¿Patos al agua?

  • Candidaturas presidenciales tempraneras
  • No hay nada que temer…

 

 

Una verdadera tormenta en un vaso de agua se ha formado en torno al anuncio de la candidatura presidencial del canciller Carlos Holmes Trujillo, en su momento oportuno. En ese caso no se entiende muy bien que la política deba estar signada de hipocresía antes que de transparencia pública, que es precisamente lo que demanda la ciudadanía.

En general, muchos de los que participan de la política y del servicio público quieren acceder al cargo más importante de la nación. Es la ruta natural de quienes están en el oficio, fogueándose precisamente para demostrar sus virtudes y talentos.

Lo que estaría mal, desde luego, sería que se usase el cargo correspondiente para obtener ventajas electorales. Como no es así, pues simplemente se trata de dar a conocer una aspiración de antemano sabida, incluso desde antes del nombramiento, ello no debe causar escozor ni sorpresa.

El problema radica, en principio, en que el país definitivamente no está acostumbrado a periodos presidenciales de cuatro años, sin reelección. En años recientes, más o menos se sabía si el Presidente de turno aspiraba a repetir, como ocurrió con Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. Ahora las cosas son a otro precio, similares a lo que acontecía cuando no había reelección.

De hecho, en ese entonces solía hablarse de que había una “fila india” en la que más o menos se sabía cuáles eran los aspirantes por venir. Es, ciertamente, lo que hoy sucede dentro de los afiliados al Centro Democrático, donde por descontado la figura de Carlos Holmes Trujillo no es desestimable. Así sucede también con otros candidatos virtuales cuya aspiración puede darse por descontada. No es malo que ello ocurra en el libre juego democrático.

Es más, hablando de otras toldas, el primero en lanzarse a la palestra para las elecciones presidenciales de próximo término fue Sergio Fajardo. Pese a que recién pasada la primera vuelta de las elecciones anteriores sostuvo que se retiraría de la política, nadie le creyó. Mucho más franco y abierto es lo que dijo en estos días cuando sostuvo que estaba listo para volver a aspirar en 2022.

También se sabe que el excandidato Gustavo Petro es el aspirante más opcionado de la izquierda, luego de obtener ocho millones de votos en la pasada segunda vuelta presidencial. Si bien su desempeño como senador automático lo ha puesto en una situación estratégica que lo ha disminuido, al situarse en el mismo escalafón de sus correligionarios, además de tener que dar explicaciones ante la justicia por el escándalo en que se ha visto comprometido a partir de unas sórdidas grabaciones, se recuerda que también se lanzó desde el mismo momento en que reconoció la victoria del presidente Iván Duque, en junio de 2018, aduciendo que la siguiente justa electoral sería la vencida.

Así las cosas, no es claro por qué vaya a incomodarse el presidente Duque con el hecho de que miembros de su gabinete o de su partido anuncien su aspiración a sucederlo. Por el contrario, eso mueve la democracia y permite una mejor gestión de gobierno, con varios alfiles que la promuevan y respalden cien por ciento porque su futuro político también está en juego.

No es secreto tampoco que dentro de la bancada del Centro Democrático, en el Congreso de la República, algunos ya están de precandidatos presidenciales. Lo que falta seguramente es que otros partidos también se muevan en dirección a la conquista del poder, ya que ese es un anhelo legítimo y propio de nuestro sistema político.

Con Carlos Holmes Trujillo, Gustavo Petro y Sergio Fajardo ya en el partidor, no se trata, por supuesto, de anticipar las elecciones, pero sí de mantener un escenario posible hacia el futuro. En la ocasión anterior el país, a raíz de las consultas populares para las presidenciales, se dividió entre los focos de derecha e izquierda que coparon todos los reflectores y prácticamente determinaron el resultado final, aún sin haberse adelantado el grueso de la campaña efectiva para el relevo en la Casa de Nariño. Es muy posible, en esa dirección, que para la próxima contienda muchos adopten ese mecanismo de las consultas como instrumento sustancial. Siendo así, no hay que temer nada, por cuanto es mucho el trecho que falta y el presidente Duque tiene el camino expedito para llevar a cabo su obra de gobierno.