Poner coto a Maduro

  • No más insultos al gobierno colombiano
  • Debe sentarse un precedente diplomático

 

Todo tiene un límite. Y eso es, precisamente, lo que está ocurriendo con las constantes andanadas de críticas e insultos del presidente venezolano Nicolás Maduro al mandatario colombiano Juan Manuel Santos. Prácticamente no hay día en que el polémico líder chavista, que está rematando su campaña para las cuestionadas elecciones de este próximo domingo, no lance toda suerte de improperios contra el jefe de Estado de nuestro país. Cuando no lo acusa de armar supuestos complot para sacarlo del poder, lo culpa de la crisis económica, hambruna y escasez de medicamentos en Venezuela. También se le han escuchado destempladas y delirantes declaraciones sobre el acuerdo de paz, la situación política colombiana, la huida de centenares de miles de venezolanos a nuestra nación y las posturas de la Casa de Nariño condenando la falta de garantías democráticas en ese país así como la incesante persecución a la oposición que desarrolla el régimen chavista… El lunes pasado, una vez más, Maduro insultó a Santos por la advertencia de este último de no reconocer los resultados de las elecciones presidenciales de este domingo, una posición que han adoptado la mayoría de gobiernos americanos, europeos y de otras latitudes, al ser evidente que el adelanto de los comicios fue una maniobra chavista, amparada en una asamblea constituyente de bolsillo y todos los poderes públicos cooptados, con el único fin de aferrarse al poder por varios años más y quitarle a la oposición cualquier chance de hacer valer sus mayorías en unas elecciones transparentes y garantizadas por la veeduría internacional.

Si bien es cierto que el gobierno colombiano ha optado por ignorar los insultos y acusaciones peregrinas de Maduro, sus ministros y demás líderes del gobierno, incluyendo al aún más ofensivo Diosdado Cabello, es claro que a medida que han pasado los meses el tono de las amenazas y groserías ya se tornó intolerable. Aunque se evidencia que el presidente venezolano lo que quiere es provocar al colombiano, forzarlo a reaccionar drásticamente y sobre esa base incentivar una ola de nacionalismo ciego que le ayude a distraer su enorme impopularidad y el eco creciente de sus contradictores, todo, como se dijo, tiene un límite. Tanto la persona como la institución presidencial colombianas merecen el máximo respeto y no pueden estar todos los días expuestas a cuanto disparate se le ocurra al mandatario del vecino país. Hay mecanismos políticos y diplomáticos propios del derecho público internacional que se pueden utilizar para sentar un precedente frente al Palacio de Miraflores.

Como se sabe, desde comienzos del año pasado la Casa de Nariño llamó a consultas al embajador en Caracas luego de que el gobierno Maduro decidiera darle una especie de ‘golpe de estado’ a la Asamblea Nacional, que es dominada por la oposición y que fue legítimamente elegida. Desde entonces las relaciones bilaterales han estado reducidas casi a cero, a tal punto que el representante diplomático colombiano nunca fue reinstalado e incluso ya fue enviado a otro país. Aunque en varias ocasiones se han escuchado voces que recomiendan romper relaciones con Venezuela, la Casa de Nariño ha preferido no optar por esa vía bajo el entendido de que, al final, los más perjudicados con una decisión de ese calibre serían los millones de compatriotas que aún viven en ese país y que quedarían sin protección alguna, expuestos a un régimen cuasi-dictatorial que día tras día encarcela a centenares de personas de manera arbitraria y violatoria de los derechos humanos.

Lo importante, en todo caso, es que no solo el gobierno colombiano, sino el Estado en su conjunto, con los partidos políticos y los sectores económicos, sociales y gremiales, definan una nueva línea de acción frente a la desprestigiada administración de Nicolás Maduro, más aún porque este domingo será reelegida sin importar los cuestionamientos y la evidente trampa a la democracia real y participativa.

Colombia debe sentar una voz de protesta ante los continuos y cada vez más altisonantes e irrespetuosos insultos de Maduro al Presidente y el gobierno de nuestro país. Todo tiene un límite y ya el mandatario venezolano lo traspasó totalmente. Hay que ponerle coto a esa penosa situación.