Una agenda narcotizada

  • Drogas y Maduro centran cumbre Duque-Trump
  • Venezuela, la principal ruta del narcotráfico

 

Ya se tornó en un lugar común que siempre que los presidentes de Colombia y Estados Unidos se reúnen surjan múltiples voces urgiendo que la relación entre los gobiernos de la Casa de Nariño y la Casa Blanca deje de girar en un gran porcentaje alrededor del flagelo del narcotráfico. Con ocasión del encuentro en Washington el próximo miércoles entre los mandatarios Iván Duque y Donald Trump esa reiterada solicitud se ha vuelto a poner sobre el tapete. Sin embargo, desnarcotizar la interacción entre ambos países es, hoy más que nunca, una utopía, toda vez que la problemática de las drogas copa gran parte de la agenda binacional. 

Y no es para menos. Entre 2013 y el año pasado la extensión de cultivos de hoja de coca, marihuana y amapola en Colombia se quintuplicó, pasando de 43 mil hectáreas a más de 200 mil al comienzo de 2018, esto según las mediciones de las autoridades norteamericanas porque, como siempre ocurre, los estimativos locales y de la ONU suelen ser menores, aunque esta vez bordearon las 190 mil hectáreas. De igual manera, el año pasado fue record en materia de decomiso de alcaloides, al tiempo que se calcula que el potencial exportador estuvo por encima de las 800 toneladas métricas. A su turno en Estados Unidos todos los informes dieron cuenta de un aumento sustancial en las calles de la cocaína producida en Colombia, en tanto que el gobierno Trump ha insistido en que el boom del narcotráfico, la creciente cantidad de extranjeros que entra ilegalmente a ese país así como los delitos cometidos por estos, son la prueba reina de la necesidad de una política migratoria más drástica y restrictiva, incluyendo la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México, idea esta última que se ha convertido en el principal caballito de batalla de la Casa Blanca en su pulso político permanente con los Demócratas.

Es claro que Duque, quien ya se reunió con Trump a finales de septiembre pasado en el marco de la asamblea general de la ONU en Nueva York, lleva como su principal carta de presentación para la cumbre de este miércoles no solo los resultados en materia de erradicación de narcocultivos en sus seis meses en el poder, sino también la nueva estrategia delineada por su gobierno, denominada “Ruta Futura”, la cual tiene entre sus principales metas para 2019 la destrucción de más de 100 mil hectáreas de sembradíos ilícitos.

A la par de analizar las perspectivas de eficacia de ese nuevo plan antidroga del gobierno uribista, que tiene vasos comunicantes directos con la también nueva estrategia de defensa y seguridad, así como el recorte de los aportes de Estados Unidos al Plan Colombia, es claro que Duque y Trump tendrán otro tema clave: los esfuerzos de Bogotá y Washington para seguir impulsando la caída del régimen dictatorial de Nicolás Maduro, que si bien es cierto está en estos momentos más acorralado que nunca, todavía conserva algún margen de maniobra, evidentemente violatorio de los cánones democráticos y sustentado en el poder de la represión violenta y los pocos apoyos externos que aún le quedan, encabezados por China y Rusia.

Incluso la necesidad de acabar con la satrapía del chavismo en Venezuela, además de ser un imperativo moral y político para todas las democracias occidentales, así como una urgencia para frenar la crisis humanitaria a que está sometida la población del “bravo pueblo”, también se presenta como un elemento clave en la estrategia de Colombia y Estados Unidos contra el auge narcotraficante. No hay que olvidar que está más que comprobado que la vecina nación, incluso con la complicidad de altos mandos militares y del gobierno chavista, es hoy por hoy una de las principales rutas de salida de droga hacia las calles norteamericanas y europeas. 

Así las cosas, la posibilidad de que la agenda entre la Casa de Nariño y la Casa Blanca se desnarcotice es imposible dada la coyuntura ya explicada. Como se dijo en el análisis central de nuestra edición dominical, esa circunstancia no es buena ni mala, sencillamente es la realidad. Aunque habrá quienes digan que la relación geopolítica de ambos países no se puede limitar a esta problemática, por grave que sea, y que hay otros asuntos de mayor importancia para reforzar la alianza de primera línea entre ambas naciones, el escenario objetivo marca que no hay margen en estos momentos para cambiar de énfasis. Por el contrario, la agenda está más narcotizada que nunca y así seguirá en el corto y mediano plazos.