Batalla contra el dengue

  • Alerta nacional por pico de enfermedad
  • Gobernaciones y alcaldías sin excusas

 

 

La alerta nacional dada la semana pasada para frenar el aumento de los casos de dengue en Colombia debe llevar a que las autoridades a todo nivel, y no solamente las sanitarias, pongan manos a la obra en este urgente propósito.

Las estadísticas sobre esta delicada situación son dicientes. El Instituto Nacional de Salud reportó casi 16 mil casos en todo el país. Los departamentos de Putumayo, Amazonas, Meta, Norte de Santander, Guaviare, Boyacá, Huila, Cesar, Tolima, Magdalena y Córdoba registran las incidencias más altas. A ello se suma que más de la mitad de los casos presentan signos de alarma. Ya el Sistema de Vigilancia Epidemiológica (Sivigila) ha advertido sobre el aumento de esta enfermedad y, por lo tanto, el Ministerio de Salud activó un plan de contingencia que se viene implementando bajo la denominación de “Córtale las alas al dengue”.

Es evidente que las contingencias climáticas de los últimos meses han sido determinantes en el pico del dengue, ya sea por el impacto del fenómeno de El Niño, que ha producido altas temperaturas y prolongadas sequías en distintas partes del país, como por el inicio, en algunas zonas drástico, de la primera temporada invernal del año.

Para que el objetivo de la campaña contra esta enfermedad se cumpla a cabalidad es necesaria la mayor articulación entre las instancias del orden nacional, regional y local. Articulación que va más allá de la alerta preventiva en el sistema de salud y debe extenderse a muchos otros campos, sobre todo de instancias que tengan contacto directo y cercano con las comunidades. Esto porque debe irse puerta por puerta, cuadra por cuadra y barrio por barrio para instruir a las familias de las zonas de mayor riesgo sobre las más mínimas precauciones para hacerle frente a este pico endémico. Precauciones que resultan sencillas pero que no todas las personas están conscientes de ellas, como es el caso de almacenar adecuadamente el agua en recipientes con tapas, limpiar los patios y solares de las casas, eliminar charcos y voltear recipientes que acumulen aguas lluvias, despejar techos, rejillas y desagües, así como usar repelentes, toldillos al dormir y evitar exponerse a lugares en donde hay presencia masiva de mosquitos.

Como se ve, las medidas de prevención son muy sencillas  pero, lamentablemente, al tenor del aumento de los casos de dengue, no se están aplicando de forma continua y eficiente. Lo más grave es que esta enfermedad, que afecta más a menores de cinco años y adultos mayores, no tiene un medicamento específico para combatirla o una vacuna determinada. En realidad se trata más los síntomas pero la atención médica debe ser rápida y oportuna para evitar complicaciones.

Lo clave, entonces, es activar todos los protocolos sanitarios, sin demora alguna. Incluso ayer la Procuraduría General advirtió  que realizará vigilancia preventiva sobre las entidades territoriales encargadas de ejecutar las acciones de control y atención en salud ante el incremento de casos de dengue. Es urgente detener los factores de propagación del vector transmisor (el mosquito Aedes Aegypti) y, paralelamente, que desde los centros de salud más básicos hasta redes hospitalarias de mayor complejidad tengan listos sus planes de contingencia para enfrentar cualquier brote epidémico y evitar su extensión. Especial atención deberá prestarse a las poblaciones más vulnerables y aisladas, sobre todo a las que no disponen de redes de acueducto, alcantarillado ni tratamiento de aguas residuales adecuados y eficientes.

Como se ve, es claro que Ministerio, gobernadores y alcaldes deben redoblar esfuerzos. No puede existir ningún tipo de excusas de orden presupuestal, logístico o de competencia para activar las respectivas campañas de prevención casera, brigadas de fumigación de focos de aguas estancadas y sistemas de alerta ante la aparición de casos sospechosos de dengue. 

La alerta, pues, está dada. No tendría presentación que los casos de dengue continúen aumentando, más en un país en donde los presupuestos para salud pública así como saneamiento básico en materia de agua potable, acueducto y alcantarillado han crecido en la proporción de las últimas décadas. Si ello llegarse a ocurrir, le tocará a los entes de control, especialmente la Procuraduría y la Contraloría, aplicar las respectivas sanciones de la forma más drástica y ejemplarizante. Esta es una batalla que no se puede ni debe perder.