ello implica.

¿Qué hacer? Obviamente, y Colombia es fiel testigo de esta dura realidad, en el combate al narcotráfico y sobre todo a los crecientes índices de drogadicción, no hay una panacea ni una fórmula que dé resultados eficaces a corto plazo. Sin embargo, no hay lugar a bajar los brazos ni a la resignación.  El informe del Cidad, por ejemplo, recomienda que para reducir las consecuencias del problema de las drogas, especialmente en poblaciones más vulnerables, los países deben adoptar políticas que tengan en cuenta la perspectiva de género y que estén basadas en un enfoque de salud pública, centrado en el bienestar del individuo y en un respeto claro por los derechos humanos. Esa una premisa clave pero, como se dijo, hay muchas otras complejidades a tener en cuenta, como el asocio de la drogadicción con la criminalidad, el auge del microtráfico, la no existencia de una política antidroga uniforme en el continente y el mayor o menor acceso a las nuevas drogas sintéticas, los opioides y algunos medicamentos de alto espectro.

Como se ve, el problema de las drogas en América es cada día más grave y difícil de enfrentar.