¿Qué gobernabilidad se busca?

  • El ‘orangután’ en la reforma política
  • Duque no puede caer en ‘transaccionismo’

 

 

Antes de terminar la legislatura del año pasado la noticia fundamental consistía en que el presidente Iván Duque expandiría su coalición y tendría que producir, entonces, un ajuste en el gabinete. Pero las cosas cambiaron y hoy, a pocas semanas de lo anterior, el ambiente es completamente diferente.

En efecto, pese a que ciertamente los sondeos de popularidad no son del todo favorables al Jefe de Estado, existe la sensación de que ha retomado las riendas gubernamentales luego del estropicio de la propuesta de generalizar un IVA del 18 por ciento en la canasta familiar. Ello causó un estremecimiento de tal dimensión que la imagen presidencial se vino al piso en las encuestas, recuperándose luego hasta un 35 por ciento de favorabilidad en las últimas semanas. Si bien el país todavía no ha retomado la ruta del optimismo, los índices sí mejoraron después de haber estado en el sótano en noviembre y diciembre.

Bajo ese aspecto, el cacareado cambio de ministros, del que tanto se habló hace un tiempo, dejó de estar sobre el tapete. Igual, la idea que se tuvo de expandir la coalición gubernamental, que se dijo entonces sería absolutamente necesaria, ya ni siquiera es noticia.

En efecto, las reuniones de los partidos políticos con el presidente Duque, esta semana, pasaron prácticamente sin pena ni gloria. En general, las colectividades salieron de Palacio tal y como habían entrado y las solicitudes burocráticas se encontraron con un muro. Así las cosas, no quedó más remedio a los partidos que afirmar que su interés primordial no estaba en modificar los factores de poder, sino en que se escucharan sus propuestas y se respaldaran los proyectos de ley y acto legislativo que impulsa cada uno de ellos. Es decir que las reuniones en la Casa de Nariño no pasaron a mayores y no hubo tampoco ningún proyecto partidista que mereciera la atención gubernamental.

Esto puede deberse, en parte, a que el principal interés de los parlamentarios sea el de sacar avante el artículo del proyecto de reforma política, avalado por el Gobierno, que permite aumentar inconmensurablemente los ‘cupos indicativos’ de 2 a casi 10 billones de pesos, correspondientes al 20 por ciento del presupuesto de inversión de la Nación para este año. Semejante cantidad de “mermelada”, camuflada oportunamente, como se dijo, en la iniciativa de reforma política, es a no dudarlo la polémica y gigantesca maniobra con que se quiere viabilizar la gobernabilidad a corto y mediano plazos.

Está mal que así sea, porque lo que se ha prometido es exactamente lo contrario. Efectivamente, el mismo presidente Duque afirmó hace un tiempo, con todas las letras, que jamás acudiría a lo que denominó “transaccionismo político” y que cada rama del poder público no tendría relaciones diferentes a las meramente institucionales. En otras palabras, que no se produciría, en modo alguno, el chantaje o el soborno, propio de las variables de los auxilios parlamentarios, para conseguir respaldos en el hemiciclo a las iniciativas gubernamentales.

Sería desde luego lamentable que esto llegara a implementarse con la aprobación de la reforma política en el próximo tramo de legislatura, con el fin único de aceitar las maquinarias para las elecciones regionales y municipales de octubre venidero. No hay allí, por supuesto, garantía alguna para el libre juego democrático, y la incidencia de una maniobra tan protuberante lo que haría es deslegitimar lo que el Gobierno ha intentado hacer contra la corrupción, comenzando, precisamente, con un nuevo modelo político de mando en el que no debe existir una coyunda torticera entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Muy triste, ciertamente, sería que la Casa de Nariño cayera en esa arena movediza de la cual no podría salirse nunca, por cuanto sería desdecirse de todo lo que ha prometido. Por eso lo más atinado, comenzadas las discusiones del proyecto del Plan Nacional de Desarrollo, sería dar un parte de tranquilidad a la opinión pública y sostener que no está dentro de las pretensiones del Ejecutivo sacar adelante un método por medio del cual los parlamentarios sugieren las obras regionales y por esa vía terminan sacando provecho para sus intereses personalistas.

Se espera, pues, que en las reuniones políticas de esta semana el presidente Duque no haya caído en ofrecer el respaldo al polémico artículo de la mencionada reforma que, por lo demás, proviene de una brillante parlamentaria del Centro Democrático. Sería, sin duda, borrar con el codo lo que se ha hecho con la mano, sin posibilidad ninguna de enmendar la plana. Al contrario, lo que se ha prometido es una política fundamentada en las convicciones y las solidaridades, y no en la demagogia y las complicidades.