Estados Unidos y el petróleo

  • La nueva geopolítica del crudo
  • Oro negro y desarrollo dispar

 

En el siglo XX casi todas las guerras, de alguna manera, tuvieron que ver con el petróleo y la lucha de las potencias por apoderarse del preciado producto. Inglaterra fue de las primeras naciones en apostar por esta alternativa y el desarrollo industrial derivado, junto a los Estados Unidos, a los cuales los territorios anexados de México les facilitaron la tarea.

Tras la Primera Guerra Mundial, las potencias vencedoras se repartieron los ricos yacimientos petroleros del Medio Oriente y parcelaron la región según esas posibilidades. En nuestro continente Estados Unidos negoció con las dictaduras venezolanas la provisión de crudo y convirtieron a la nación suramericana en el primer productor del mundo por varias décadas. Pero en esta se repitió la historia del imperio español en América, que se asfixió por cuenta de malgastar el oro en guerras y productos importados. Es sabido que Venezuela nadó por mucho tiempo en petrodólares, que utilizó desordenadamente sin alcanzar el desarrollo ni el avance económico e industrial correspondiente a esas billonarias divisas. Situación que se agravó cuando llegó el chavismo al poder, pues lejos de repotenciar la economía interna, decidió destinar cuantiosas cifras del presupuesto oficial para intentar expandir el llamado “Socialismo del siglo XXI” en el continente, financiando candidatos y gobiernos demagogos de izquierda que con el tiempo fracasarían.

A su turno México explotó por mucho tiempo el crudo y sus minas de oro y plata, generando recursos que engordaron las alforjas de los jerarcas del PRI por décadas, aunque algo se invirtió en desarrollo industrial y económico. Aun así es claro que la corrupción impidió que se alcanzaran los niveles de desarrollo y plusvalía de zonas vecinas, como California. 

De otra parte, resulta evidente que el colonialismo europeo en África tuvo como objetivo manejar los mercados de minerales, oro y petróleo. El creciente interés en la India y China, durante el siglo XX, giró en torno a abrir sus mercados y explotar sus riquezas. Igual es claro que Hitler se apoderó de las reservas petroleras de la Unión Soviética y cuando estaba a punto de estrangular económicamente a Moscú, de manera intempestiva resolvió desviar sus ejércitos para intentar capturar Stalingrado, un craso error que le costó perder la guerra en el frente oriental. El mariscal Rommel se batió en África con denuedo y  estrategia militar para apoderarse del preciado oro negro. Alemania desarrolló la gasolina sintética para superar la escasez de crudo, pero al perder la guerra las multinacionales se quedaron con las patentes y cerraron las que parecían grandes posibilidades de sustituir el petróleo.

Estados Unidos, como Noruega e Inglaterra, consiguió explotar su crudo sin malgastar las ganancias, dirigiendo múltiples recursos al desarrollo económico y social. Caso contrario en varios países de Suramérica, en donde la plusvalía petrolera cayó en manos de satrapías sin escrúpulos ni visión. Entidades oficiales, empresarios locales y consorcios externos negociaron bajo cuerda las concesiones, contratos y ventas del crudo y toda la poderosa y rentable industria derivada. Hoy es claro que la corrupción en este sector ha desatado los más sonados casos de negocios sucios en Latinoamérica, como es el caso de Reficar en Colombia. En Ecuador, en tiempos de Correa, se negociaron sospechosamente las concesiones petroleras, como lo denuncia el gobierno actual. Incluso en Brasil, el desfalco a Petrobras por los gobiernos de izquierda fue la cuota inicial de la explosión del escándalo multimillonario de sobornos de Odebrecht en todo el continente.

En la actualidad los vaivenes del precio del crudo dependen de circunstancias como la ‘guerra comercial’ que libran las potencias, en particular Estados Unidos, Rusia y China, así como la Unión Europea. Y en ese marco de la geopolítica del crudo es que impacta con gran eco la decisión de Washington de exportar crudo de forma permanente a partir del próximo año. En los últimos años, gracias a la explotación de petróleo de esquisto, ese país había logrado ir disminuyendo la dependencia del crudo venezolano e incluso alcanzar cotas para autoabastecerse. Pero ahora que es uno de los grandes productores, Washington entrará de lleno al mercado exportador. Incluso ya tiene un papel preponderante en el mercado internacional, presionando que los precios no se manejen artificiosamente a través de los recortes de producción, sino que reflejen la realidad de oferta y demanda. Un precio muy bajo no le conviene porque el esquisto es más caro de extraer que el de yacimiento tradicional.

Es claro que cuando Estados Unidos entre a competir en el mercado externo de hidrocarburos la correlación de fuerzas en el mismo variará, con todo lo que ello implica desde el punto de vista económico y político. A hoy es imposible prever qué pasará con los precios, pero obviamente será necesario barajar y repartir de nuevo en la materia.