Campanazo económico

  • No subdimensionar alerta de S&P
  • A salvaguardar el grado de inversión

 

Lo peor que le puede pasar a Colombia es seguir subdimensionando el nivel y volumen de la crisis económica. Días atrás señalábamos en estas mismas columnas que el incremento del desempleo y los magros resultados de la industria y el comercio lo único que evidenciaban era que el debilitamiento del sistema productivo continuaba. También se recalcaba que una cosa era proyectar un discurso optimista sobre el rebote económico y otra muy distinta tratar de crear un escenario macro y micro que no se corresponde con la realidad de un país que va creciendo este año a un promedio de 1,4 por ciento y que, en el mejor de los casos, podría cerrar 2017 alrededor del 2 por ciento.

Igualmente se recalcó en que el impacto de la reforma tributaria sobre el nivel de ingresos y gastos de las familias había sido mayor al presupuestado, por lo que el consumo de los hogares se había visto muy afectado. Aunque se resaltaba que las exportaciones de café y la recuperación de los precios del petróleo, unido a una inflación más controlada y la rebaja en las tasas de interés permitían avizorar un horizonte menos traumático, era necesario acelerar el paso de los planes de reactivación económica, sobre todo en el plano industrial, de manufactura y otros sectores intensivos en mano de obra así como con efectos transversales en el sistema productivo.

Lamentablemente cuando se hacen esta clase de advertencias, que se han multiplicado a manera de campanazos cada vez más fuertes en los últimos meses por parte de la mayoría de sectores, gremios y analistas, los voceros gubernamentales suelen replicar que hay una especie de “fatalismo” motivado en esas alertas y, por el contrario, se reiteran en un discurso de rebosante optimismo.

Sin embargo, la calificadora de riesgo Standard and Poor’s dio antier un nuevo campanazo de realidad, al revisar a la baja la calificación crediticia de Colombia, dejándola en BBB-, que según los expertos es el escalón anterior al riesgo de que Colombia se quede sin grado de inversión, lo que significaría un golpe muy grave a las perspectivas de inversión extranjera y confianza de los mercados internacionales en nuestra economía. Si bien es cierto que nuestro país está lejos de caer en una situación crítica como la venezolana, ya con un default parcial, el sólo hecho de que siquiera se hable del riesgo de perder el grado de inversión es muy grave.

Aunque el Ejecutivo replicó que la advertencia de la calificadora era más por lo que podía pasar en 2018 y 2019, que por lo que está ocurriendo, lo cierto es que no pocos analistas replicaron ayer que era muy peligroso desconocer que la alerta se estaba dando por circunstancias actuales como el menor recaudo tributario, el aumento del endeudamiento público, el riesgo de incumplimiento de la regla fiscal y las alertas encendidas sobre los déficit fiscal y de cuenta corriente, entre otros aspectos. Debe entenderse, en consecuencia, que el llamado de atención que se hace sobre el resultado de las próximas elecciones, no va en la dirección de que la firma hubiera realizado ya un análisis de las propuestas de los candidatos en materia económica, sino que es un campanazo sobre el escenario complicado que el saliente gobierno está dejando y el poco margen de acción que tendrá el próximo, sea cual sea el titular.

Sería por demás irresponsable aventurarse a prever qué postura tomarán las otras dos calificadoras de riesgo,  Moody’s y Fitch, que tienen a Colombia en el grado BBB, pero es claro que si no se ve una acción más decidida del Ejecutivo para corregir las falencias advertidas por Standard and Poor’s, la evaluación crediticia podría complicarse más aún.

¿Qué hacer? El Gobierno aseguró ayer que el ajuste macroeconómico seguirá de forma gradual y ordenada, y prueba de ello es que los flujos de inversión se mantienen, la inflación está controlada, los títulos y papeles colombianos mantienen buena demanda, se reduce el déficit comercial y la perspectiva de cumplir la regla fiscal es grande. Analistas y otros centros de estudio no son tan optimistas y consideran que si no hay un recorte más efectivo del gasto público, se encuentran nuevas fuentes de ingresos fiscales, se revierte la disminución del recaudo tributario y, sobre todo, se ponen en marcha más planes de reactivación productiva y aumento de la rentabilidad y competitividad, será muy difícil recuperar la confianza de las calificadoras y despejar cualquier riesgo sobre el grado de inversión del país.

Hay, pues, sobre la mesa otro campanazo económico. No hay que subdimensionarlo y lo mejor es actuar, desde ya, en consecuencia.

 

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