Salvavidas de FMI a Ecuador

  • El fracaso del “Socialismo del siglo XXI”
  • Realidad económica desenmascara a Correa

 

 

La sentencia de Adam Smith sobre la incapacidad del oro de cubrir su propio costo de producción, se traslada un tanto al oro negro, cuando se observa cómo en nuestra región los países que tuvieron en años pasados bonanza petrolera no supieron aprovechar la plusvalía del crudo ni hacer desarrollo a gran escala.

El caso de Ecuador, con la presidencia de Rafael Correa, no es la excepción. A la vecina nación durante su gestión le ingresaron cifras millonarias por la venta de hidrocarburos, en especial de China, recursos que en parte se despilfarraron o fueron a las alforjas de la corrupción. Se dijo, entonces, que con la reforma constitucional aplicada y los cambios en la administración judicial y el poder Legislativo, el país alcanzaría notables niveles de desarrollo dentro del denominado “Socialismo del siglo XXI”. Avanzado su largo mandato, los críticos solo advertían un retroceso en la democracia y el fortalecimiento del personalismo  gubernamental. Ello terminó interviniendo de manera tortuosa en la contratación estatal, al tiempo que se atacaba de manera sistemática a los propietarios de la empresa privada, la banca y los medios de comunicación.

Es verdad que se hicieron fuertes inversiones en infraestructura, pero no pocas de ellas terminaron manchadas por cuenta de gravísimas denuncias de malos manejos y coimas, incluyendo el escándalo de Odebrecht, que hoy tienen en prisión a varios ex altos funcionarios correistas.

La propaganda oficial durante su mandato se dedicó a exaltar la figura del gobernante, presentándolo como un estadista impoluto. Pero, tras salir del poder, se vino a descubrir que estaba envuelto en graves escándalos por cuenta de los negocios con China, potencia que entró a jugar duro en el campo petrolero ecuatoriano, en tanto se espantaba al resto de la inversión extranjera. También quedó al descubierto que se perdió la chance real de avanzar en desarrollo y se despilfarró la oportunidad de poder invertir más en cultura y tecnología, campos en los que el atraso es generalizado.

Hoy la figura de Correa, según sus críticos, está desenmascarada. Ya está siendo procesado por casos tan escandalosos como el que lo compromete con el secuestro en Colombia de Fernando Balza, un delito que puede ser asumido por la Corte Penal Internacional. Ante el llamado de la justicia de su país, Correa se refugió en Bélgica, reclamando el estatuto de refugiado político.

De otro lado, son numerosos los empresarios de Guayaquil, Quito y de la provincia que han regresado al país luego del exilio al que los sometió el gobierno socialista, como ocurrió con los dueños del periódico El Universo.

Pero lo más grave es que no hubo el tal milagro económico de Correa, como sostenían los aduladores de la prensa oficial. Por el contrario, se vino ahora a comprobar un terrible detrimento del patrimonio petrolero del país y el mal uso de las millonarias regalías. Los expertos señalan que si bien en términos relativos la inequidad en la distribución del ingreso disminuyó (medida por el coeficiente Gini), en los valores absolutos la desigualdad se incrementó durante el anterior mandato.

Hoy por hoy Correa es acusado de hacer malabarismo financiero con los onerosos préstamos internacionales, que ahora el gobierno de su sucesor, Lenin Moreno, tiene que pagar. No se ha podido frenar el deterioro de la economía interna ni salir del riesgo de recesión. No hay que olvidar que por la dolarización de la moneda no se puede acudir al mecanismo de la devaluación de la moneda local. Los altibajos en los precios del petróleo tampoco han ayudado a estabilizar las finanzas públicas.

Así las cosas, la decisión del presidente Moreno en cuanto a solicitar un cuantioso préstamo al Fondo y otros entes multilaterales se interpreta en el Ecuador como la ruptura total con el modelo de Correa, que demostró su poca eficacia. El paquete del empréstito ronda los 10 mil millones de dólares y una parte se empezará a girar inmediatamente. Es claro que tanto el Ejecutivo como el Fondo consideran urgente la inyección de capital para evitar que la economía ecuatoriana entre en un oscuro túnel de problemas con la balanza de pagos, similar al que propició en Venezuela y Argentina el “socialismo del siglo XXI”.

Con este obligado empréstito a Ecuador por parte del FMI se pone sobre el tapete el capítulo sombrío de demagogia, despilfarro y corrupción que Correa protagonizó en esa nación. Su gestión económica, que muchos la consideraban como la principal prueba de su eficiencia gubernamental, quedó al descubierto como ruinosa y recesiva.