Daños que está causando en universitarios la educación virtual

Foto Freepik

El covid sigue causando más estragos que las mismas muertes y contagios. La educación es uno de los sectores más afectados. En este espacio se ha hablado de la urgencia que se requiere para el retorno a las clases del sistema escolar, de los daños sicológicos que viven los niños, de la violencia intrafamiliar, de la brecha entre ricos y pobres que se aumenta con la imposibilidad de asistir a clases presenciales de los más pobres, de los altos niveles de deserción y la falta de empatía de los sindicatos que se han dedicado a hacer política y buscar recursos, en lugar de pensar en los estudiantes y en la educación.

Pero poco se habla de los estragos que está causando en la educación superior. Muchas veces se piensa que los estudiantes universitarios son adultos autónomos, y maduros, y no es así. Son jóvenes, muchos de ellos menores de edad, y en casi todos los casos se encuentran en proceso de formación como personas y como ciudadanos.



Por otra parte, cuando se habla de la crisis de la pandemia en educación superior se limita a hablar del hueco financiero que tienen las universidades, de la falta de recursos, de las condiciones ideales para volver a la alternancia, de la reducción de matrículas, pero poco o nada se habla de lo que está pasando con los estudiantes.

Por temas laborales entrevisto en promedio 180 estudiantes al semestre de más de 35 universidades y desde que comenzó la pandemia he podido observar los cambios en la percepción sobre la educación remota y los efectos que está causando en los jóvenes. Justo hace un año cuando comenzaron las entrevistas por internet la angustia era generalizada. Podría afirmar que el 100% de los estudiantes entrevistados odiaban las clases virtuales, los problemas de conexión del internet, la dificultad para poder participar, la distancia con el profesor, existía una desmotivación generalizada y un deseo urgente por volver a la presencialidad.

Un año después en varios de ellos se evidencia un conformismo que va acompañado de una zona de confort que lleva por el suelo el trabajo en su formación como personas y profesionales.

Un estudiante de la universidad del Bosque afirma que “con las clases virtuales se han perdido las rutinas, ya nos acostumbramos a tomar las clases acostados, a tener la cámara apagada porque muchos no se bañan, a pasar horas durmiendo, a ir a la cocina y buscar comida mientras el profesor está pidiendo que respondan o indiquen que están en clase, siente que las rutinas básicas se están perdiendo y que los niveles de distracción y desconcentración son altos”

Otros estudiantes afirman que es triste ver como tienen compañeros que le dicen al profesor que no pueden prender la cámara porque está dañada, mientras  al tiempo suben historias y videos a las redes sociales. Para algunos, la burla y el desinterés es el pan de cada día.

Sobre los que estudiaban en una ciudad diferente a la de origen se regresaron con sus familias y a la fecha ninguno muestra interés en regresar, porque en la mayoría de las universidades el plan de regreso con alternancia es muy cauto, cupos máximos de aforo de 30% de estudiantes, o solo una clase presencial. Por eso, la mayoría prefiere no regresar a la ciudad donde estudia y seguir desde su casa. Eso tiene un impacto nefasto en la reactivación económica, En ciudades tradicionalmente universitarias como Bogotá, Medellín, Cali, Manizales, Tunja, Pamplona o Barranquilla, cientos de apartaestudios desocupados, tiendas cerradas, librerías sin clientes, porque mientras no se vuelva a la normalidad, los estudiantes no volverán.

Las rutinas se han perdido y la pereza ha aumentado tanto que hay estudiantes que afirman no volver porque la clase presencial es de 7 am y “la verdad no quieren madrugar”. El problema de la reactivación económica es de doble vía, si no se abren los comercios cerca de las universidades, el desempleo aumenta, y muchos de los empleados son los mismos estudiantes que ahora no tienen como pagar la matrícula porque sus ingresos se redujeron de forma considerable.

Por otra parte, algunos afirman que la trampa ha aumentado, que surgen ofertas por internet, para hacer trabajos, presentar parciales, conseguir respuestas urgentes frente a preguntas, situaciones que los educadores no pueden controlar desde el otro lado de la pantalla y que evidencia también las debilidades que existen en los sistemas de evaluación. Ya se vio es un extraño caso de puntajes perfectos en la prueba Saber cuándo se tuvo un año sin clases y la lógica era que los resultados evidenciaran una desmejora.

El proclamado retorno no está llegando, en información recolectada de más de 40 universidades, la mayoría seguirán como están. De entrada todas las universidades públicas continuarán con las clases remotas al menos por 2021 -1 y en las privadas muy pocas ofertan algo de normalidad, sólo laboratorios, materias que requieren práctica pero el 80% de las clases seguirán siendo remotas, es decir tendremos si no se toman medidas, otro año perdido, en el sentido de la construcción de ciudadanía, de hábitos de estudio, de trabajo y del sentido de universidad, que es más que ir a recibir clases, es interactuar, aprender en cursos alternos, deportes, seminarios, eventos, talleres, grupos de investigación entre tantos aspectos que construyen la universidad.

Para algunos estudiantes comprometidos con su formación el trabajo se ha aumentado, porque algunos profesores ante la impotencia de no poder llevar una clase adecuada, aumentan el trabajo y presionan con más actividades, pero algunos expresan frases así: ¿Cómo aprender preparación de concreto desde un computador? ¿Cómo abordar las problemáticas marinas a punta de videos? ¿Cómo diseñar vías desde un ordenador? ¿Cómo aprender a hacer una endodoncia desde un video?

Los problemas son de orden del conocimiento, la salud mental, la salud física, las rutinas, los hábitos de estudio, la práctica. En síntesis, más allá de la falta de recursos y la reducción de matrículas, se debe pensar en los estudiantes como seres humanos, en el sentido de la universidad y en los motivos urgentes para volver.

*Especialista en educación

(El contenido de este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no compromete la posición del medio de comunicación)